"Como madre estoy tranquila porque a Yeremay le han tratado de maravilla en A Coruña, le quieren y le cuidan"
Desde el barrio grancanario del Polvorín, Vanesa Cubas repasa los inicios de la estrella del Deportivo e insiste en su humildad: «Sigue siendo el mismo de siempre» | 40 familiares y amigos le irán a ver el sábado en el estadio de Gran Canaria ante la UD Palmas

Vanesa Cubas, madre de Yeremay Hernández, sujeta la camiseta de su hijo en su portal de El Polvorín / LP/DLP
Carla Gil Alberiche
A Vanesa Cubas le brillan los ojos cuando escucha el nombre de Yeremay. Está nerviosa. Falta unas horas para que su hijo pise el Estadio de Gran Canaria para medirse a la UD Las Palmas. Lo hará respaldado por más de 40 familiares y amigos, que ya apuran los preparativos y las camisetas para apoyar al ‘10’ del Deportivo. «Si el sábado marca claro que lo va a celebrar», dice su madre. «Lo celebra él y lo celebramos todos nosotros, porque el Deportivo es su equipo y donde es feliz», apunta. Ella es el fiel reflejo de lo que significa la humildad en la familia de Yeremay, porque a pesar de la fama de su hijo, la vida sigue siendo igual. «Vivimos en los edificios de siempre, en la casa de siempre y cuando Yeremay viene de vacaciones sigue quedándose aquí, conmigo en la habitación porque es muy madrero», indica Vanesa.
Una madre que no se esconde al hablar del orgullo que siente por Yeremay, el jugador más valorado de Segunda División con 25 millones de euros. «Se fue siendo un niño y su madurez sorprende a cualquiera», recalca con lágrimas en los ojos. «Como madre estoy tranquila porque en A Coruña le han tratado de maravilla. Le quieren mucho y le cuidan», asegura. En su barrio, El Polvorín, destacan la sencillez de un niño al que no se le ha subido la fama a la cabeza. Ese que sigue paseando por los rincones que le vieron crecer y dar sus primeros pasitos con el balón en los pies. «Sigue viniendo por aquí cuando tiene vacaciones, le hemos visto en varias ocasiones y siempre se para con todo el mundo», explican sus vecinos.
Yeremay apuntaba maneras desde que era un renacuajo y aprovechaba el papel albal del bocadillo del cole para hacer una pelota y jugar. Entrenar siempre fue su pasión, y desde que era un niño se desvivía por el escudo que defendía. Su madre no ha olvidado la anécdota de cuando le tuvieron que dar cuatro puntos en la cabeza y al día siguiente jugó. «Yo no paraba de llorar y él me decía: 'mamá, mañana voy a jugar y voy a marcar cuatro goles, uno por cada punto que tengo'», recuerda Vanesa. Yere cumplió su palabra. Marcó sus cuatro goles y uno de ellos fue para su madre, la persona que siempre tiene presente.
Los de toda la vida
El amor por Yeremay Hernández es tan grande que no solo su familia y amigos quieren estar presente en su reencuentro con el Estadio de Gran Canaria, sino también sus vecinos de toda la vida. «Rosita siempre ha estado, es como su abuela y la primera que nos pidió ir cuando supo que venía a jugar», explica Vanesa, quien ve el futuro de Yeremay «muy ilusionante».
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