1-3 | Un Dépor superviviente que no se cansa de golpear
En el medio de largas fases de achique, se aferró al empuje de Quagliata y a la luz de Yeremay para tumbar al Córdoba y volver a mandar en la categoría

Giacomo Quagliata celebra el primer gol del Deportivo. / Fernando Fernández

Uno de esos partidos en los que hay pelear por la vida, por cada pulgada, y en los que cada resquicio es oro para emerger y salir triunfante. Y el Dépor, en cuanto encuentra medio haz de luz, es demoledor. Otro día más en la oficina. Una versión imperfecta y demasiado entregada al achique de los coruñeses fue el sustento para una serie magistral de golpetazos que acabaron sacando al Córdoba del partido (1-3). La luz de Yeremay, el empuje de Quagliata y el vigor de David Mella en el descuento para asaltar, de nuevo, el liderato, para hacer perder a los andaluces por primera vez en dos meses, para meterle puntos a la supuesta crisis y para galopar hacia el ascenso, mientras pule la mejor versión del equipo que pretende ser.
Un diluvio recibió al Dépor en Córdoba y las pistas y la lógica dictaban un once continuista con el único cambio de José Ángel por Gragera, pero Antonio Hidalgo, siempre intervencionista, quiso darle una última pincelada al cuadro que tenía preparado para el Nuevo Arcángel. Luismi al campo, Mella a reposar. Nunca sobra un cohete como el zurdo para segunda partes abiertas, pero pocas razones aparentes para que pasase por el banquillo. Por lo demás, un 4-1-4-1 con José Ángel casi entre centrales, con Diego Villares con vuelo y casi emparejado con Mario Soriano, con laterales precavidos y con Yeremay liberado y desatado. Esa era la idea. De ahí a poder plasmarla y a concretarla en goles...
Es el Córdoba un equipo que empuja, que acongoja, que sube a lomos de su gente para jugar casi al bombeo e intentar producir una sensación de ahogo en sus rivales. Más que un martillón pilón, es de oleadas. La primera llegó pronto en el minuto tres. Hubo varias en la primera parte, casi cíclicas, casi siempre con Carracedo como protagonista. Eterno rival coruñés de los años del barro que también ha llegado al fútbol profesional y que merece ir más arriba. Un dolor de cabeza, también un disfrute para la vista.
Pero en el medio de momentos de apuro, en los que se desenvolvía con solvencia, el Dépor respiraba, salía a campo abierto y veía muchos metros para correr. Y no hay nada que le pueda gustar más. Es como si oliera la sangre o afilara el colmillo de manera instintiva. Ayudaba, en este panorama de sufrimientos controlados y asumidos y también de oportunidades, que a Yeremay se le veía conectado, activo. En defensa y en ataque. Y es una delicia y un aviso de problemas para los rivales. El Deportivo no dominaba, tampoco le sobraba el guion de partido porque podía controlar las potenciales vías de agua y disfrutaba de momentos para poder cabalgar y golpear. La ocasión más clara de los coruñeses llegó en una jugada conjunta del canario y de Eddahchouri que iba a rematar Luismi a placer en el área. Pero que apareció Fomeyem para desviar la pelota. Minuto 25. Ahí se dejó el tobillo el central de los andaluces. Hubo más para el Dépor, alguna falta lateral, más sustos. Era un partido áspero, claro, pero el equipo coruñés se iba haciendo la piel a esas rascadas. Bajo control.

David Mella / Fernando Fernandez
Eso sí, había mucho transito en su área, algún uy. El más claro un remate de Fuentes que la grada vio dentro y más de uno cantó como gol. Espadas en todo lo alto al descanso. Ningún equipo del todo cómodo ninguno boqueando. Final abierto.
Nueva versión
El Córdoba quiso salir mejor colocado, atacar ordenado, sin perder esa frescura, esa sensación de arrebato que siempre le acompaña. El Dépor lo pasó mal, Parreño tuvo que sacar los puños a pasear en más de una ocasión. Ante la oleada de tarjetas de la primera parte, Hidalgo había sentado a Arnau Comas para dar entrada a Dani Barcia. Un central sin peajes, con mejor salida de pelota. Pero casi paga el equipo coruñés su atrevimiento al salir entre delantero en conducción. Buena mano del meta, se volvía a salvar el Dépor. El ahogo no se detenía, parecía ir a más y esa era mala señal. Se empezaba a descontrolar la situación. Pero, claro, no hay nada que no arregle su enorme calidad arriba. No hay nada que no solucione Yeremay.
Y es que el Dépor, en una de tantas arrancadas en las que respiraba y amenazaba, encontró al canario en el balcón del área por la zona izquierda. Ahí, mientras se relamía y veía como Quagliata le quitaba las pegatinas, filtró una asistencia sotanera que el siciliano clavó con el alma en la red. Una genialidad, un rugido. 0-1, minuto 60. El Dépor ganaba. Una de tantas del canario. Una máquina de highlights.
Poco le duró la alegría al Deportivo.Al Córdoba le había hecho daño el tanto, pero volvió pronto a su ADN: cargar el área. Así, de repente, voló una pelota por delante de la defensa que ya fue imposible para Parreño y para Lucas Noubi que, en el despeje, la metió para dentro. 1-1, minuto 67. El panorama se ensombrecía, porque los andaluces se envalentonan con suma facilidad.
Pero el Dépor no se cansa de tener nuevas vidas, de golpear. En una pelota que cruzó Quagliata por delante, Eddahchouri se adelantó al defensa, aunque no estaba muy claro si iba a llegar al remate en boca de gol. Dio igual. Rubén Alves le tiró de la camiseta y lo mandó al suelo. Intervino el VAR. Panenka de Yeremay. Otra delicia. 1-2, minuto 75.
Sufrimiento
El último cuarto de hora (más diez de descuento) fue otro ejercicio de supervivencia del Dépor. Achicó y achicó, casi su único método. Se echó de menos (y el equipo coruñés debe exigirse un poco más) de control con la pelota, más allá de que el resultado final sea inapelable. Tuvo varias para cerrar el partido y no lo hizo hasta el minuto 99 y esa cabalgada con cucharita de Mella. Antes rezó a todos los santos en esa pelota en la que Sintes no encontró la red en su remate cuando Parreño le salió a su encuentro. El Dépor, aún imperfecto, sale vivo y triunfante de Córdoba. Líder y, de momento, jefe de la categoría.
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