El día que empezó la maldición de las máscaras del Deportivo
Un Córdoba-Deportivo de 2023 y nueve puntos de sutura para el protagonista

Cordoba-Deportivo de 2023 / LOF
Ya tenía un rumbo errático y no terminaba de engancharse a los equipos de cabeza y pelear de manera real por el ascenso, pero el Deportivo empezó a enterrar sus opciones en una tarde de primavera en Córdoba, la penúltima vez que hasta este domingo había visitado el Nuevo Arcángel. No era el equipo coruñés, dirigido por Óscar Cano, un conjunto rotundo y, de hecho, se empezaba a alejar de la cabeza con Racing de Ferrol y Alcorcón como equipos más pujantes y con el Castilla como alternativa. Aquel empate firmó media acta de defunción para sus aspiraciones y para el futuro del técnico nazarí, que sería destituido dos semanas después tras el partido de los coruñeses ante el Linares (3-2) con un partido inconmensurable del ahora blaugrana e internacional Fermín Suárez.
Antes de ese momento y del desembarco de Rubén de la Barrera y de la inolvidable eliminatoria ante el Castellón, hubo una jugada en ese encuentro del Nuevo Arcángel que empezó a enterrar gran parte de los anhelos deportivistas de sobreponerse a las adversidades y colocarse en zona de ascenso directo. Lo que mal empieza (destitución de Borja Jiménez) y mal marcha (Óscar Cano), mal acaba.
La primera de las dos operaciones y de las dos máscaras
Alberto Quiles había adelantado al Deportivo en ese partido en Córdoba, pero en la segunda parte tuvo que ser sustituido después de que una patada del defensa verdiblanco, Ekaitz Jiménez, le rompiese la nariz. La jugada, por la propia pérdida del jugador y porque no mereció la roja a ojos del árbitro, indignó sobremanera al deportivismo. El andaluz fue operado y le hicieron una máscara a medida, pero reconoció públicamente que jugaba limitado y, de hecho, a punto estuvo de romperse la rodilla en Pontevedra en un mal gesto, porque la protección le impedía decidir bien en el campo.
Para desgracia del Dépor, sus males (casi idénticos) no acabaron ahí porque una semana después le pasaba lo mismo a Lucas Pérez en un partido ante el Alcorcón. Fue operado y también se puso a jugar con máscara en cuanto pudo. El equipo coruñés intentó darle la vuelta a la situación y hacer de la desgracia una oportunidad sacando fotos de ellos como superhéroes al rescate de un equipo en apuros. Ni ellos ni nadie pudieron evitar otra desilusión, la última antes del ascenso.
Todo aquello ya está olvidado, pero el equipo coruñés aspira, al menos, a cambiar la historia reciente y poder llevarse por fin una alegría del Nuevo Arcángel, un estadio con reveses y goles a última hora.

Lucas y Quiles entrenan con máscaras en Riazor / Víctor Echave

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