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Segunda División

Ascenso y caída: la involución del Deportivo y la pérdida de identidad

El mes de diciembre evidencia los problemas de juego del equipo, que se volvió demasiado pragmático en el mes de octubre y nunca ha recuperado la frescura del inicio de temporada

Yeremay, ante el Andorra con el Deportivo

Yeremay, ante el Andorra con el Deportivo / Fernando Fernandez

Xane Silveira

Xane Silveira

A Coruña

Fueron tantos los halagos durante muchas semanas de los rivales a los que cada jornada se ha ido enfrentando el Deportivo que al equipo se le terminó distorsionando la realidad: el talento no es suficiente para ganar en una de las competiciones más igualadas del mundo. La falta de evolución del cuadro blanquiazul ha tocado cúspide en diciembre, cuando la carencia de efectividad en ambas áreas, en especial en la rival, ha expuesto los problemas latentes desde octubre, cuando el cuadro de Antonio Hidalgo tuvo su primera crisis de identidad. No solo no ha podido salir del bucle en el que lo hundió el Castellón, sino que el agujero negro de su fútbol se ha vuelto más grande. En Andorra el conjunto coruñés mostró su versión más raquítica. Lejos de ser capaz de proponer, todo llegó a través de los errores rivales. La frustración de la plantilla fue el vivo reflejo de lo visto sobre el césped: sin control. Sin dominio. Anonimato futbolístico.

Andorra - Deportivo

Andorra - Deportivo / Fernando Fernandez

Los doce pases de Yeremay (once acertados), su peor cifra esta temporada junto al duelo ante el Castellón (7/13), son la muestra de cómo el equipo blanquiazul renunció a dominar el partido. El canario vivió su día con menor participación (30 toques, promedia 50.3 por duelo en Liga). Esta vez, ante el Andorra, aunque hace varios meses que el plan de juego blanquiazul pasa por ser eficaz en área propia y determinante en la rival. Correr, correr y volver a correr. El daño viene de atrás. Concretamente, de La Rosaleda, y de aquella racha de octubre en la que Antonio Hidalgo apostó por minimizar su plan de juego. Lejos queda la brillantez de Anduva, el rombo mágico y el juego interior a pocos toques que castigó al Mirandés y, días después, al Huesca. Fue el mejor momento de juego, todavía con Ximo en el campo y con Mella y Luismi compartiendo espacio.

El Deportivo no ha evolucionado a lo largo de la temporada y los rivales comprenden cómo castigarle

El Deportivo, sin crecimiento tras octubre

La primera mala racha convirtió al Deportivo en un equipo más pragmático. El técnico de Canovelles, sabedor del potencial y talento de sus atacantes, se volcó en la solidez defensiva a cambio de renunciar a la emoción. A cambio de aprender a dominar la escena. Su plan de juego, marcado por el peso de las transiciones, tiene en Germán Parreño su figura central en la salida de balón. Y, del ilicitano, un salto al vacío hasta Mario Soriano que solo, en ocasiones, Dani Barcia a es capaz de llenar.

A deber, todos esos tramos de juego en los que el equipo no puede correr. El Deportivo que vuela y golpea hace tanto daño como inofensivo es el que ataca en estático. Con el paso de los meses, además, ha perdido pizarra. Ha dejado atrás automatismos y mecanismos que tenía pulidos y sí se habían mostrado en las primeras jornadas de competición. Los silbidos de Riazor, con 0-0 en el primer tiempo ante la Real B y cuando Germán intentaba una vez más atraer al rival para luego lanzar, evidencian el rechazo hacia una propuesta que ni llena el ojo ni llena la saca. Aunque, el punto crítico se vio en el Estadio de Encamp, cuando Mario Soriano, de manera repetida, se lamentó de la falta de juego en corto y combinativo de su equipo. La frustración se apoderó del 21, que incluso acabó viendo una tarjeta amarilla.

En Andorra el Deportivo se volvió a ver superado, como ya le sucedió contra el Castellón y ante la Real Sociedad B. Hidalgo tendrá en el mes de enero la oportunidad de corregir la deriva del equipo. Los resultados han dejado de sostener el juego y es ahora cuando la pizarra debe dar un paso al frente para volver a tomar el mando de la situación. A la plantilla le sobra talento, pero le falta fútbol. Imperdonable para un aspirante al ascenso.

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