Antonio Hidalgo, el «currante nato» que llevó al Málaga a Primera División
Marcó los goles del ascenso en 2008 y dejó huella | Salva Ballesta: «Se exigía mucho y, con el ejemplo, lo hacía con el resto» | Pablo Couñago: «Llevaba un entrenador dentro»

Sinama Pongolle y Antonio Hidalgo, en la celebración del segundo gol del Málaga ante el Tenerife. / EFE
«Éramos como el chiste. Un gallego, un catalán, un madrileño y un vasco». Pablo Couñago, ahora en labores de representación de futbolistas, aún dibuja una sonrisa cuando recuerda aquella camarilla que formó a partir de 2005 en el Málaga, junto a Iñaki Goitia, César Navas e Hidalgo. «Con Antonio ya había estado en las categorías inferiores de la Selección, coincidimos al fichar en el hotel y ya fuimos compañeros de habitación durante dos años en las concentraciones», relata de una etapa que vio al Málaga entre Primera y Segunda División y que acabó alumbrando a un héroe del ascenso, el último futbolista que llevó al Málaga a la máxima categoría, en 2008. Ese jugador se sentará este sábado en el banquillo del Deportivo.
Pero la impronta de Antonio Hidalgo va más allá de esos dos goles al Tenerife en una calurosa tarde de junio en La Rosaleda hace casi 20 años. Dejó una huella que aún esboza otro histórico de Martiricos, como es Salva Ballesta. «Era un currante puro, era extraordinario, lo quería todo el mundo en el vestuario», avanza el exariete, ahora en los banquillos de Algeciras, UCAM, San Fernando o Estepona. «Se exigía mucho, era muy trabajador. Sinceramente, no tenía que pedirle ni apretarle al resto, porque ya con el ejemplo... La gente decía: ‘Si este tío trabaja así, yo no puedo ser menos’. Todo lo que pueda decir de él es bueno, le tengo un cariño enorme», confiesa el internacional español.
«Era un medio con carácter y mucha llegada. Ayudaba en defensa y ataque», asegura Couñago quien vio una evolución en ambos, propia de la edad: «Llegamos con 25 o 26 años al club. Ahí hay una transición, porque poco a poco fuimos cogiendo peso en el equipo. Yo con el descenso a Segunda División me voy a Inglaterra, pero él se queda un año y es cuando vive el ascenso». Precisamente, ese día es el que más recuerda Couñago, aunque lo viviese de espectador, ya que «estaba de vacaciones» en la Costa del Sol. «Ese año ya era un veterano que jugaba todo, que tenía otro estatus. Y ese día... Durante el año marcó catorce goles, siendo un centrocampista. Una barbaridad. Era, además, el primero que entrenaba y se cuidaba muchísimo en una época en la que no había esa cultura», contextualiza.
Llegador y técnico en potencia
Salva Ballesta refuerza el tipo de futbolista con el que jugaron tanto él como Couñago: «Tenía mucha movilidad y una definición enorme. Su llegada de segunda línea... En Málaga se acabó convirtiendo en un icono», reafirma un Ballesta que volvió a coincidir con Hidalgo en Albacete en el ocaso de la carrera de ambos, la última aventura del delantero: «Ya veníamos los dos de caída y teníamos otras responsabilidades en el vestuario». Después de Málaga y antes de llegar al equipo del Carlos Belmonte, pasó por el Zaragoza y, a mitad de temporada, ya estaba en Primera de nuevo con Osasuna. Tras dejar a los manchegos, vivió una segunda etapa en el Tenerife, otra en el Sabadell y una última en el Cornellà, ya al lado de casa, antes de lanzarse a por los banquillos.
«Ya se veía entonces que llevaba un entrenador dentro. Opinaba, Dirigía...». Pablo Couñago ya sabía que Antonio Hidalgo continuaría ligado al fútbol. Salva Ballesta es más descreído con ese tipo de premoniciones, aunque admite la ascendencia del entonces medio de Canovelles en el grupo: «Es cierto que él era más hablador y más participativo, pero yo creo que eso no se puede anticipar». Se pudiera prever o no, Hidalgo ha hecho carrera y ahora quiere llevar al Dépor a Primera, como hizo con el Málaga.
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