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El Deportivo-Eibar que propició la época dorada coruñesa

Trajo un estratégico fichaje de última hora y dio origen a una racha que le catapultó a Primera en 1991

Once del Deportivo en 1991

Once del Deportivo en 1991 / APD

Carlos Miranda

Carlos Miranda

"Estás jugando siempre con tanto riesgo que podía venir un día de estos, un día torpe, ciego, raro que acaba en desastre". Arsenio Iglesias matizaba, explicaba, pero tampoco ponía paños calientes aquel 28 de abril de 1991 unos minutos después de que finalizase un doloroso Deportivo-Eibar (2-3), la segunda y última vez que el equipo armero ha ganado en el estadio de Riazor en una trayectoria de duelos entre ambos con muy poco recorrido: 21 enfrentamientos. Fue la única derrota esa temporada de gloria en casa, también la última antes de que se quemase el meigallo y el club coruñés volviese 18 años después a Primera División.

Fue frustrante aquella tarde porque la debilidad del Deportivo en área propia y el colegiado le habían dado vida a un Eibar que veía como al inicio del segundo acto perdía por 2-1. Los goles de Igoa y Barriola consumaron la derrota, revolvieron al deportivismo y al proyecto y, aunque él mismo y la grada no lo supiesen, tambien les acabarían impulsando hacia el ascenso. Ya que llegaron fichajes y una racha victoriosa que les catapultaron a la máxima categoría.

Fichaje de Djukic

Carlos Ballesta, ahora consejero y entonces segundo de Arsenio Iglesias además de ojeador, estuvo en las semanas previas por los balcanes siguiendo jugadores, echando un vistazo a futbolistas que le pudiesen valer al Dépor en ese paso previo al asalto a la élite en una época en la que eran una quimera las bases de datos y el big data del que se nutre ahora el proyecto del arrollador Castellón. Estaba siguiendo a otro jugador y llegó a un hotel y, como no tenía nada que hacer y se "aburría", le preguntó a su contacto en la zona si había algún otro partido en la ciudad que pudiese ver. Le recomendó un partido del FK Rad, un conjunto menor de Belgrado y, casi de manera instantánea, le llamó a la atención un zaguero imperial de 24 años que defendía y jugaba la pelota, que tenía "buena patada" que diría Arsenio. El Dépor, tras convencerlo a él y a su familia y superar la competencia de otros clubes, terminó por traérselo. Aquel libre, que también trabajaba como técnico de excavadoras, había llamado también la atención de Nimes, Monpellier y Estrella Roja, el Sevilla preguntó por él. Le convencieron las buenas referencias que le dieron de A Coruña el exjugador blanquiazul Sredojevic y el agente Zoran Stojadinovic.

El Deportivo lo presentó en la previa del derbi ante el Celta, el siguiente partido tras el revolcón ante el Eibar. Ese duelo no lo pudo jugar porque aún había que resolver papeleo, aunque el equipo coruñés se trajo un punto y un positivo de Balaídos con el 0-0. Iba al límite para poder ascender. A la semana siguiente, Djukic fue titular ante el Salamanca (2-1 con gol de Villa en el minuto 90) y desde entonces el equipo coruñés no perdió: cuatro triunfos y un empate. De ahí al ascenso agónico ante el Murcia. Y el resto es historia, aunque quizás nada hubiera ocurrido si aquel toque de atención ante el Eibar.

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