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El caníbal Eddahchouri pide su ración

Una asistencia y dos goles para volver a ser pichichi y aliviar a un Dépor algo atascado

Zakaria Eddahchouri celebra su segundo gol con la grada de Riazor. |  Carlos Pardellas | CARLOS PARDELLAS

Zakaria Eddahchouri celebra su segundo gol con la grada de Riazor. | Carlos Pardellas | CARLOS PARDELLAS

Carlos Miranda

Carlos Miranda

A Coruña

Contó hace un tiempo Zakaria Eddahchouri en una entrevista que hace unos años tuvo que compaginar sus intentos por llegar a la élite futbolística con trabajos de repartidor de pizzas o ayudando en la cocina de un restaurante. Y es probable que si no tuviese esa determinación que es para él como un incendio interior, aún siguiese en algunos de sus trabajos.

Y no es por sus condiciones, que saltan a la vista, si no porque hay cientos de casos de futbolistas que se han acabado perdiendo en esa bifurcaciones y carreteras secundarias que tuvo que transitar el holandés. Pero él no. Le dieron igual esas siete horas de viaje que hacía en tren para ir a entrenar cada día al RKSV Spartaan’20 o llevarse desilusiones con el Feyenoord o esos trabajos que tuvo que coger a media jornada. Porque más allá de errores, de su entendimiento del juego y de la finura de sus controles, él lleva el gol y la ambición en la sangre. Y eso puede con todo y, sobre todo, con Mulattieri, que no fue rival por una lesión, pero al que le ha salido un competidor caníbal, que pidió su ración, que fue doble. Casi triple con esa asistencia a Soriano. A él tampoco es que le guste en exceso repartir, pero a veces se anima. Siete goles y tres asistencias. Pichichi de Segunda (empatado con Jeremy) y también generoso. ¿Quién da más?

Las comparaciones

Exige, tiene en tensión a la defensa en todo el partido y hasta que no marca, no para. ¿Habría llegado Mulattieri a esa mala pelota de Rodri Suárez a Badía? Nunca se podrá saber, con el holandés no hay dudas. En la segunda parte falló un par, pero él no se enreda en el error, repara más en las nuevas oportunidades que en lo fallado. Y le llegó con esa pelota de Luismi que cruzó a la perfección. 3-0, dos goles y ovación de Riazor. Todo en 78 minutos. Y él, en teoría, saciado.

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