Fútbol | Deportivo
Rubén Díez: «Yeremay era un niño y debía madurar; ahora lo hizo y por eso está al nivel que está»
Rubén Diez (Zaragoza, 1993) vuelve dos años después a Riazor como jugador del Ceuta tras haber llevado al equipo del Alfonso Morube al fútbol profesional. En A Coruña compartió entrenamientos con un joven Yeremay o con meritorios como Villares, además de vivir una de las épocas más convulsas de la entidad blanquiazul, que acabó con el ‘play off’ de Castellón

Rubén Díez posa con una cámara tras un entrenamiento con el Ceuta. | ADC

¿Encontró su lugar en Ceuta?
Llegas a un sitio nuevo, se consigue el objetivo, que encima es ascender, y me quedo. Estoy siendo importante en Segunda, teniendo minutos, así que no puedo pedir nada más. Desde el primer día tanto el míster como el club me transmitieron esa confianza que a todo jugador le gusta. Me sentí importante.
¿Lo necesitaba?
Todo el mundo necesita ese plus. Evidentemente eso no lo es todo porque uno tiene que confiar en sí mismo porque si tú no estás a un nivel bueno, las opciones que tienes de rendir y de jugar son inferiores. Debes ver en qué puedes mejorar, en qué no, y a partir de ahí ese puntito de que el cuerpo técnico confíe en ti es necesario.
Dos goles y una asistencia en su vuelta a Segunda...
Sí, y, además de los goles, son más las sensaciones mías, lo que estoy transmitiendo. Me he adaptado muy bien a la categoría otra vez . Yo sabía que, a nivel físico, tenía que dar un pasito, y creo que lo he dado.
¿Qué ha cambiado?
No, nada en concreto, pequeños detalles, pequeños hábitos. Todo va sumando. Y la exigencia de los entrenamientos que son mayores en una categoría superior.
¿Qué supone volver a Riazor?
Con ganas e ilusión. Y va a ser bonito porque ahí hay excompañeros con los que tengo muy buena relación, gente del club. Contento.
¿Qué poso le dejó el Dépor?
Mi paso por A Coruña, quitando el final que fue el que nadie quería ni esperaba, fue muy positivo. No puedo decir nada malo porque a nivel de club, compañeros, afición, fue todo súper bien, maravilloso.
¿Aún le da vueltas al ‘play off’?
Los días siguientes e incluso los meses siguientes, sí. Pero, con los años, se queda como anécdota. Aquí, entre que está Kuki y algún otro, siempre sale. En el momento queda la espinita. No es lo mismo subir con el Dépor que subir con otro club, por lo que implica, masa social, ciudad... Son cosas que pasan y hay veces que no está para ti y ya está.
¿Sintió la presión ese año?
Sí, un club que no está en la categoría que tiene que estar, con una masa social, con una afición tan numerosa y con unas aspiraciones tan altas, es lógico que genere esa presión. Hay que intentar saber llevarla, sabiendo que va a haber momentos buenos y momentos malos. Cuando firmas por un equipo como el Dépor, sabes que la exigencia y la presión son máximas.
¿Influyó ese año tan convulso?
Cuando durante una temporada pasan tres entrenadores no es buen síntoma, un buen presagio, pero fueron decisiones que se tomaron desde el club. No tuvimos nada que ver. El final fue agrio.
¿Cree que su fútbol conectó con la grada en aquella temporada?
Yo, en gran parte de la temporada, muy bien con la afición, sobre todo los primeros dos tercios, me encontraba muy bien. La grada, en varias ocasiones, me lo agradeció. Al final, por un bajón físico mío, ya no rendí igual, las cosas como son. Eso marcó mi final de temporada.
¿Hubo opción de que siguiese?
Al haber estado cedido, volví al Tenerife. Por parte del Dépor no hubo ningún tipo de interés. Yo hubiese estado encantado de volver otro año allí porque, a nivel de club, instalaciones, sentirte profesional en Primera RFEF, era el equipo más potente que podía haber.
¿Cómo ve al Dépor desde Ceuta?
Con los argumentos que tiene en la parte de la ofensiva, se puede adaptar a cualquier escenario. Sabemos que si el Dépor domina, te va a hacer mucho daño. Si te espera para salir a la contra, tiene jugadores arriba muy verticales y decisivos.
¿Imaginaba a este Yeremay?
Entonces lo tuvo complicado por la plantilla que había. Por su juventud y condicionantes, sí que se le veía que en cuanto estuviese centrado, hiciese las cosas bien, tuviese regularidad en las acciones, iba a ser uno de los determinantes de la categoría.
¿Les sorprendía cada día?
Cuando entrenaba era el mejor pero era un niño, tenía que madurar y en la cabeza le tenía que entrar que eso tenía que ser el día a día. Ahora lo hace y por eso está al nivel que está.
¿Cómo ve a Villares?
Es el ejemplo perfecto para un canterano, del Dépor o de otro club.
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