Mackay: "Cumplí el sueño de todos los chavales de A Coruña, vestir la camiseta del Dépor"

El canterano del Deportivo se despidió en Riazor de la afición

Los capitanes y Bergantiños le acompañaron en la sala de prensa

Así ha sido la despedida de Ian Mackay tras confirmarse su salida

Iago López

Xane Silveira

Xane Silveira

Se despidió Ian Mackay. Coruñés, canterano, deportivista y capitán. En el frío del invierno y sujetando con fuerza las lágrimas en unos ojos vidriosos que deseaban estallar. Allí, en su casa, la de todos los amantes del Dépor. En Riazor, templo que defendió y sintió como propio, estadio en el que vio nacer su pasión por las franjas blancas y azules y donde terminó por morir su sueño. Hasta aquí llegó la andadura del portero de O Ventorrillo. El de los torneos de fútbol playa, las pachangas improvisadas y la personalidad vinagre. A corazón abierto: “Cumplí el sueño de todos los chavales de A Coruña: defender la camiseta del Deportivo. Para mí es un orgullo poder decir eso”.

Bajo el paraguas de los capitanes: Lucas Pérez, Diego Villares, Pablo Martínez, Mikel Balenziaga y Jaime Sánchez. También su amigo Álex Bergantiños, único representante del consejo en la sala de prensa; y Pablo Barros, trabajador del club. En una emotiva despedida que comenzó por donde todo se torció, Castellón: “Sabemos que desde ese momento todo cambió, por desgracia. Fue el momento más duro de mi carrera deportiva. Desde aquí pedir disculpas a toda la gente que se sintió mal con lo que pasó ese día. Que tengan claro que todo fue una mierda. Ojalá no hubiera pasado eso. Pero no puedo hacer nada. Solo pedir disculpas”.

Así ha sido la despedida de Ian Mackay

Mackay no aceptó preguntas. Lo prefería así. Tampoco leyó un texto adornado en casa. Es así. Natural. Se abrió como pocas veces públicamente lo ha hecho. Improvisó cinco minutos que sirvieron para cerrar una etapa que se alargó durante 80 partidos y dos años y medio. El hasta ahora capitán del Deportivo se ha definido siempre como una persona normal, de barrio, de O Ventorrillo.

Su sangre es más blanquiazul que roja y sus canas llevan impregnada el salitre de Orzán. Salió en 2007 porque en Abegondo no había oportunidades para él. Volvió 14 años después tras ser nombrado mejor portero de Segunda División. Entonces llamó el Tenerife; un año después, el Real Zaragoza. Siempre fue un jugador de ideas fijas: él quería volver a casa. Se había ganado elegir y decidió abandonar el fútbol profesional. “Tenía ofertas de superior categoría, pero en cuanto me llamó el Dépor no tuve duda. Tuve pelea con el repre, pero yo no tuve ninguna duda de querer venir aquí”, explicó en 2021 el día de su presentación.

No pudo, sin embargo, decidir cómo ha sido su salida. Precipitada. El cancerbero quería que fuese compitiendo. Sin embargo, ha sido uno de los perjudicados ante la necesidad de fichajes y revolución. Su contrato expiraba en 2024. El club le trasladó que ya no contaba con él pese a que en verano se planteó una posible salida después del episodio en Castellón. “Me hubiera gustado salir del club de otra manera, en el campo, que es donde a todo el mundo le gustaría, y donde a mi entorno y sobre todo a mí me gustaría. Pero es la forma que tocó”, explicó con tristeza.

No hubo adiós para Ian Mackay de una grada para la que también tuvo palabras de cariño. Son los que siempre han estado ahí: “Gracias a esa parte de la afición que en todo momento me apoyó para poder seguir luchando y darle la vuelta a la situación. Me quedé con la intención clara de voltear la tortilla, pero no salió como me hubiese gustado. Disculpad si no estuve a la altura”. Ahora le tocará animar desde fuera: “Soy un deportivista de la cabeza a los pies y seré el primero en alegrarme por lo bueno que le pase al Dépor”. Contuvo la emoción de principio a fin, durante los cinco minutos que duró su despedida.

“Muchas gracias a todos por aguantar mis vinagreras. y por todo este tiempo aquí”, concluyó para marcharse entre aplausos. Con los ojos inflados y la nariz más roja que de costumbre, abandonaba la sala de prensa Ian Mackay. Canterano, ante todo. 80 partidos con el primer equipo en un sueño que se cortó antes de tiempo. Es la realidad del fútbol. Sin tiempo de reacción, todavía se desconoce cuál será el siguiente paso de Mackay, que tendrá que esperar ofertas. De momento su futuro pasará por estudiar lo que le pueda llegar. Todavía nada. A fin de cuentas, en enero, y de golpe, no sobran porterías en el fútbol español. Le tocará ser paciente y seguir a su Dépor desde la valla. Cumplió su sueño. Defendió al equipo de su vida. Todo acaba, seguramente, de la peor forma.