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Segunda División

1-0 | El Deportivo sobrevive a la pereza

Un gol de Eddahchouri bastó para que el conjunto coruñés, muy limitado, se llevase la victoria | Yeremay acabó expulsado

1-0 | Resumen del Deportivo-Eibar / Iago López

Xane Silveira

Xane Silveira

A Coruña

El Deportivo estuvo cerca de pagar la zozobra de un espeso encuentro que se complicó más de lo debido. Un solitario tanto de Zakaria Eddahchouri sirvió para compensar las dos horas de poco fútbol y muchos bostezos ante un Eibar venido a más al que los blanquiazules dejaron crecer en el partido y rozaron el empate como meses antes habían logrado en Ipurua (1-0).

Nadie tenía sobre el campo más ganas de celebrar un gol que Zakaria Eddahchouri. Un hombre que vive de la confianza. De la fe ciega en sus pies. Ayer, además, en un partido en el que desde el primer minuto le tocó pugnar una y otra vez con el poderoso Jair Amador, un zaguero de metro noventa con el que tuvo que combatir una y otra vez por arriba. Era una lucha perdida, pero el neerlandés no cesó su empeño. Se emparejó, soltó los brazos, y luchó. Fueron tantas que, tras alguna pérdida, Riazor respondió en desacuerdo. El plan de juego del Dépor en sus inicios se basó en buscar en largo al ariete. Desde el primer saque de puerta, prácticamente todos acabaron con un esférico sobre el punta. A lo clásico.

Aquello no sirvió ante un Eibar que, con tres zagueros pendientes, ganaban el primer envite y se centraban en alejar el rebote. Sí bastó para saltarse pasos. El Deportivo se llevó muchas segundas acciones que le permitió posicionar el bloque alto, atacar en estático, pero ya en campo rival. Ahí empezaron a combinar Riki y Mario Soriano, ayer acompañados por Diego Villares. La variante fue que el asturiano hizo de eje, el de Samarugo intentaba estirar, y el joker se movía con libertad, casi siempre en la mediapunta. Con el capitán por la izquierda, al Dépor le faltó un elemento en el interior derecho. Cuando el esférico llegaba a Mella, abierto al costado, y Zaka referenciaba a los centrales, nadie llegaba a romper en ese espacio que tan bien castiga Noé Carrillo en el Fabril de Manuel Pablo, un equipo que, en su categoría, saca la pelota y juega a placer.

Mario Soriano compensa un partido espeso

La primera ocasión clara fue para el Eibar, a los diez minutos de juego, tras una jugada elaborada desde abajo, con paciencia y mimo, que sirvió para responder a la presión blanquiazul, con Mario, Yeremay y Eddahchouri referenciando. El equipo local se expuso y estuvo a punto de pagarlo tras un balón a la espalda de Noubi y Loureiro, en inferioridad numérica ante tres atacantes. Javier Martón, máximo anotador armero, se plantó mano a mano con Ferllo, que metió una buena mano ante un disparo con la pierna zurda del ariete, que se quedó sin su octavo gol esta temporada.

El Dépor estuvo seguro en su circulación, sin colmillo, y sus primeras oportunidades nacieron del pie privilegiado de Sergio Escudero, novedad en el lateral ante la baja de Quaglaita por sanción. Apenas corrían unos segundos del reloj cuando Cubero sacó un centro olímpico de la línea de gol. Había superado a Magunagoitia y llegaba Eddahchouri. En el minuto 11, una decena después, el vallisoletano sacó uno de esos centros curvos suyos que no encontró rematador. Ya acechaba el neerlandés el área como un carroñero que vigila una posible presa.

El 9 sí tuvo más fe minutos después, cuando Mario Soriano caracoleó en el interior del área para romper la igualada. A falta de un plan de juego que dañase de verdad al Eibar, el talento siempre emerge para salvar a este Deportivo de pocos alardes. El 21 se internó en el área y sacó un centro raso que cazó Eddahchouri a placer. 11 partidos de Liga después, el ariete volvió a sonreír. En la celebración, Zaka se olvidó de la piña que se había formado alrededor de Mario para correr al banquillo a abrazar a Óscar Hernández, asistente técnico de Antonio Hidalgo.

1-0 | Resumen del Deportivo-Eibar

El Eibar mejoró con el paso de los minutos. La altura de Cubero y, sobre todo, la posición por dentro de Adu Ares, estaba haciendo daño a Sergio Escudero, por lo que Hidalgo, antes del descanso, recolocó a David Mella como carrilero zurdo sin balón. Tras la pausa, el de Espasande estaba instalado en el lado izquierdo para perseguir al lateral rival. Con el cambio, Mario Soriano pasó a cubrir el perfil izquierdo del medio y Yeremay el derecho en un claro 5-4-1. Siempre en respuesta defensiva ante lo que propone el rival.

Riazor pierde la paciencia

El Deportivo sesteó y jugó con fuego en una segunda parte muy insuficiente que pudo salir cruz. Riazor, cansada de los pelotazos en largo, a partir del descanso protagonizados por Escudero, se encabronó tras un balón al palo de Adu Ares en el minuto 66. Poco antes había tenido una ocasión clarísima tras internarse en el área totalmente solo, pero el extremo, que jugó de segundo delantero tras la pausa y mareó al equipo de Hidalgo, se tropezó en el último momento cuando se disponía a chutar.

La reacción de Hidalgo fue dar entrada a Charlie Patiño, Mulattieri y José Ángel. Beñat, en la misma ventana, sacó a Adu, empeñado en estropear el descanso blanquiazul. Todo el juego ofensivo hasta ese momento se reducía a na buena llegada por la derecha de Diego Villares, más cómodo en ese lado del campo en el perfil zurdo.

También entró Ximo, con lo que el Dépor se volvió a recomponer con el de Guadahortuna a pierna cambiada. Los blanquiazules, que no lograron dominar el duelo en una segunda parte muy espesa, evitaron que el Eibar generase más peligro, a excepción de una buena internada de Mada que cortó José Ángel.

Charlie Patiño tuvo la sentencia, pero perdonó a un Eibar que buscó otro empate agónico como el de Ipurua. No hubo épica, aunque la llegó a rozar de cabeza Magunagoitia, el portero, que cabeceó la última ocasión. Esta vez Lucas Noubi y Miguel Loureiro pusieron el candado a la portería de Álvaro Ferllo. Octava vez sin encajar este curso para un Dépor que no podrá contar con Yeremay ante la Real Sociedad B quien, tras forzar la quinta amarilla, cayó en la tentación de Marco Moreno y tras enzarzarse con el eibarrés, vio la segunda amarilla. Descansará, pero no cumplirá ciclo. La tangana, al menos, pareció despertar a Riazor y al equipo de una larga siesta de 90 minutos.

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