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Fútbol | Deportivo

La eficacia salva los muebles de la delantera escueta del Deportivo

El tanto de Yeremay y el autogol de Javi Moreno sonrieron a un Deportivo que sufrió para generarle ocasiones al Albacete a través de la posesión de balón

Eddahchouri y Javi Moreno pugnan en una acción en la que ambos tocaron el balón con la mano.

Eddahchouri y Javi Moreno pugnan en una acción en la que ambos tocaron el balón con la mano. / Carlos Pardellas

Daniel Abelenda Lado

Daniel Abelenda Lado

A Coruña

Antonio Hidalgo achacó buena parte de la mala racha del mes de diciembre a una cuestión de pegada y de ocasiones desperdiciadas por sus hombres de ataque. Para recuperar la sonrisa en Riazor y alegrar a la parroquia blanquiazul, el Deportivo necesitaba encontrar la pólvora perdida, aunque fuese, a chispazos. El duelo ante el Albacete le obligó a tomar el papel protagonista, a elaborar con paciencia y a erosionar sin desesperación la zaga de los manchegos. Sin embargo, los tres puntos eligieron dueño en dos acciones casi puntuales: un destello de calidad de Yeremay, el de siempre, y un gol en propia de Javi Villar, con el permiso de un Ferllo providencial.

La estadística le otorgó al Deportivo 0,47 goles esperados en una tarde en la que una genialidad y un golpe de fortuna parecieron encarrilar un duelo que terminó, casi, pidiendo la hora. No es lo mismo tener la pelota que mandar y los blanquiazules, que dominaron la posesión, tuvieron que esperar a un chispazo de Yeremay para encontrar una rendija por la que romper el 0-0.

Eddahchouri jugó en paradero desconocido, salvo en una mano en el área rival, y Mulattieri se quedó con las ganas a empujar la sentencia en el descuento. Impacto muy escueto de los arietes para un Dépor que pidió la hora pese a marcharse 2-0 al descanso. Obeng, más allá de su tanto, creó pavor en la zaga y Álex Rubio paró el tiempo con un tiro al que solo reaccionó Ferllo con reflejos felinos. Dos goles merecieron los manchegos y medio los blanquiazules, según la estadística. La realidad sonrió a los de Hidalgo, que salieron airosos, pero el resultado no siempre salva las formas.

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