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Luis Suárez, de Monte Alto a leyenda del fútbol

El primer ganador del Balón de Oro nacido en España fallece a los 88 años convertido en mito tras su paso por Deportivo, Barcelona e Inter de Milán

Luis Suárez y Amancio Amaro en un partido de veteranos en Riazor en 1976

Luis Suárez y Amancio Amaro en un partido de veteranos en Riazor en 1976 / La Opinión

Marcos Otero

Marcos Otero

A Coruña

Luis Suárez (A Coruña, 1935) conquistó el fútbol europeo desde el barrio de Monte Alto, donde era Luisito, y ahora en la avenida de Hércules, en la que fue la casa familiar, luce una placa con el sobrenombre que se ganó por su dominio de la pelota. Hijo de carniceros, el Arquitecto fue su otro apodo, el que recibió por su elegancia como centrocampista y técnica exquisita que paseó por los mejores escenarios hasta convertirse en el primer ganador del Balón de Oro nacido en España. Futbolista de leyenda, representa como pocos lo que ha sido considerado como un estilo propio de la ciudad, el de la escuela coruñesa que luego encontraría continuidad en otros ilustres jugadores como Amancio Amaro, Manuel Loureda o Fran González.

Fallecido este domingo en Milán a los 88 años, Luis Suárez deja un palmarés envidiable ‑varias ligas, dos Copas de Europa y una Eurocopa destacan entre sus títulos‑ tras brillar en el Barcelona y el Inter de Milán luego de un paso breve por el Deportivo, pero sobre todo un recuerdo imborrable de futbolista único que dio sus primeros pasos no muy lejos de esa casa en la que nació en la avenida de Hércules. Como para muchas jóvenes promesas de la ciudad, Rodrigo García Vizoso fue una figura clave en su formación, pero de quien llamó la atención primero fue del padre Carballo, que lo reclutaría para el Perseverancia, el equipo de la iglesia de Santo Tomás.

García Vizoso, por entonces entrenador del Juvenil, donde jugaban sus dos hermanos, Agustín y Pepiño, sería determinante para aquel chaval que soñaba con ser futbolista. “Él vivía un poco más abajo de mi casa. Influyó en mí deportiva y personalmente. Me regaló mis primeras botas y eso era un tesoro por entonces. Yo muchas veces iba a ver entrenarse a mi hermano y andaba por ahí. Rodrigo me enseñaba, me daba consejos. Nos trataba a todos como si fuésemos sus hijos. Su labor era extraordinaria”, recordaba Suárez para el especial 110% Blanquiazul editado por este diario con motivo del 110 aniversario del club.

Un joven Luis Suárez durante su etapa en el Deportivo junto a Dagoberto Moll, con gafas de sol.

Un joven Luis Suárez durante su etapa en el Deportivo junto a Dagoberto Moll, con gafas de sol. / RCD

La gran oportunidad le llegaría cuando el Deportivo decidió fortalecer su cantera y organizó unas pruebas a las que se presentó junto a unos cuantos centenares de chavales más que soñaban con jugar al fútbol. Se ganó un hueco y empezaría a forjar un estilo de técnica exquisita porque siempre le tocó medirse a rivales de mayor edad. “Era delgadito, no muy alto. No me quedaba otra que tener una buena técnica”, subrayaría sobre sus cualidades.

Daría el salto al primer equipo del Deportivo para un paso breve en el que coincidiría con un una parte de la legendaria Orquesta Canaro y con mitos como Arsenio Iglesias, Dagoberto Moll, Oswaldo o Juan Acuña. Debutaría en Les Corts contra el Barcelona en una derrota (6-1) en la que le daría a Pahíño la asistencia en el único tanto deportivista, una suerte de premonición de lo que sería su posterior llegada al club azulgrana tan solo unos meses después.

Kubala, Pelé y Luis Suárez, durante un encuentro.

Kubala, Pelé y Luis Suárez, durante un encuentro. / FC BARCELONA

“Fue un gran futbolista, pero mejor persona”, subraya el exdeportivista Manolete, actual presidente de los veteranos del club. “Fue un jugador distinto y no se le supo dar el mérito suficiente a ese Balón de Oro que consiguió. Tenía una calidad enorme, un desplazamiento de balón matemático y como decía el gran Helenio Herrera, fue un jugador diferente”, añade quien coincidiría con él en uno de sus últimos compromisos con la selección española.

