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0-1 | El Reino de León le da una vida extra al Dépor

Un penalti a David Mella en el descuento rescata en pleno naufragio a un equipo sin fútbol y sin personalidad | El Tourmalet ya se acabó y el equipo se atasca también en el falso llano

Bil abraza a Yeremay

Bil abraza a Yeremay / Fernando Fernandez

Carlos Miranda

Carlos Miranda

Salvado por la campana y rezando a todos los santos. El Dépor sale con los tres puntos de León en un triunfo que no mereció y que linda con el terreno de los milagros. Lourdes, Fátima, Reino de León. Un penalti en el descuento a David Mella, otra vez suplente, le rescató tras un partido ínfimo y que devuelve al proyecto a una preocupante casilla de salida. ¿Qué ha construido en siete meses? ¿Dónde está el fútbol? Pasado el tiempo, se perderá la sensación de agobio, de nadería, y quedará el alivio, ese abrazo en la grada de León. Eso sí, tras el subidón y paladear esa plaza de ascenso directo en la que dormirá, debería haber mucha terapia en la caseta de Abegondo. El Sorianosistema no le va a llegar a un equipo que vuelve a involucionar y que destila una cabreante sensación de que malgasta el talento que tiene sobre el terreno de juego. Así no se va a sentar en la mesa de Primera División, por mucho que hoy centelleen y le obnubilen los puntos. El crédito no le sobra al proyecto.

Al Dépor se le había acabado la excusa de que el problema era la dureza de las rampas del Tourmalet. Ya la carretera había dejado de empinarse y el equipo seguía en las mismas: no tiraba, no traccionaba. Antonio Hidalgo buscó de nuevo el juego perdido y ese tan manido volumen, devolviendo a Mario Soriano a la base de la jugada y apostando por la pareja Stoichkov-Mulattieri, con Luismi en la banda. Mella, está claro, es el eslabón débil de la zona ofensiva de este proyecto, a pesar de que luego se convirtiese en salvador junto a Yeremay.

Para cuando el Dépor se quiso poner a jugar, la Cultural Leonesa ya había mandado una pelota al palo y había sembrado el pánico casi en cada transición. Un manojo de nervios. Era un equipo de mínimos el leonés, del que estaban aprovechados hasta los andares. Todo lo contrario destila el Dépor desde hace tiempo, reafirmado en la primera parte del Reino: el perfume sigue en el frasco. Jugadores frustrados y desubicados. Salida de pelota, inexistente y ahogada.

La última apuesta para rescatar el proyecto ha sido darle las llaves a Mario Soriano. Es el hombre que lo hace todo en el Dépor y que, aunque es buenísimo, no cuenta con una varita mágica ni es Superman. En la tela de araña que le planteó Cuco Ziganda, el madrileño estuvo diez minutos perdido. En todo ese rato no tocó la pelota y esa es siempre una mala señal para los intereses blanquiazules. Mientras tanto, Yeremay seguía más preocupado de engrosar la lista de caños que de dar continuidad al juego cuando el Dépor conseguía algo de ventaja sobre el terreno de juego. Eso sí, siempre sin transitar, lo que más le gusta y lo que menos le permitió el equipo local en ese primer tramo.

La Cultural seguía metiendo el miedo en el cuerpo, sobre todo, porque era un equipo muy compacto que le traspasaba una incomodidad extrema al Dépor. El problema era que en cuanto atisbaba la portería rival, se le nublaba la vista, porque faltaba calidad, no era el Racing de Santander. Para suerte de los blanquiazules.

Poco a poco y como esos enfermos que se recuperan de una anemia, el Dépor empezó a asomarse por la portería de Edgar Badía. No tiró a puerta en esos primeros 45 minutos, pero sí disfrutó de una oportunidad clara de Mulattieri, de un par de jugadas a balón parado y de un pase de la muerte de Adrià Altimira que no encontró rematador. Como casi siempre en los últimos meses, a partir del ex del Villarreal empezó a llegar algo de claridad ofensiva. Otro futbolista sobreexplotado. Luismi, Stoichkov o Yeremay, desaparecidos. José Ángel, peleado con el mundo y con la colegiada por la permisividad a unos jugadores de la Cultural que recurrían en exceso al contacto y a la falta. Lo mejor de todo era ese 0-0 al descanso y la sensación que, a la mínima que apretase o se aclarase, el Dépor se podía llevar el encuentro, porque tenía muchísima calidad que su voluntarioso contrincante.

La segunda parte, más de lo mismo

Esa luz no llegó en el segundo acto, tampoco vio Mario Soriano cómo le aligeraban de trabajo. La Cultural continuó ordenada y empujando lo que podía hasta que se le nublaba la mente por su falta de creatividad en los últimos metros. El Dépor seguía sin encontrar el mapa del partido, pero en un par de arrancadas y centros largos, mandó dos pelotas a los palos. De Luismi y de Mella. Todo muy sucio, todo improvisado.

Ante la incapacidad local, el Dépor terminó animándose, aunque fuese en jugadas aisladas, como en esa en la que Yeremay mandó un remate a las nubes después de un gran pase de Noubi a Mella. Unos instantes después, la más clara. Robo de Mario Soriano, que combinó y hasta llegó al remate. Olía a gol. La salvó Hinojo bajo palos. Minuto 64. Había latido en el Dépor. El suficiente para que Edgar Badia salvase, de nuevo, a su equipo en una gran volea del hombre para todo del Dépor, del madrileño.

El partido y el propio Dépor se acabaron diluyendo y muriendo en un partido que iba decir mucho de su supuesta mejoría . Los primeros cambios, con Patiño en la base, parecieron sentarle bien al equipo y tuvo una ocasión en un buen desmarque de Bil, al que le pudo la presión, el escenario y el momento cuando tuvo que rematar. Eso y poco más, con futbolistas de más peso, como Yeremay, sin dar señales de vida. Minutos más tarde, el doble cambio de Cuco Ziganda equilibró el duelo y hasta pudo llegar el 1-0 en dos pelotas colgadas al área. Con Noé en el banquillo, Hidalgo tiró de un doble lateral muy experimentado, Ximo y Escudero. Casi nada se movía, aunque el balear estuvo a punto de obrar el milagro en una llegada a pase de Soriano. ¡Cómo no!

Hasta que llegó Mella y el milagro y la vida extra y la cortina de humo que se debe disipar pronto si este Deportivo quiere avanzar y ascender. Los puntos sientan bien, no deben generar un efecto placebo.

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