LA PELOTA NO SE MANCHA

Cuando el Dépor no se podía permitir un accidente...

Cultural - Deportivo

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Carlos Miranda

Carlos Miranda

Dentro de los sudores y los sustos de cada semana, al Dépor se le notaba juguetón en la supervivencia. Estaba mal, sí, pero llevaba meses en el alambre desfilando, mirando el abismo, hasta desafiándolo. Se salvó en Barcelona, sobrevivió en O Carballiño. Fue capaz de aguantar a la Real Sociedad B con diez. Se sentía, en cierta manera, inmune, crecido en la remontada. Idiakez hablaba de vez en cuando del Amorebieta. Pero al final las balas hacen daño, aunque sea por accidente, aunque sea un proyectil perdido. Y el Dépor cayó en León, sin ser inferior, sin ser superior. No es extraño hincar la rodilla en casa de uno de los rivales directos en una tarde en la que te salió poco. Pero cuando vas tan justo, no te puedes permitir nada. Y es probable que el Dépor haya echado el ascenso directo al río en el mes de enero. Imperdonable, inadmisible como equipo y como club. A veces se banaliza o se normaliza todo lo que está pasando y, por el bien del Dépor y por su futuro a medio plazo, no debería ser así.

El cabreo es grande entre la afición. En ese enfado pesa más el acumulado que lo que se vio sobre el césped del Reino de León, sin que fuese una exhibición para templar nada. Tampoco ayudaron en bajar el suflé algunas decisiones de Idiakez. Aludió a las piernas de Ximo, pero la realidad es que Barcia siguió en la nevera justo el día en el que se había atrevido con Rubén. Las sustituciones acabaron de desgastar aún más su figura al alejar a Mella del área cuando era el principal activo atacante. Un técnico puede ser inocuo con los cambios, pero cuando es perjudicial y en situaciones límite... Y lo peor es que le vio poco autocrítico, frío al dar explicaciones. No era un día más en la oficina.

El plan inicial del técnico no era malo. El Dépor, cuando mejor se ha encontrado, es cuando cede la pelota, presiona, roba y transita. La apuesta de Jaime, buena; la de Rubén, entendible. Demasiado extrema, quizás. En cuanto llegó el gol, tuvo ocasiones, no cintura. Y todo volvió al punto de partida.