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3-0 | Riazor disfruta con un Dépor pragmático y eficaz

El Deportivo aprovecha los regalos de la Cultural en un espeso primer tiempo y sentencia en una segunda mitad de mejor fútbol y crecimiento

Zakaria Eddahchouri celebra su gol ante la Cultural Leonesa. |  Carlos Pardellas

Zakaria Eddahchouri celebra su gol ante la Cultural Leonesa. | Carlos Pardellas

Xane Silveira

Xane Silveira

A Coruña

No se va a encontrar el Deportivo muchas tardes tan plácidas como la de este sábado en Riazor. Sin lluvia, sin frío, sin un rival que exija al máximo al equipo blanquiazul. Los de Hidalgo, cohibidos en su juego, aprovecharon dos regalos rivales para irse al descanso con una ventaja poco merecida. Mejoró en la segunda para finiquitar y llevarse tres puntos que permiten al equipo dormir en ascenso directo. Quedó tiempo hasta para hacer la ola en una jornada en la que salió todo bien, incluso lo no buscado.

El atardecer coruñés se coordinó con el apagón futbolístico de un Deportivo totalmente plano, que aprovechó dos errores no forzados de la Cultural para irse al descanso 2-0 a favor. Sin juego. Sin emoción. Sacó el equipo blanquiazul su cara más pragmática. Su versión más robótica. Dos errores locales dieron oxígeno y margen a los locales, que empezaron ausentes, mejoraron en la segunda parte, y acabaron martilleando a un rival perdido y desdibujado.

El Dépor se tomó con calma un duelo que se puso cuesta abajo casi sin pedirlo. Todavía no había logrado trenzar un buen ataque cuando Rodri Suárez, tras una recuperación, reinició el juego hacia su portero sin advertir que Eddahchouri ya había adivinado sus intenciones. Ese pase atrás para templar la jugada se convirtió en la asistencia perfecta para el neerlandés, más listo que nadie. El ariete dribló a un perplejo Edgar Badía, que se quedó a medio camino del esférico.

La respuesta de la Cultu fue inmediata, pero sin poner nunca en apuros reales a Germán Parreño, por quien pasó gran parte del primer tiempo. El Dépor se atascó en su construcción y necesitó del descanso para revisar su plan de partido. Los de Hidalgo querían salir por abajo, superar la presión culturalista, pero al equipo le faltó atrevimiento y velocidad. Todas las posesiones empezaban y morían entre la zaga y un José Gragera que alternaba el estar entre centrales con aparecer como primer apoyo para intentar aligerar la circulación. Sin éxito, porque el asturiano tampoco fue capaz de conectar la segunda línea del ataque, con Mario moviéndose de lado a lado, abriendo espacios, ofreciéndose... para que nadie se atreviese a encontrarlo.

Mario Soriano

Mario Soriano / Pardellas

Por la derecha, Noubi trazó un prometedor puente en largo con Quagliata que no replicó más. Por la izquierda, Yeremay se acercaba a ayudar a Loureiro, incapaz en el perfil zurdo de darle limpieza a los primeros pases. Nada valía porque el canario, encimado, recogía la pelota a 60 metros de la portería rival. Pero la Cultu parecía decidida a arreglarle las costuras al Dépor. En el minuto 24, Thiago, tras robar el balón en el medio, intentó un pase largo que golpeó en Yayo, su compañero de medular. El rebote le cayó a Eddahchouri, siempre dispuesto a atacar y acelerar. El neerlandés encaró, fijó, y cedió para que Mario Soriano culminase un contraataque de libro. De escuela. 2-0.

Se apagó la primera parte tras un par de acercamientos de Diallo, con más peligro real que puntería, y con un Dépor espeso que necesitaba algo más. No para ganar, pero sí para contentar a un Riazor que se enchufó al mínimo atisbo de emoción.

Segundo acto

Hidalgo movió ficha tras el descanso. José Ángel entró al campo en lugar de Gragera, pero, además del cambio de nombres, el equipo, sobre la pizarra, dio un paso hacia adelante. El técnico catalán rompió los emparejamientos de la primera parte, y Mella pasó de cubrir a Mboula a fijar a Hinojo; mientras que Mario se fue a cubrir la banda izquierda, para liberar a Yeremay. Si los comportamientos defensivos del equipo en la primera parte se asemejaban más a una defensa de cinco, en la segunda pasó a un marcado 4-4-2 sin balón; con la posesión, Mario ocupaba la mediapunta para castigar la espalda de los centrocampistas rivales.

El equipo mejoró notablemente y Riazor despertó de su letargo tras un balón del canario al larguero, en una frivolidad de remate picado que sorprendió a Badía. El paso adelante fue notorio en cómo el Dépor empezó a ocupar el campo mejor y a ganar un punto extra en agresividad con pelota. En parte, gracias a José Ángel, certero, preciso y directo en la dirección del juego.

El partido se enfrió con el paso de los minutos. Estaba controlado, pero Hidalgo tuvo que volver a agitar el árbol, por necesidad de guion, y también por petición de Yeremay, que solicitó el cambio aquejado por unas molestias. En su lugar, Stoichkov, que acompañó a Luismi en la ventana. El canario se fue de la mano de Mella, con una ovación de su público. Con calambres también estuvo Arnau, a quien Parreño tuvo que echar una mano cuando todavía quedaban 20 minutos de juego. Aguantó hasta el final.

El Dépor volvió a ser pragmático, pero con control, con seguridad y mucho más colmillo que en el primer tiempo. Bajo la batuta de José Ángel, y con tres puñales arriba con hambre, aprovechó los espacios de la Cultural para contragolpear una vez más. Luismi asistió entonces a Eddahchouri y el neerlandés definió a placer con un disparo cruzado para poner a botar a Riazor. El ariete se despidió con una sonora muestra de cariño de la grada y la satisfacción de haber sido decisivo una vez más. Doblete y asistencia para su cuenta.

A Riazor le dio tiempo a lanzar un par de olas de esas que llevaba más de un mes sin poder hacer. Botó y celebró la grada, animada con un final en el que Stoichkov, Herrera y Cruz trenzaron buenos contraataques. También con la entrada de Charlie Patiño, siempre querido y apoyado por el público. El Deportivo ganó con mucha comodidad y dormirá, temporalmente, de segundo. El próximo domingo jugará ante el Córdoba.

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