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Un gol que es un baile y una radiografía del Deportivo

Frustrado e incapaz, acabó persiguiendo sombras de un Andorra crecido al que dio vida

Akman y Villares

Akman y Villares / Fernando Fernandez

Carlos Miranda

Carlos Miranda

A Coruña

No todos los días se juega ante el Mallorca y sin nada que perder. El triunfo ante el equipo bermellón, de mucho mérito, sirvió de enmascarante y de patada a seguir ante los problemas del Deportivo que volvieron a llamar a su puerta en Andorra. Toc, toc. Con una deficitaria salida de pelota, sin personalidad y con una ocupación del campo con la que daba la sensación de llegar siempre un segundo tarde, se encomendó de nuevo a la pegada, a que los buenos le pusiesen puntería a la falta de fútbol. Era una manera de ganar tiempo, aunque esa ausencia de juego, de dominio y de plan se hace endémica. Al final de los 90 minutos ni una cosa ni la otra. Nada. Tercera derrota seguida en Liga, el proyecto se diluye. Las uvas serán pasas.

Como ocurrió hace una semana ante la Real Sociedad B, el Dépor le dejó la pelota al Andorra y los miedos, toque a toque, empezaron a desaparecer en un equipo voluntarioso y menor, aunque bien trabajado y con más ideas que los coruñeses. El duelo tuvo fases y en la mayoría quedó desnudado el conjunto coruñés y no solo por la falta de pegada, que también existió. Pero no siempre se puede vivir de usar los comodines. El Dépor no sabía sacar la pelota, cuando su rival no paraba de darle lecciones en ese sentido. Le era imposible ganar los balones divididos, cuando su contrincante tenía imán en los pies. No encontraba al hombre libre y a su oponente se le multiplicaban las opciones. Solo en el inicio de la segunda parte con la entrada de Gragera y acercando a Soriano a la base, sintió cierta comodidad, pero acabó llegando al precipicio y se despeñó en una jugada soberbia del Andorra en su gol No hay acción que radiografíe más lo que es hoy este equipo.

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