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El ex jugador del Deportivo que conquistó Riazor viendo por un solo ojo

Jugó en A Coruña a finales de los años 70

Las Palmas - Deportivo

Las Palmas - Deportivo / LOC

Carlos Miranda

Carlos Miranda

El Deportivo llega a una cita en Gran Canaria en la que, más allá de la exigencia y de las apreturas clasificatorias ante un rival directo, siente cierta familiaridad ante la huella que han dejado los jugadores canarios en Riazor. Aún está Manuel Pablo dirigiendo al filial después de haber hecho una carrera de casi dos décadas en el césped de Riazor y es imposible en la historia reciente no fijarse en Valerón y en todos los que llegaron a su estela, que dicen mucho, pero que evocan una época: Rubén Castro, Momo, Aridane, Aythami, Fabricio... y ahora el propio Yeremay Hernández.

Todo empezó con Hilario Marrero y esa fuga de película de Gran Canaria para fichar por el Deportivo en los años 20 del siglo pasado, hace casi 100 años. Por el medio hay mucho más historias que cobran vigencia y vigor ahora que se enfrentan ambos equipos en la cabeza de Segunda División. Una de ellas protagonizada por Felipe Ojeda del Rosario, Trona (Las Palmas, 1949), deportivista únicamente en la temporada 77-78.

Limitaciones que no impidieron que su fútbol aflorase

"De pequeño me di un golpe y tenía limitada la visión un 99% en un ojo. Ya me operé, pero entonces tampoco había ningún problema. El otro trabajaba más, tenía el ángulo más abierto. Jugaba perfectamente, le daba con la derecha y con la izquierda". Trona hablaba hace unos años con naturalidad y sin complejos en LA OPINIÓN de una limitación que no le impidió encandilar al Insular y a Riazor. Él había formado parte del mejor Las Palmas de la historia, el que jugó en Europa, y de repente aterrizó un mes de enero de 1978 en un Dépor pleno de urgencias, coqueteando con la Segunda B. Un impacto que no fue menor, a pesar del poco tiempo que disfrutó sobre el césped. Su aval, la calidad. "No me favorecían los campos, pero me adapté al grupo y sobre todo ellos se amoldaron a mí. Antes de empezar vi al equipo y jugaba de una manera un poco monótona y conmigo cambió el chip. Puse mi granito de arena. Yo creo que por eso hay gente que me recuerda, por mi forma de jugar", confesaba desde Gran Canaria.

"Me encanta hablar de A Coruña", recordaba Trona nada más descolgar el teléfono. Unos lazos de unos meses que han perdurado en el tiempo. "Cuando me juntaba con Betancort (meta del Dépor en la 62-63 y fallecido en 2015), nos gustaba recordarla. Aún tengo relación con gente de allí. Hablo de vez con Pancho García. Al principio no conectamos, pero luego nos hicimos muy amigos. Él era un líder y yo le reste algo de protagonismo. Pero se dio cuenta de que era mejor conmigo que sin mí. También nos pasó aquí en Las Palmas con Germán. Nos eclipsaba". El fino medio de gran estatura, una especie de "Busquets, pero con más zancada", según sus palabras, consideraba que no haberse quedado en el Dépor, más allá de aquellos meses, fue "un gran error". Recuerda a futbolistas como "Gallego, Piris, Cantudo o Alfonso Castro" y hablaba con mucho cariño de la ciudad. "He vuelto cinco o seis veces y tengo ganas de regresar otra vez. Vivía por la zona de la Casa de los Peces. No estaba lejos la Torre de Hércules, todo eso está ahora muy cambiado".

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