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El día que el Deportivo y el Racing de Santander firmaron un traspaso múltiple tipo NBA: seis jugadores implicados

Una operación que va a cumplir 20 años

Los presidentes del Racing y el Dépor, Francisco Pernía y Augusto César Lendoiro, en Riazor. / fran martínez

Los presidentes del Racing y el Dépor, Francisco Pernía y Augusto César Lendoiro, en Riazor. / fran martínez

Carlos Miranda

Carlos Miranda

Ahora que se han puesto de moda en redes sociales esos trends de 2016 que despiertan la nostalgia, hay que remontarse una década más atrás, a 2006, para encontrar el último de esos traspasos múltiples a los que Lendoiro se hizo muy aficionado y que disfrutaba modelándolos, añadiéndoles jugadores por sorpresa y poniéndoles nombre. De la famosa operación Avecilla a aquella de Toro Acuña, Jesús Muñoz y Emerson con Atlético y Zaragoza o al cobro de la venta de Schurrer a Las Palmas por la que llegaron Momo y Rubén Castro a A Coruña. No han sido pocos esos movimientos imaginativos de Augusto César Lendoiro que sorprendían a un fútbol español de hace veinte o treinta años que no estaba acostumbrado a este tipo de trades más propios de la NBA, aunque en este caso no hubiese que encajar masas salariales controladas por LaLiga. Eso sí, había clubes, sobre todo el Deportivo, ya golpeados por sus finanzas, que debían buscar soluciones especiales a sus problemas deportivos y económicos. Hubo seis jugadores implicados en ese trasvase entre el club coruñés y el Racing de Santander, en diferentes modalidades: traspasos a coste cero, préstamos, compras, compartición de derechos federativos, cantidades a cobrar de futuras ventas...

Todo empezó el 30 de junio de 2006 cuando José Francisco Molina, una institución con seis años de reinado en Riazor, acababa su contrato y ni quería renovar ni el Dépor estaba en disposición de poder atarlo. El hueco en la portería era enorme y Lendoiro y Caparrós se fijaron en un guardameta del Racing de Santander que ya llevaba tres años en España, Dudu Aouate, para competir por el puesto con Gustavo Munúa. Una convivencia que acabó de manera abrupta con aquella pelea en la era Lotina. Pero antes de llegar a ese choque y de traérselo a A Coruña, el presidente del Deportivo debía convencer a su homólogo cántabro, Francisco Pernía, quien era un recién llegado al cargo, pero que había arribado con pujanza al puesto. El dirigente del Sardinero aprovechó el fuerte interés para cumplir uno de los deseos de él y de toda su afición, la vuelta de Pedro Munitis. O habría traspaso con el ex del Real Madrid o Aouate seguiría en Santander. Ya se le buscarían los complementos y el encaje a la operación, pero esa premisa era innegociable para él. No habría dinero, solo intercambios. Al principio, Lendoiro no quería desprenderse del cántabro, pero luego vio que era imposible mantenerlo si quería seguir adelante con el trato y armarse bajo palos. Además, el zurdo pasaba por tener una de las fichas más altas de la plantilla, justo cuando al club coruñés ya le llegaban las apreturas.

Lendoiro y Aouate, en la presentación del portero israelí en agosto de 2006. / carlos pardellas

Lendoiro y Aouate, en la presentación del portero israelí en agosto de 2006. / / carlos pardellas

Mano a mano en cenas maratonianas

Eran los primeros días del mes de agosto y ambos presidentes se pusieron manos a la obra. Pernía aceptó jugar en el terreno de Lendoiro. Todo se resolvió después de varias cenas maratonianas y nocturnas en el local de hostelería de confianza del presidente blanquiazul. Todo con el asesoramiento del agente asturiano Eugenio Botas, quien llevaba a algunos jugadores de la operación, que ejerció de intermediario y que a día de hoy es el representante de futbolistas de la actual plantilla del Dépor, como Miguel Loureiro o futuros como Riki.

Surgieron infinidad de nombres en torno a una mesa y un mantel, entre ellos el de Lionel Scaloni, objeto de deseo de los cántabros que lo acabarían contratando un mes después cuando el presidente lo despidió, junto a Diego Tristán, por deseo de Joaquín Caparrós, quien no los quería en el vestuario. En la operación, además de Munitis (nuevo contrato hasta 2011) y Aouate (hasta 2010), acabaron entrando en un primer momento Momo, Rubén Castro y Antonio Tomás. Los dos primeros se irían cedidos un año a Santander; el pivote cántabro firmaba por el Dépor para las próximas cinco temporadas y ambos clubes compartían sus derechos a partes iguales, aunque el primer ejercicio también lo jugaría en El Sardinero a préstamo. Posteriormente, cumpliría su contrato en A Coruña con cuatro campañas vestido de blanquiazul, hasta 2011, año del descenso a Segunda División.

Antonio Tomás

Antonio Tomás / EFE

Esas parecían todas las sorpresas de una operación ya de por sí compleja, pero Lendoiro tenía un as guardado que sacó de la manga en la presentación conjunta de Aouate y Antonio Tomás que llegó unos días después. En esa comparecencia desveló que en el trato el Dépor se había quedado también con el 50% de un futuro traspaso de un desconocido cadete del Racing de Santander que apuntaba maneras. Se trataba de Sergio Canales, quien posteriormente haría carrera en el Real Madrid, el Valencia, la Real Sociedad y el Betis y al que solo sus lesiones de rodilla le impideron llegar más alto. Años después, en 2010, el club cántabro lo vendería por diez millones al conjunto blanco y el Deportivo amenazó con acudir a la justicia para reclamar sus derechos económicos.

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