Fútbol | Deportivo
Bill Acuña, pasión por el Deportivo desde Chicago: «Mi hijo se llama Santiago Mauro Silva»
A más de 6.000 kilómetros en línea recta, Bill Acuña, nieto de emigrantes gallegos, sigue con pasión todo lo que sucede en el Dépor, el club de sus amores al que ha dedicado una vida entera. Ante la Cultural, disfrutó de Riazor hasta marzo, cuando vuelva a viajar para alimentar una pasión que no entiende de distancias

Bill Acuña, junto a Héctor y Joan Capdevila. / Cedida

Entre las más de 26.000 personas que disfrutaron de la victoria del Deportivo por 3-0 a la Cultural estaba Bill Acuña, un aficionado estadounidense con «corazón blanquiazul» que lleva toda una vida siguiendo desde la distancia al equipo coruñés. «Para mí es todo. Mis mejores recuerdos, aparte de mi matrimonio (y su esposa Danielle) y el nacimiento de mi hijo, vienen de los partidos y del Dépor, como cuando ganamos la Copa al Real Madrid», explica desde Vigo, donde está trabajando temporalmente, antes de volver a su Chicago natal. «Soy un obsesionado», cuenta, y es que hace cuadrar sus vacaciones para venir a A Coruña «dos veces por año» y que coincidan con partidos en Riazor.

Bill, durante la previa del Dépor-Cultural.
Su pasión viene de familia, de la diáspora gallega y la migración del siglo pasado. Sus abuelos, de origen coruñés, emigraron a Costa Rica, donde creció su padre jugando al fútbol. A él le debe la herencia del deporte rey y su origen estadounidense. Su padre «consiguió una beca» para estudiar en Estados Unidos gracias al fútbol. Cuando Bill terminó sus estudios viajó a España para aprender el idioma. «Viví en León del 92 al 94 y venía a A Coruña para ver los partidos cuando podía. El primero fue en la 92-93, un Dépor-Sevilla con Maradona». Ahora, bromea con que le era más fácil cuando el equipo «jugaba en Champions» porque podía «ver dos partidos, miércoles y domingo, cada vez que venía».

Santiago, su hijo, y Mauro Silva. | Cedida
Cada rincón de su casa y vida respira deportivismo. Tiene más de 50 camisetas, la matrícula de su coche pone «Bebeto», y su oficina está «llena de pósteres, bufandas y recuerdos». Todo empezó a través de la radio y «las ondas cortas», donde lograba seguir los partidos junto a su padre. «En Primera, en Segunda era muy difícil. Cuando logré venir y ver un partido, la ciudad me enganchó», expresa sobre el ambiente de A Coruña y Riazor en los años 90.
Entre 1997 y 1999, Bill y su esposa vivieron en Madrid, lo que le permitió viajar para seguir al Deportivo por toda España. «Valladolid, Salamanca, Villarreal, Valencia, Sevilla... Viajábamos mucho». Se acuerda, en especial, de una visita a Nervión: «Estábamos de vacaciones y fuimos a ver el partido. Fue antes del Centenariazo. Vimos a Fran por la calle y hablamos con él; después, a un bar en el que estaba Héctor, que nos regaló dos entradas para el encuentro». De hecho, durante principios de los 2000 trabó una buena amistad con Héctor: «Empezamos a escribirnos por correo electrónico, él sabía cuando veníamos, después de los partidos cenábamos con él. Siempre invitaba a Capdevilla, que eran buenos amigos, y, a veces, coincidíamos más tarde Sergio, Duscher o Naybet. Eran muy abiertos, completamente distinto a los grandes futbolistas de los equipos gigantes. Eran personas normales».
Aunque una de sus mejores anécdotas, cuenta, la vivió desde Estados Unidos cuando el Deportivo ganó la Liga. Entonces ver un partido desde su país era una quimera. Sin embargo, logró la forma de ver el encuentro en el que el equipo blanquiazul conquistó el título de campeón en el 2000. «Estaba trabajando y no podía ir a España. Tampoco había entradas. Pero volé desde Las Vegas hasta Nueva York en un avión por la noche. Allí había un bar que se llamaba Riazor Blues y ellos sí televisaban los partidos. Vi el encuentro, ganamos la Liga, estábamos cantando y llorando, con gente desconocida, pero teníamos el Deportivo en común. Siempre me ha abierto puertas y me ha permitido conocer y hacer nuevos amigos», rememora sobre una de sus grandes locuras por el Dépor.
Recuerda, también, que antes de un Arsenal 5-1 Dépor estuvo con los jugadores. Un duelo que vio en directo en Highbury y que le ha marcado una superstición: «Le sacaron roja a Djalminha. Desde entonces mi mujer y yo no queremos ver a los jugadores antes de los partidos».
A su hijo, poco a poco, también lo ha enganchado, aunque en este caso su vida siempre estará ligada al club. Su primer nombre es Santiago, por la Catedral; el segundo, Mauro Silva, en honor al centrocampista: «Conocimos a Mauro hace dos años, le dio una grata sorpresa cuando le presenté a mi hijo». El menor de los Acuña estuvo presente en la última visita del Deportivo ante la Cultu, club en el que ha jugado como futbolista en la cantera. Eso sí, aquel día el menor se vistió con atuendo blanquiazul y siguió el duelo en la grada visitante.
Bill volvió a Riazor el pasado fin de semana. Estar trabajando en Vigo le ha permitido seguir in situ los últimos tres encuentros Aunque a veces lo más importante sucede fuera: «El equipo me encanta, pero también he conocido gente buenísima por tener esta obsesión en común. La gente siempre me trata superbién. El sábado me encontré con un montón de amigos que había conocido todos estos años».
Suscríbete para seguir leyendo
- Huelga en el comercio textil de A Coruña contra el convenio estatal: cierre de tiendas y concentración ante Zara
- Estas son las 14 rutas que propone Aena para el aeropuerto de A Coruña: de Palma de Mallorca a París
- Inditex retoma el vuelo y acecha al club que factura 40.000 millones y gana 6.000
- LaLiga cambia el horario y el día del Deportivo - Real Sociedad B de este fin de semana
- Un vídeo sobre Oleiros en Youtube acumula más de 30.000 visitas en 24 horas
- A subasta por 4 millones uno de los mayores paquetes de suelo industrial del área de A Coruña
- La huelga de bus en A Coruña volverá este viernes 12 de diciembre sin previsión de cumplir mínimos
- La huelga en el comercio textil de A Coruña frena el convenio en Madrid