1-3 | Parreño no puede con todos
La segunda parte hace justicia a un Castellón, muy superior al Dépor, que se lleva los tres puntos y que le da un baño de realidad | Pierde el liderato

José Ángel va al suelo ante una de las acometidas de Cala en el Deportivo-Castellón de anoche. | Carlos Pardellas

No solo llega con ganar por decreto. El Dépor, tras su primera crisis, se aferró a pertrecharse atrás y fiarlo todo a su calidad. El fútbol no era lo primordial. Y el Castellón le dio un muy duro baño de realidad en Riazor con una remontada totalmente merecida (1-3) que obliga a repensar los pilares del equipo. Un baile. Habrá que reparar también en el juego, en dominar los partidos, en llevar las riendas para tener las hechuras de un equipo que merece ascender a Primera División. La mala puntería del Castellón y multitud de manos imposibles de Germán Parreño pospusieron lo que parecía inevitable: el triunfo del mejor equipo en Riazor. La derrota es la primera en casa en toda la temporada; le arrebata el liderato a los coruñeses, justo el día que el Racing de Santander remonta y hace una demostración de fuerza; y entierra una de las mejores rachas de la historia del Dépor en Segunda.
En la primera parte tuvo el Castellón la virtud o el tino de desnudar las carencias del Dépor y también de poner delante de sus narices todas esas cualidades que le han llevado a ser un equipo prácticamente inabordable en esta Segunda. 45 minutos negros de fútbol de los coruñeses y descanso con ventaja en el marcador. Esa fue la paradoja del primer tiempo que, sin duda, le dejó una magnífica digestión del intervalo a los blanquiazules. También alguna alerta en la cabeza, que luego se confirmaría. Tampoco es que fuese la primera de la temporada, porque rara vez los revolcones llegan por casualidad. El equipo de Hidalgo llevaba mucho tiempo ganando y viviendo de chispazos más que jugando al fútbol y esa dicotomía fue aún más extrema en esos primeros 45 minutos frente a los blanquiazules.
Es el Castellón un equipo diferente. Lo era con Schreuder y con Platt, no ha dejado de serlo con Pablo Hernández. Eso sí, es ahora una apuesta más profunda, con una mayor paleta cromática y registros. Ha dejado a un lado ese equipo que mezclaba esa sensación de ahogo profundo que generaba en sus rivales con defensas de patio de colegio. Ya no juega solo en sexta marcha, pero sigue pisando el acelerador con alegría. En cierta medida, es un equipo Premier League. Incide, repite, ataca mucho, no tiene miedo al fallo. Mejor intentar que dudar o preguntar. Ya habrá tiempo de arrepentirse.
Dominó, de esta manera, a un Deportivo con escasa respuesta en ese primer tiempo, que casi no atacó, pero que al menos igualó la intensidad en las disputas. El colegiado, como hacen la mayoría hoy en día, se dejó parte del reglamento en el vestuario. Riazor se calentó con su permisividad, quizás en exceso para enjugar su frustración por lo que veía.
Avalanchas
Camara y, sobre todo, Mabil fueron una pesadilla para los coruñeses en ese primer periodo. José Ángel caía hacia esa zona en defensa para liberar de responsabilidades a Yeremay. Y gran parte del torrente ofensivo de los visitantes llegó por esa aclarado. Tuvo tres ocasiones el conjunto orellut antes de la media hora y del gol de los coruñeses. La oportunidad de Alcázar seguro que hizo cantar el tanto a algún seguidor de Castalia. Pero, entre Loureiro y Parreño, lograron desviarlo con una pierna y con la mirada. Tocaba resistencia.
Pero aguantar algunas veces tiene premio y el Dépor sabe mucho de todo eso. Guarda, en ocasiones, su calidad en un cofre para abrirlo cuando el momento lo requiere. Así, después de pasarle la llave a la portería, Mella insistió en una presión a Alberto Jiménez para hablitar a Stoichkov y este a Yeremay. Y él no falla. 1-0, minuto 32. Castigo excesivo para los visitantes, premio en la misma medida para un Dépor, que había estado jugando a lo que quería su rival. Pero así es este Dépor y, en ese momento, aún le llegaba.
Los descansos, tras bajar revoluciones, suelen servir para reordenar al equipo, arreglar desaguisados. Al Dépor, a tenor de lo que se vio en cuanto la pelota se puso a rodar, no le valió para nada. El Castellón, cual martillo pilón, no dejo de querer acosar, de tirarse a tumba abierta hacia la portería de Parreño. El Dépor, replegado, veía como los blanquinegros llegaban a oleadas, encontraban espacios intermedios con facilidad, les robaban la pelota como a un niño pequeño. Un meneo en toda regla, que no decrecía en su intensidad y al que solo le faltaba la guinda y la justicia del gol. No tardaría en llegar, aunque quizás de la manera más insospechada: un latigazo desde la frontal de Doué. Era imparable el lanzamiento y eso que debía estar frío porque llevaba solo un minuto en el campo. Eso sí, tuvo tiempo de pedir un café antes de lanzar a portería de lo solo que estaba. Uno de los mil males de anoche de los coruñeses.

Yeremay encara a Mellot en el duelo contra el Castellón en Riazor. / Carlos Pardellas
Hidalgo, con su equipo sobrepasado, decidió quitar músculo en la media y pedir la pelota con Patiño, y remate y primera presión con Eddahchouri. Parecían un par de modificaciones contra natura con un Dépor sobrepasado y sin respuesta ante una avalancha, pero consiguió en cierta medida equilibrar el duelo. De hecho, tuvo un par de ocasiones para volver a ponerse por delante. Una de Eddahchouri y otra de un desaparecido Yeremay. Ni una ni otra. Y lo peor estaba por llegar.
Doble golpe
El Dépor ya se había salvado unos minutos antes con una mano imposible de Parreño a Nabil, la enésima. Pero la sentencia, justa, llegó en un saque de esquina. Ahí Brignani, quien llevaba también un minuto en el campo, se elevó por encima de todos y puso el 1-2 en el minuto 79. Unos instantes después, llegó el tercero de Cipenga. 1-3 y duelo sentenciado. Adiós a la racha, a un Dépor que debe repensarse y ajustarse, más allá de la hondura del golpes. Para ascender no solo hay que ganar, ganar y ganar. Desde luego que sí, pero el fútbol sustenta a los equipos y ni rastro.
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