En su corta etapa en Riazor antes de recalar en el Barcelona en 1954 en un traspaso conjunto con Dagoberto Moll valorado en 600.000 pesetas le tocaría experimentar una incomprensión que se acrecentaría luego como azulgrana. Allí se alimentaría una falsa rivalidad con Kubala y sería silbado antes de que el club financiara con parte de su traspaso récord al Inter de 25 millones de pesetas la construcción del Camp Nou. La herida de la final de la Copa de Europa perdida en Berna (1961) contra el Benfica de Eusebio, el debate sobre su titularidad y los continuos abucheos terminaron con su salida. “A mí me echaron”, denunciaría más tarde.

Luis Suárez Miramontes, durante el acto de entrega al Museo del FC Barcelona del Balón de Oro que alcanzó en 1960, cuando fue escogido mejor jugador de Europa.

Luis Suárez Miramontes, durante el acto de entrega al Museo del FC Barcelona del Balón de Oro que alcanzó en 1960, cuando fue escogido mejor jugador de Europa. / FC BARCELONA

Alcanzaría la gloria europea en el mejor Inter de la historia, donde conquistaría la Copa de Europa en dos ocasiones (1964 y 1965), pero ya no volvería a repetir aquel Balón de Oro de 1960 (quedaría en dos ocasiones segundo y una más tercero). Allí ya no sería Luisito ni Luisiño, sino Luigi, aunque nunca perdería su marcado acento gallego. Tocaría también el cielo con la selección en la Eurocopa de 1964 antes de finalizar su carrera en la Sampdoria. Le daría tiempo incluso a vestir la camiseta blanquiazul en alguna ocasión más, en un Teresa Herrera en 1969 y en esa conocida instantánea con Amancio Amaro en un partido de veteranos en Riazor en 1976 que sirve para ilustrar el Dépor que pudo ser y no fue.

Empezaría ahí una carrera en los banquillos de la que fue testigo privilegiado Luis Rodríguez Vaz, exentrenador de Deportivo y Fabril, al que le solicitó ayuda para convalidar su título obtenido en Italia. “Sacó el título de entrenador en Italia. Tenía ofertas en España, pero en aquel entonces había que pasar una especie de examen. Venía un poco cojo en lo que era la metodología de la preparación física y durante un par de días estuve orientándole. Formaba parte en la composición de las pruebas para los entrenadores de fuera y sabía más o menos lo que le podían preguntar. Él ya tenía una base. Estuvimos un par de tardes. Una predisposición increíble, como si fuera un alumno novato, nada de prepotencia. Tomando notas de todo. Quedaban maravillados por su humildad”, recuerda Vaz sobre aquella experiencia con el ya por entonces mito.

Abrazo entre Luis Suárez y Arsenio Iglesias en el cincuenta aniversario del Balón de Oro del coruñés.

Abrazo entre Luis Suárez y Arsenio Iglesias en el cincuenta aniversario del Balón de Oro del coruñés. / AGUETE

Ayudaría desde el banquillo a salvar al Deportivo de una situación crítica entre 1978 y 1979, con el equipo coqueteando con el descenso a Segunda División B. Lo conseguiría, pero las circunstancias no le permitieron continuar en un puesto, el de entrenador, en el que viviría su peor cara en la selección.

Sería una víctima en el fuego cruzado entre José María García y José Ramón de la Morena. Tras el Mundial de Italia 90, en el que España cayó en octavos, la irregular fase de clasificación para la Eurocopa 1992 acentuó las críticas contra Suárez. "El Butano [José María García] me echa. Os obliga, porque le tenéis miedo. No pasa nada, me voy a casa", dijo el seleccionador español en una despedida que supuso su adiós definitivo a los banquillos.

Sería después hombre para todo en el Inter. Símbolo de un club en el que encontró el reconocimiento que quizá le faltó en España y que le llevaría a proclamar que fue “un italiano nacido en España”, aunque nunca renegaría de sus orígenes coruñeses con ese acento perenne que le acompañó ni tampoco de su querido “Deportiviño”, al que no hace mucho deseó su pronto regreso a Primera.

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