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Un exjugador del Deportivo explica su temporada en A Coruña: "Casi llego a las manos con el segundo de Toshack"

Vistió de blanquiazul en los años 90

Deportivo 1994-95

Deportivo 1994-95 / APD

Carlos Miranda

Carlos Miranda

Mucha literatura ha corrido sobre el maravilloso sinsentido que fue el Superdépor. Un grupo de jugadores maravilloso, un presidente con instinto inigualable. Había una disparidad entre las conquistas deportivas y los medios que era sideral, pero así se fraguó aquella irrupción. Se fue corrigiendo con los años, pero en los 90 era enormemente acuciante y sorprendía sobre todo a los jugadores que venían de equipos grandes.

Uno de esos futbolistas que fichó Lendoiro fue Julio Salinas, que estuvo solo un año en A Coruña. El vasco explicó hace unos días en Instagram el club que se encontró y lo que le chocó aquella realidad: "Era un momento complicado, estaban con la moral baja. A nivel personal los palos que me estaban dando por el Mundial (94) eran muchos. Me encuentro a un equipo de Champions, fenomenal. No se correspondía la magnitud del equipo con las infraestructuras. Nos cambiábamos en Riazor e íbamos a entrenar en autobús a la Torre de Hércules y luego con la lluvia, mojados, teníamos que volver a ducharnos en Riazor. El club era solo un piso de 100 metros en el centro de A Coruña, con dos oficinistas y absolutamente todo lo llevaba Lendoiro", apunta antes de elogiar cómo se manejaba en la precariedad: "Pero él lo hacía muy bien. Fue capaz de fichar a dos extranjeros campeones del mundo, no sé cómo lo pudo hacer. Y tenía a Djukic, un libre increíble. Y luego fichaba a jugadores de Madrid, Barça, Atlético y Valencia que rondaban los 30 años y que venían con la carta de libertad como Donato, Voro, Aldana, Rekarte o yo".

Encontronazo

Apunta que la temporada, a pesar de las lesiones, le fue bien porque hizo 12 goles en 24 partidos y renovó por una campaña más: Aun así, a los 12 meses acabó marchándose y, a su juicio, el culpable tenía un nombre: "Me mató el cambio de entrenador. Se marchó Arsenio y llegó Toshack. No sé si es porque soy bilbaíno y estuve muchos años en el Athletic y él en la Real, pero eso fue mi perdición", apunta y prosigue: "Había renovado un año más en el Dépor porque tenía una cláusula en la que si marcaba más de diez goles seguía. Como hice 12... La llegada de Toshack me hizo la vida imposible porque hacía entrenar a los suplentes en otro campo y yo eso no lo había visto nunca, no estaba acostumbrado. Pasaban los días, ganamos la Supercopa, pero mi situación llegó a un límite que yo ya no lo soportaba más. Tenía mucha ilusión por jugar la Eurocopa del 96 y para eso debía demostrarlo con goles. Cuando nos hizo entrenar aparte, tuvo mi rifirrafe, mis más y mis menos con su segundo, con Corral, y casi llegamos a las manos. La situación era insostenible. Así que un día me reuní con Toshack y le dije que me dejase marchar, que era insostenible. Él no contaba conmigo. Pero era como Cruyff, se metía en todo. Me decía que tenía que pagar y yo le dije: "¿Cómo? Si a ti no te afecta, si no me quieres para nada, si no cuentas conmigo"'. Insistía, parecía que el club era suyo. Y se salió con la suya porque tuve que pagar. El Sporting pagó 40 millones de pesetas. Al Dépor le salió la jugada redonda. Estuve toda la temporada a un gran rendimiento, no le costé nada y sacó por mí 40 millones. Ganamos dos títulos. Y así me fui a Gijón".

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