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El boirense de 19 años que caldeó el ambiente en Riazor

Rubén Gil, conocido artísticamente como DJ Gilito, es un joven amante de la música y el fútbol que el pasado domingo tuvo la oportunidad de vivir la mejor experiencia de su vida: pinchar en el campo del equipo de sus amores

Rubén Gil durante el espectáculo previo al partido que enfrentó al Deportivo contra el Granada, en Riazor.

Rubén Gil durante el espectáculo previo al partido que enfrentó al Deportivo contra el Granada, en Riazor. / Cedida

Iago Rodríguez

Santiago

Rubén Gil es un chaval de Boiro que recordará toda la vida el 8 de marzo de este año. Ese día tuvo la oportunidad de fusionar sus dos grandes pasiones: el fútbol y la música, y actuar como DJ en la previa y el descanso del encuentro que midió al R. C. Deportivo con el Granada.

Más conocido como DJ Gilito, el joven se gana la vida pinchando mezclas, una pasión que nació en su interior al presenciar por primera vez cómo estos profesionales trabajan con los ritmos: «Recuerdo que tenía ocho o nueve años cuando descubrí lo que hacían los DJs. Me marcó tanto que me animó a descargar un programa en el ordenador de mis padres para practicar».

Esta pasión siguió hasta que hace tres años pudo comprarse su primera mesa de mezclas. De ahí en adelante, se embarcó en una trayectoria profesional como pinchadiscos en fiestas y pubs.

Sin embargo, hay otro rasgo distintivo que le viene de antes: su amor por el fútbol y el equipo de su vida. «Desde que nací soy del Dépor. Mi padre y mi padrino me inculcaron este sentimiento. Ya desde pequeño voy al estadio cada vez que tengo la oportunidad», explica. Por sus venas corre sangre blanquiazul. Tal es así que el dinero que consiguió con su primer sueldo lo destinó a comprarse el abono del club para sí mismo y su hermano.

De sorpresa

Las circunstancias que llevaron al boirense a terminar animando al público de Riazor el pasado fin de semana se pueden considerar sorprendentes, pues no tuvo ni idea de que iba a plantarse en la cabina a pie de campo hasta el propio día del partido. «Fue gracias a mi novia. Ella sabe lo que significa el Dépor para mí y aprovechó la iniciativa que está llevando a cabo el club ofreciendo espectáculos cada jornada para comentarles mi historia por correo y probar suerte. Finalmente, le dieron la confirmación el domingo por la mañana (día de la jornada) y me llamó para decírmelo. No me lo podía creer», relata.

Todo fue tan rápido que Rubén apenas tuvo tiempo para asimilar lo que iba a vivir. «La noche del sábado había trabajado en Noia. Me fui a cama a las ocho de la mañana y a las nueve mi novia me llamó para darme la noticia. Solo pude dormir una hora por los nervios», recuerda.

Entonces, y como ya había hecho en tantas otras ocasiones, el joven acudió a Riazor, pero esta vez no fue solo a animar al equipo de sus amores, sino a poner en pie a la afición mientras el balón no rodaba. «En los momentos previos a coger la acreditación estaba muy nervioso, pero una vez me puse en la mesa ya todo fluyó», narra.

Un sueño cumplido

Sin pensarlo, este deportivista de cuna asegura que pinchar en el templo del fútbol coruñés «ha sido la mejor experiencia de mi vida. Un sueño cumplido».

El barbanzano tuvo libertad absoluta para moderar el espectáculo que hizo vibrar Riazor. «Como sé que va al campo gente de todas las edades me preocupé por pensar en un repertorio acorde al público, principalmente música de los 2000», señala.

Las linternas de los móviles de los aficionados siguieron así el ritmo de los temas que pinchó el adolescente, que al presenciar las gradas del feudo herculino viviendo su música no pudo evitar pensar en aquellos que hicieron posible este logro.

«Es sorprendente que haya podido hacer esto a mi edad. Se me venía a la cabeza mi familia y mi novia, que hizo esto posible, pero sobre todo pensé en los momentos tan duros que viví apoyando al Dépor. Fue muy emocionante», confiesa.

Apoyo incondicional

Rubén recordó por ejemplo su viaje en la temporada 2022/2023 a Castellón, cuando acompañó a su equipo en uno de sus peores momentos deportivos, la derrota en la fase de ascenso a Segunda División. «Hice 13 horas de bus hasta allí para apoyarlos», recuerda.

Al boirense aún le queda mucho por dar y que aprender como artista y, de cara al futuro, ya sueña con cumplir otras grandes hazañas como DJ: «Ojalá poder estar pinchando en una futura fiesta de ascenso a Primera División o en la Sala Pelícano».

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