Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El internacional coruñés del Deportivo que metió cojo los dos únicos goles de su carrera al Ceuta: "Parece increíble"

Un delantero improvisado

Deportivo

Deportivo / APD

Carlos Miranda

Carlos Miranda

La AD Ceuta visitará téoricamente por segunda vez en su historia Riazor para jugar un duelo que hace unas décadas ni siquiera habría imaginado. Esa conjunción astral que unió a ambos equipos en Primera RFEF y en Segunda en tres temporadas no significa que sea el primer desplazamiento de un equipo de esa ciudad a Riazor. Ni mucho menos. Ya en los años cuarenta la SD Ceuta y el Atlético Tetuán (se unieron tras la independencia de Marruecos de una escisión del equipo de Tetuán), equipos de los que surgió la entidad que juega ahora en el Alfonso Morube, tuvieron partidos en el estadio del Deportivo con suerte dispar. Una derrota para la SD, y una derrota y una victoria para el equipo Tetuán.

Más allá de los resultados, hay una historia oculta en uno de esos partidos que es muy propia del fútbol de aquella época y que se ha ido reduciendo con el paso de los años y la proliferación de los cambios en el mundo del fútbol, pero aún se sigue dando de manera esporádica. El conocido gol del cojo. Hasta la temporada 69-70 no había sustituciones en el fútbol en España, salvo en el caso de lesión del portero (se introdujo en la 29-30), con lo que, cada jugador que sufría un percance físico, o se retiraba dejando a su equipo con menos efectivos o era colocado de extremo izquierdo o de delantero centro donde tuviesen que moverse menos y pudiese reducir esfuerzos. El gol del cojo se convirtió en una acción casi mitológica en el mundo del fútbol. El caldo de cultivo estaba ahí.

En Riazor y al cuadrado

El 4 de noviembre de 1945 el Deportivo, en Segunda División y ya lanzado hacia Primera, recibía por primera vez en su historia a la SD Ceuta. Fue un partido accidentado hasta niveles inimaginables. Sufrieron percances físicos casi la mitad de los jugadores del equipo coruñés. El más grave fue el de Paquirri, que, en un salto, sufrió una fractura doble de clavícula. Tuvo que dejar el terreno de juego de un joven estadio de Riazor que tenía poco más de un año de vida. El Dépor se quedaba con diez. Otro de los futbolistas que se lesionó fue el central coruñés Pedro López, Pedrito, que unos meses antes se había estrenado como internacional español en A Coruña en el partido inaugural del recinto ante Portugal (6 de mayo de 1945). Recibió un fuerte golpe en la pierna derecha, tuvo que salir para ser atendido y muchos pensaban que no regresaría, pero al final lo hizo. Estaba lesionado. De hecho, se pasó todo el partido entre la zona del extremo izquierdo y la delantera, como era costumbre. Eso sí, fue el día más prolífico de su carrera en el área contraria. Estuvo casi quince años en el club coruñés (1936 a 1950). No conoció otro. Fueron aquellos sus dos únicos tantos en liga.

Y fueron casi consecutivos en los minutos 55 y 56. Las jugadas, prácticamente calcadas. Pedrito doma un balón, lo abre a Marquínez a banda y este se lo devuelve con un centro tenso. El primero lo mete de cabeza y el segundo, tras una atajada en falso del guardameta. 3-0, partido resuelto. Había logrado el segundo y el tercero, y el primero había nacido de pugna suya con el meta en la que Guimeráns, el héroe que le había dado el primer ascenso al Dépor a Primera en 1941, se había encontrado una pelota a placer. Una tarde redonda y estaba cojo. "Parece increíble que hayamos estado suspirando varias temporadas por un delantero teniéndolo al alcance de la mano. Porque un jugador que arrastrando una pierna hace la labor que realizó Pedrito en el eje del ataque es capaz de cubrir el puesto con más eficacia que ciento de aspirantes...", se podía leer en la crónica de La Hoja del Lunes del día siguiente.

La venda

Fueron unos meses fantásticos para Pedrito, que había sido internacional y había vivido su gran tarde goleadora. Formó parte de varias zagas históricas en el Deportivo. Vivió una Guerra Civil, pasó por Segunda varias veces y hasta fue subcampeón de liga con el equipo de Scopelli en 1950. Era también famoso porque jugaba con una venda o una cinta en la cabeza, muy parecida a la que décadas después, Xisco llevó en el Dépor en su primera etapa. Cuentan algunos libros de historia deportivista que se la puso un día porque se había rapado al cero, fruto de haber hecho la mili, y que le había dado cierta vergüenza al salir al campo y luego fue un complemento que le acompañó toda la vida. Goleador por un día y cojo, siempre fiel a su Deportivo.

Tracking Pixel Contents