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0-1 | El Deportivo cae con el orgullo intacto

Riazor disfrutó de una noche mágica en la que el equipo coruñés rozó el gol en varias ocasiones, pero no logró perforar la portería de Musso | Griezmann, de libre directo, decidió el encuentro a la hora de juego

Xane Silveira

Xane Silveira

A Coruña

El Deportivo se desfondó en busca de una gesta imposible con la que llegó a soñar hasta el último momento. El premio no eran los cuartos de final, inalcanzables, imposibles ante un Atlético de Madrid al que le valió un solitario tanto de Griezmann de libre directo, sino la imagen de un Riazor a rebosar que se unió con fidelidad a su equipo e hizo temblar los cimientos rojiblancos. Eddahchouri rozó el tanto; Mulattieri se quedó cerca. Al cuadro coruñés le faltó esa pizca de suerte tan necesaria en las grandes hazañas. No hubo traje de súper héroe. Los de Simeone no dieron oportunidad a otra foto histórica.

Desde la primera nota del himno gallego, con el que atronó Riazor, la grada blanquiazul vibró y apretó, vestida de gala para la cita, y con la conciencia puesta en ser ese indispensable número 12 de las grandes epopeyas. El Dépor correspondió a su gente desde el primer momento con un esfuerzo titánico. Primero para resistir las acometidas continuas del equipo rojiblanco, volcado en el inicio con fuerza por el sector que defendían Quagliata, Charlie Patiño, Barcia y José Ángel. Tuvo que sufrir. Tuvo que sentir sonar la madera. Pero el cuadro de Hidalgo cumplió el primer objetivo del día: resistir. Al menos, hasta la primera hora.

El Deportivo compitió. Apretó los dientes y luchó con apuros y luego con osadía. Sabedor de la diferencia entre ambos equipos, el coruñés se plantó con un firme 4-4-2 y volcó su plan a los contraataques. Apenas tres minutos tardó Julián Álvarez en dar el primer susto. Sin embargo, el Dépor fue valiente, también en la presión, y no se dedicó solo a achicar agua y sobrevivir. Poco a poco los blanquiazules se soltaron y lograron frenar el ímpetu visitante, que se dejó llevar por la falta de tensión de un partido que creían que sería más accesible.

Ruggeri fue el primero en hacer sonar la madera a los 15 minutos. Respondió Riazor con fuerza y poco a poco el Dépor empezó a sumar tiempo con balón. Le faltó, eso sí, más calidad en los últimos metros para ser una amenaza real. A la media hora, en un impás que se tomó la grada para recordar a Jimmy, presente cada jornada, más en un día como el de ayer, Zakaria Eddahchouri hizo enmudecer a Riazor con un testarazo que atajó Musso. Fue la más clara de los coruñeses. Al filo del descanso, el Atlético despertó. Elevó la presión y puso en serias dificultades a un cuadro local que agradeció el descanso. Apareció entonces Parreño para evitar el tanto de Julián tras una jugada en la que Griezmann se había quedado solo. Poco después, el larguero sacudió un disparo imposible del francés.

Se metió tanto en el papel de mata gigantes que, nada más arrancar el segundo tiempo, Eddahchouri volvió a rozar el gol tras una llegada por la izquierda de Quagliata en la que el italiano penetró totalmente solo. Al intentar golpear, la pelota le cayó al neerlandés, que no logró superar a un Musso muy apurado después de que la pelota saliese rebotada hacia su portería. Se libró el Atleti y volvió a rugir Riazor con la valentía de su equipo.

La calidad hace la diferencia

El Atlético despertó a tiempo para no meterse en un lío histórico. Elevó la presión y Simeone dio entrada a Almada, Sorloth y Barrios. Ni dos minutos pasaron hasta que los rojiblancos, a través de una falta muy dudosa en la frontal, se adelantaron. Griezmann colocó el balón en la escuadra y Parreño no pudo llegar a atajarlo.

Hidalgo se volcó. El Dépor empezó a notar el cansancio. Los esfuerzos costaban más y las líneas empezaban a distanciarse. Pero el técnico catalán dio entrada a Noé Carrillo y Yeremay Hernández. Talento para afrontar una remontada imposible. Riazor lo agradeció. Su equipo lo intentó con toda su alma. Podía más el corazón que las fuerzas para intentar el empate.

Pasó el tiempo de medir esfuerzos. El Atlético se resguardó. Le servía el insulso 0-1 tras una pobre actuación salvada por su capitán. El paso al frente local fue notorio y Mulattieri dio otro gran susto con un inapelable testarazo que se fue rozando el larguero. A la épica le estaba faltando ese punto de buena fortuna que se necesita para alcanzar la gesta. Pero no fue por valentía ni intención. Los últimos minutos del partido fueron de claro dominio blanquiazul.

«Sí se puede», gritó un Riazor encendido en el descuento. El Deportivo lanzó todo lo que tuvo en busca de un gol que nunca llegó. El Atlético resistió sin llegar a sufrir más incomodidades. El cuadro coruñés se despide de la Copa del Rey con el orgullo intacto. Con la cabeza alta. Con la certeza de haber llegado hasta su límite físico y competitivo. Ahora queda lo importante: la liga. Para que este duelo vuelva a ser el pan de cada día. Hará falta más noches de gala como la de ayer.

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