Deportivo

El héroe del ascenso del Dépor: Lucas escribe el final de su sueño

Un gol suyo sirvió para poner el colofón a la temporada del Deportivo

Regresó hace un año con el objetivo de ascender, tenía que ser él el héroe en el día decisivo

Lucas Pérez a un linier: "Tengo los pelos de punta"

Xane Silveira

Xane Silveira

Xane Silveira

Lucas Pérez decidió cambiar el curso de la historia. Contra cualquier consejo, cuando le llamaron loco, se guio por el corazón. Volver a casa. Regresar al Deportivo “con un objetivo”. Ser él mismo, “el de Monelos”, como repitió una y otra vez. Hasta que alcanzó la meta. Cuando parecía que se escapaba, el coruñés decidió escribir el final de su propio sueño, el de toda una ciudad, con un gol que ya es historia.

Quién si no iba a ser Lucas Pérez. Aquel muchacho que tuvo que criarse a sí mismo lejos de su casa y que regresó hasta en tres ocasiones. Dos en Primera División. La última, abandonado el fútbol profesional por la categoría de bronce en un acto de amor por el club de su vida. No iba a ser sencilla la tarea. Después de cuatro años, estaba claro que el viaje no sería cómodo.

El deportivismo puso la primera piedra con una previa impresionante, de ensueño. Un retrato a mano hecho por una afición incondicional que no solo no falló cuando más se la necesitó, sino que fue soporte durante toda esta travesía.

Lucas Pérez a un linier: "Tengo los pelos de punta"

Xane Silveira

Y el partido arrancó, precisamente, con una avalancha desde la grada a la que se agarraron los jugadores. Lucas aceleraba el ritmo y buscaba a sus dos mejores socios. Ayer, lastrados por el exceso de tareas defensivas. Yeremay y Mella, que sacaban petróleo de cada espacio, redoblaban esfuerzos en un día en el que todos tenían que dar un poco más.

Toda película de héroes necesita, además, de un antagonista, enmarcado en la figura de un Pau Víctor decidido a estelarizar un metraje que no le correspondía, ese acompañante del protagonista. En clave deportiva, Germán Parreño. Dueño y señor de la portería blanquiazul, sostuvo el cero en el marcador en los momentos más complicados del encuentro.

Estaba claro que el Barça Atlètic apretaría. Que tendría las suyas. Y ahí el ilicitano se hizo grande. Seguro en cada balón parado y en cada salida, atinado con los pies, y resolutivo bajo palos. Un paradón en un mano a mano ante Marc Guiu levantó a Riazor, que dudaba. Como para no con todo lo vivido.

Lucas Pérez, manteado por sus compañeros

Lucas Pérez, manteado por sus compañeros / Carlos Pardellas

El inicio de la segunda parte fue una declaración de intenciones. Fueron dos pasos al frente en la presión y en el juego, con un Lucas omnipresente que apartaba las discusiones con la mano. Este no era un día para dejarse despistar ni para enfrascarse en riñas con los rivales. No estaban invitados a la fiesta del deportivismo.

El 7 tenía claro que si tenía una acabaría dentro. Los más de 30.000 espectadores de Riazor lo merecían. Él, quizá quien más. Tras diez minutos de primera parte, tras el enésimo córner que nadie quería rematar, Pablo Martínez cayó en la frontal. Estaba escrito. Tenía que ser gol. Por un momento en Riazor se hizo el silencio. Pasaron apenas un par de segundos desde que Lucas, con el convencimiento absoluto, contactó con el balón, atajó la barrera por una esquina y coló su 12º gol en la portería de Astralaga. Estalló Riazor con la emoción.

Lucas Pérez, al conseguir el ascenso

La historia del ascenso del Deportivo desde fuera suena idílica. Pero tuvo que pasar una temporada y media desde el regreso del delantero. Después de Castellón tampoco dudó. Si no podía ser a la primera sería a la segunda, así que volvió con más fuerza. Y cuando se le atascaron los goles, no dejó nunca de creer. Tardó 17 partidos en anotar el primero en una racha totalmente imposible. Por el camino sus asistencias sostuvieron el equipo. No anotaba, pero regalaba. Y cuando empezó, no paró.

Lucas cerró un 2024 redondo con un gol que vale un ascenso. Un gol escrito por él y para él. A balón parado, claro. Su guante es diferencial en esta categoría; también su ímpetu y su ansia por darlo todo en cada metro del campo sin subestimar al rival. Bajó del cielo al infierno para “ayudar”. Se convirtió en héroe. Tenía que ser él y no podía ser de otra forma. Pone fin a un ciclo de una década de desgracias y caídas. Es momento de escribir una nueva historia. Lucas dirige.