FÚTBOL - Deportivo

Martín Ochoa, tras los pasos de Max Svensson

El riojano tuvo su primera titularidad en El Toralín

Idiakez destacó su trabajo y compromiso

Su presencia potencia al colectivo y puede repetir en Sabadell

Martín Ochoa lamenta una ocasión errada en El Toralín. |  // LOF

Martín Ochoa lamenta una ocasión errada en El Toralín. | // LOF / xane silveira

Xane Silveira

Xane Silveira

Entre las imágenes de cansancio por el esfuerzo, el enfado por las decisiones arbitrales y alegría de quienes vieron el empate como un buen punto, destacó la sonrisa tímida de un niño de 18 años. Martín Ochoa, primera temporada de sénior, tuvo su estreno como titular con el Deportivo y su cara hablaba por él. El resultado era importante, pero en El Toralín acababa de vivir una tarde que no olvidará jamás y que sienta un interesante precedente sobre el que, como mínimo, Idiakez reflexionará. “Ha sido un sueño”, describió.

“Le he visto trabajando tan bien que he dicho: nos quedamos como estamos”, explicó Imanol Idiakez tras el empate entre la Ponferradina y el Deportivo. Tras la expulsión de Pablo Martínez en el minuto 10, todas las miradas se posaron en el dorsal 29. Era el más joven, el que debía compartir delantera y, por tanto, el cambio más lógico. Sin embargo, el técnico donostiarra no movió su banquillo y dejó el equipo tal y como estaba hasta que pasó más de una hora. Fue en el minuto 62 cuando a Martín Ochoa le llegó el momento de regresar al banquillo. Entre medias, un catálogo extenso de sprints, esfuerzos sin balón, retornos defensivos, desmarques de ruptura y algún que otro acercamiento al área rival que llevaba su firma. No solo aquel disparo ansioso de los primeros minutos, también otro acercamiento de puro olfato. Porque incluso en un partido tan accidentado, tuvo una ocasión de las suyas, de las de puro instinto. “Un día inolvidable”, resumió en sala de prensa al acabar.

El delantero riojano ha sido sinónimo de gol en todas las categorías inferiores. En su juego, más práctico que vistoso, su mayor cualidad ha sido siempre el remate en el área y su capacidad para entender mejor que nadie hacia dónde va el balón. Es un jugador con más números que recursos y con más picardía que dudas.

También, con los mayores, su presencia en el área suma peligro y amenaza, como demostró en las últimas dos pretemporadas, en las que tuvo minutos. En un principio, Idiakez había ideado un once en el que el logroñés partía como referencia y acompañaba a Lucas Pérez, más liberado. No hubo tiempo real para verle en acción, pero los anteriores minutos de Ochoa, siempre en pequeñas píldoras, demostraron todo lo que el ariete por su simple naturaleza puede aportar.

Su hambre para atacar la profundidad, su inocencia para desmarcarse en cada jugada, su insistencia incontrolable y su energía para repetir esfuerzos hasta no poder más recuerdan a los primeros días de Max Svensson sobre Riazor. Un jugador también desconocido (aunque al riojano el público de Abegondo lo tiene más que visto), que aprovechó cada minuto hasta ser imprescindible. No es por lo que Ochoa [igual que el año pasado Svensson] puede sumar desde lo individual, sino por cómo puede complementar a los de su alrededor gracias a su perfil.

A su juventud no se le puede pedir el peso de los goles ni la determinación de los partidos, pero es precisamente la pureza de su trabajo la que refuerza el colectivo. Sus rupturas para abrir espacios a los mediapuntas y su presencia en el área para nutrir el último pase.

Ochoa puede ser a Idiakez lo que Max Svensson supuso a Óscar Cano. Un delantero para ganar campo, esfuerzo y compromiso. Un soldado para una causa que necesita actores secundarios que hagan brillar a un entorno lleno de talento.