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El héroe de una salvación del Deportivo que se reencuentra con su "milagro" cada día: "Siempre que me ven es lo que les viene a la memoria"

Cuatro años de cesiones con un final inmejorable

Los jugadores del Deportivo celebran el gol. |  LOF

Los jugadores del Deportivo celebran el gol. | LOF

Hay jugadores que se pueden pasar años y años en clubes que su trayectoria, para bien o para mal, queda indeblemente marcada por un instante, por una jugada. Hay errores que condenan, hay que gestas que colocan de manera indeleble en la memoria del aficionado. La historia del Deportivo está llena de esos nombres propios a los que les separa de la gloria o del invierno solo una acción en el terreno de juego con la camiseta blanquiazul.

Su fichaje fue una de esas apuestas de Lendoiro cuando la escasez ya apretaba. El equipo acaba de descender a Segunda por primera vez en veinte años, no dejó salir a nadie con contrato y miro al mercado portugués, en algunos casos con cesiones de jugadores prometedores de equipos grandes, siempre con la tutela o la ayuda de Jorge Mendes.

El gol más inesperado

Uno de esos activos imaginativos fue Diogo Salomao, que entre varias cesiones, impases, idas y venidas del Sporting, estuvo cuatro años en el Deportivo. Dos ascensos, muchas cabalgadas y recuerdos, pero ante todo aquel tanto en el Camp Nou en 2015. "Ese momento marca mi carrera. Las personas siempre que me ven y quieren recordar momentos de cuando jugaba, siempre viene ese gol a la memoria por la importancia que tiene. No me olvidaré nunca, fue una fiesta brutal", recordó en el podcast Posse de Bola, sin quitarse aún el miedo en el cuerpo por lo que vivido aquella tarde en Barcelona: "La salvación fue casi milagrosa. Necesitábamos empatar e íbamos 2-0 al descanso. Nada hacía prever que lo íbamos a conseguir, pero creímos. En el centro de entrenamientos (Abegondo) había confianza en la semana previa. Hicimos un trabajo mental. ¿Suerte? Yo qué sé. El trabajo fue bien hecho y creer fue clave".

La conversación de más de una hora le sirvió para repasar toda su carrera, con un protagonismo especial para el equipo coruñés. Todo empezó en 2011 y por qué optó por los coruñeses tras haber asaltado el primer equipo de los lisboetas: "El Dépor fue la opción, la más acertada por mi parte. Fueron cuatro años de una fuerte conexión. Le tengo un cariño muy especial. Cuatro de cinco años en el Sporting con préstamos al Dépor. Fue un tiempo de calidad. Había varias opciones (cuando le dicen que no cuenta en el Sporting) y el Dépor fue lo que escogí. Quería jugar fuera de Portugal, era una liga interesante para mí, por la dimensión y por el potencial del club y por la idea de ir a una gran liga", cuenta. Una apuesta y un año que acabaron siendo redondos con el ascenso y la gran fiesta de su carrera: "Logramos 91 puntos, el récord en la liga. Fueron muchos partidos y yo estaba realmente bien. Creo que fue la mejor fase de mi carrera, la primera temporada en el Sporting y la primera del Dépor. Estaba confiado, me sentía capaz. ¿Ascenso? Fue de las mayores fiestas que tuve en el fútbol. El club estaba deseoso de regresar. El Dépor es un club de Primera por historial y lo que ofrece., La ciudad estaba paralizada, fue brutal. Temgo vídeos, fotos de ese festejo. Tuve otras subidas de división, pero esa fue la mejor".

Más allá del fútbol, hubo un innegable proceso de aclimatación a un nuevo país y una nueva realidad que para el fue muy sencilla porque se sintió apoyado. "Fue relativamente fácil. Tuve el apoyo grande de Jorge Andrade, que entonces vivía allá. Lo conocía de niño en Amadora y él estaba adaptado al club y a la ciudad. Fue esencial para tener unas bases y crecer", cuenta.

Le tocó, no sin sufrimiento en las negociaciones, desembarcar en Primera con el Dépor. Reconoce el salto de nivel y las dificiltades en Primera: "Es otra historia, empezaron las cosas a ser más serias. El nivel es otro (en Primera). Haces el mismo deporte, pero ellos tienen otro nivel, otro escalón. Fue un año complicado. El Dépor estaba en una de las mayores crisis, fue muy difícil para el club. Teníamos buenos jugadores, teníamos estructura y hubo buenas contrataciones, pero aguantar en Primera es muy complicado. Bajamos en la última jornada ante la Real Sociedad. Nos echó todo abajo, fue un golpe en el estómago", admite aún dolido.

En su tercera venida, de nuevo en Segunda, costó más convencer al Sporting, pero ahí estaba en Riazor con unos meses de retraso. "En invierno (el Dépor) volvió a golpear en la puerta. Pero tuve lesión en la rodilla en un partido ante el Hércules y solo hizo cuatro o cinco partidos. Estuve nueve meses de baja, la peor fase de mi carrera. Estaba en la recuperación en el Sporting y pedí que me dejaran ir a A Coruña para ir a celebrar el ascenso. Fue bonito. Estaba lesionado, pero estuve con el equipo. Son los momentos que marcan y que quedan en la memoria", reconoce. Esa fase oscura y que el Dépor creyese en él para Primera, a pesar de la grave dolencia que padecía, le llegó muy dentro. "El Dépor, aunque sabía que me quedaban seis meses, apostó por mí. Cuando tienes ese apoyo, está ahí esa conexión. Siempre confiaron en mí. No me lo pensé dos veces. Fue el mejor camino otra vez para continuar con mi carrera", admite un futbolista que o oculta lo complicado que es volver a rendir en la élite tras una lesión de rodilla: "Fue complicado. Tenía dolores, la sensación del cuerpo diferente, la mecánica del cuerpo cambia. En el campo ya no responde de la misma forma, pero tuve fuerza mental. Poco a poco me sentí mejor e hice una reintegración gradual. El Dépor y el Sporting fueron impecables, cinco estrellas en ese aspecto". Esa paciencia acabó desembocando en aquel gol que le acompaña casi cada día.

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