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El retiro en segundo plano en Albacete de una gloria del Deportivo antes de hacer historia en el banquillo de Riazor

A mediados de los años 60

Dagoberto Moll, primero de pie por la derecha, y Arsenio, segundo agachado por la derecha

Dagoberto Moll, primero de pie por la derecha, y Arsenio, segundo agachado por la derecha / foto cedida por Juanito

Pocas veces se han cruzado la historia del Deportivo y del Albacete. La última vez de lo pudo haber sido y no fue tiene la firma Riki, centrocampista pretendido por los coruñeses este verano (y en los dos anteriores mercados) que el equipo manchego se resistió a soltar, al pedir el pago de la cláusula de dos millones, a pesar de que su contrato finaliza en junio. Uno de los que sí pudo hacer el camino inverso fue Alberto Quiles, tras no subir en Castellón y desembarcar en el Belmonte para probarse por fin en Segunda División y rendir antes de marcharse a China. Y no solo son nombres propios, porque esta aquella infausta final con Borja Jiménez en el banquillo que se fue a la prórroga y que acabó por arrebatarle al Deportivo un ascenso en las narices. Entonces estaba Rubén de la Barrera en el banquillo contrario, el coruñés ha vivido de momento dos etapas en A Coruña.

Si echa el reloj a trás varias décadas y esa deja un lado ese ascenso de la mano que vivieron ambas entidades en 1991 con Zalazar, padre de Kuki en los manchegos, en los años 60 hubo un trasvase con paradas intermedias que le dio al Albacete muchos réditos. No fue el mejor momento de la entidad de Castilla La Mancha, pero hubo dos glorias blanquiazules que le llevaron a Segunda en un primer intento y que lo volvieron a intentar años más tarde en una segunda tentativa, ya sin éxito.

Partícipe del gol del ascenso

Tras salir del Deportivo, Arsenio Iglesias se especializó en jugar en equipos del sur, aunque a él le horrorizaba el calor de Andalucía. Jugó en el Sevilla y en el Granada, antes de un aventura en Oviedo que desembocó en ese famoso gol a Iribar. En el medio de esas experiencias, lejos de A Coruña entre Primera y Segunda, tuvo dos breve pasos por el Albacete, el próximo rival del equipo coruñés, que han quedado un tanto oscurecidos por el hecho de haberse producido en Tercera División. Fueron 37 partidos en dos etapas en las que estuvo acompañado de Dagoberto Moll. En la primera, cedido por Granada, fue partícipe incluso del gol del ascenso en Badalona. Subía el Albacete a Segunda. En la temporada 65-66 quiso repetir experiencia, pero no pudo coronar. Fue su última experiencia como jugador en activo.

Un año después ya estaba en el banquillo del Fabril y ejercía de ayudante del entrenador de turno del primer equipo, especialmente fluida fue su relación con Cheché Martín con un Deportivo al que apunto estuvieron de llevar a Europa. En la Navidad de 1970 cogió al equipo y lo subió a Primera unos meses después con el gol de Beci. Y el resto es historia.

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