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2-2 | El Deportivo no cambia el viento

Empujado por los rebotes y agarrado al fútbol de Soriano y a la resistencia, acariciaba la victoria ante el Cádiz, pero un gol de Tabatadze le arrebata el triunfo en los últimos minutos y le hace mirar a los ojos al fatalismo que le persigue

Carlos Miranda

Carlos Miranda

A Coruña

Últimamente parece imposible que desaparezcan los nubarrones y luzca el sol en Riazor. El Deportivo, agarrado a los rebotes, a la clarividencia futbolística de Mario Soriano y a la resistencia, tenía sometido en el marcador, no tanto en el fútbol, al Cádiz. Pero una cabalgada de Tabatadze le arrebató la victoria y le enfrentó de nuevo con el fatalismo de las últimas semanas de 2025. No hay manera. Es cruel, sí, no del todo injusto. Es también la realidad de la que el Dépor es incapaz de despegarse en el ecuador de esta Segunda traicionera. Tuvo pegada, le faltó algo más de colmillo para cerrarlo y fútbol para someter e igualar fuerzas en la segunda mitad. Dio un paso, no le llega. Se aleja el ascenso directo, aunque el problema del Dépor, más allá de los puntos, es que aún se sigue buscando como equipo y ha pasado media liga.

Los revolcones en el final de 2025 hicieron que se instalara en el Dépor la sensación de que se estaba quedando sin margen, de que aunque estuviese en la primera vuelta, estaba encarando el tiempo de descuento. Para conformar el equipo, para ensamblar piezas, para coger fondo y para seguir el ritmo de la cabeza. Es el aquí y el ahora, aunque haya que recoger en mayo. Y, en este sentido, Hidalgo ya no se va a guardar nada, no va a andar con miramientos. Pocas veces lo ha hecho, ahora menos. Primer partido del año y los dos fichajes al césped: Altimira y Álvaro Ferllo. Al lateral se le podía esperar por esa sensación de banda manca que traslucía el equipo desde hace semanas en el costado diestro, no así al meta. Parreño, sostén ante la marejada por la salida de Helton Leite, no le ha durado ni un partido ese crédito ganado a pulso. Y es que el Dépor parece haberse quedado sin tiempo. Hay que ascender y hay que empezar a esprintar ya.

Y esa sensación de inmediatez se trasladó al césped y a los primeros compases. Mientras Altimira se presentaba y hacía sus primeras diabluras, Quagliata y Soriano insistían en una pelota en teoría perdida por la izquierda que acabó llegando a los pies de Mella. El zurdo de Espasande remató, casi sin ángulo, por probar y para acabar la jugada, y un rebote le acabó dando el primer gol, la alegría inaugural de Riazor en 2026. 1-0, minuto 7. Estallaba la grada, más después de los últimos sinsabores, más si es uno de sus niños bonitos. Qué más da que haya habido un rechace.

El gol ya le dio al Dépor el contexto adecuado. Reforzó la apuesta, ese vigor con el que sacaba la pelota y esa intención de mover al Cádiz, también le ofreció espacios para correr. Pocas cosas le gustan más en esta vida. Los andaluces, mientras maldecían su mala suerte, ya empezaban a reparar en que no se podían esconder, en que no les iba a llegar con el repliegue. El Dépor también les ofrecía llanuras para que se desatasen y ellos les hacían ojitos, aunque la igualada, eso sí, llegó en una jugada de laboratorio.

De la Rosa se le escapó a Yeremay, tras un pase en profundidad de Ortuño, y su balón al corazón del área lo embocó Jorge More. 1-1, minuto 22. Rugido del Cádiz con el empate, rabia desatada en Gaizka Garitano. Poco le duró a todos, porque en nada otro rebote le trasladó la corona de protagonista a Villares. Ni media hora y la grada ya había visto tres goles. 2-1. En el último tramo pudieron ampliar el marcador ambos, pero con ocasiones más claras para los locales, sobre todo, una de Miguel Loureiro. 2026 había llegado juguetón y Riazor quería más, le sabía a poco.

Otro escenario

El Cádiz subió líneas tras el intervalo, él también se quedaba sin tiempo. La idea era presionar la salida de pelota de un Dépor que buscaba atraerle para encontrar espacios a su espalda, el plan clásico de los coruñeses. Durante muchos momentos a los andaluces les salió bien y rondaron la meta de Ferllo, también utilizaban el fútbol directo y casi siempre ganaban esas pelotas largas, sumando metros a su ofensiva. Eso sí, luego se veían atacando en estático y ahí ya les costaba mucho más, a pesar de la paciencia propia y de la inferioridad física del Dépor. Los coruñeses resistían y, de repente, a la vera de la luz de Mario Soriano, eran capaces de progresar y amenazar con espacios. Ahí tuvieron varias acciones en las que levantó a la grada y en las flirtearon con el gol, aunque sin éxito.Ya no había rebotes.

Deportivo - Cádiz

Deportivo - Cádiz / Casteleiro

Para entonces el Cádiz ya había tocado a rebato, aunque tampoco es que estuviera recogiendo una excesiva cosecha de ocasiones de gol. El Dépor y el deportivismo tampoco se sentían amenazados, más allá de algún centro que cargaba el área. Algún seguidor ya paladeaba el triunfo, pero en una jugada de fútbol directo de García Pascual y de potencia y puntería de Tabadze se les escurrió el triunfo. Cara de tonto. Habrá que seguir peleando, buscando. Los túneles siempre tienen un final.

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