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Fútbol | Deportivo

El día que Diego Tristán silenció el Nuevo Tartiere y se ganó una prima

Hace casi 24 años, en el último duelo en Primera, lo estrenó con tres goles, cada cual de mejor factura para hacer hincar la rodilla a su rival | Se llevó 300.000 euros por ellos

Diego Tristán se pone el dedo en la boca tras marcar el tercero de los tantos aquella tarde en el Nuevo Tartiere. |  RA

Diego Tristán se pone el dedo en la boca tras marcar el tercero de los tantos aquella tarde en el Nuevo Tartiere. | RA

Carlos Miranda

Carlos Miranda

A Coruña

«Diego Tristán hoy ha conseguido taparme la boca». Javier Irureta, siempre exigente con el sevillano, siempre exprimiéndolo, tuvo que sacarse el sombrero en aquella tarde del 20 de mayo de 2001 en la sala de prensa del recién estrenado Nuevo Tartiere. Aquel delantero de Selección, al que le brotaba la clase era también ese ariete que llevaba toda la temporada sin marcar fuera de casa. Hasta ese día. El técnico irundarra se sentaba en su silla ante los medios después de que el 9 de La Algaba acabase de ajusticiar al Oviedo con tres goles, cada cual diferente y en orden creciente de belleza. Uno a la salida de un saque de esquina, el otro en un balón en largo en el que utilizó de manera magistral el cuerpo y el último en un disparo de trenta metros, tras un recorte, que no perdió un apice de potencia. 2-3, dedo a la boca y acallando al Oviedo y a su grada.

El triunfo le permitió al Dépor pelear de lejos el título de la Liga, aunque todo se desvaneció una semana después cuando perdió en Riazor ante el Valladolid (1-2). El que más salió ganando aquella tarde fue el propio Diego Tristán, ya que esos goles le supusieron, además, una suculenta inyección económica.

El sevillano había llegado unos meses antes procedente del Mallorca y en el contrato de compra venta figuraba que si alcanzaba los 15 goles en jugada en el año del estreno, el Dépor debería pagar 1,8 millones de euros extra por su traspaso (entonces eran 300 millones de pesetas). De ese montante, 300.000 euros irían a parar al bolsillo del propio jugador, una cifra que por entonces se cuantificaba en 50 millones de pesetas, en torno al 15% que tiene derecho cualquier jugador en una transacción de este tipo, salvo que él mismo renuncie a esa cantidad para facilitarla.

Tristán acabaría aquella temporada con 19 goles en liga, superando por un tanto sus mejores cifras de Mallorca. Era el principio del despegue que viviría una campaña después cuando se proclamó pichichi con 21. Esta condición de máximo artillero fue la que le valió el pasaporte para jugar y empezar de titular con España en el Mundial de Japón y Corea de 2002 en un once confeccionado en torno a él, Raúl y Valerón. Se torció el tobillo, Morientes le adelantó por la derecha y aquella lesión, sumada a la eclosión del Makaay Bota de Oro, fue el principio de su declive en el Dépor. Desde entonces siempre estuvo en torno a los diez goles (entre y once), la mitad de los que rondaba en aquellas primeras temporadas.

Más peripecias

La peripecias del Deportivo en aquel duelo ante el Oviedo de hace casi 24 años no acabaron ahí porque el equipo coruñés vio como Molina era expulsado por pérdida de tiempo en un saque de puerta. Donato se tuvo que poner bajo palos en los últimos minutos y hasta debió salir en algún momento por alto. Un duelo accidentado y victorioso.

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