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El gol de Albert Luque al Málaga que dio la vuelta al mundo: la rebelión del suplente y el germen de su peña en el Deportivo

Hace algo menos de 24 años de uno de los tantos que levantó con más fuerza de sus asientos a la grada de Riazor

Luque celebra su gol de chilena al Málaga

Luque celebra su gol de chilena al Málaga / CARLOS PARDELLAS

Carlos Miranda

Carlos Miranda

Albert Luque le costó 14 millones de euros al Deportivo en el verano de 2002. A pesar de este fuerte desembolso, imaginable en los últimos años de penuria del club coruñés, no fue nada sencilla la vida para el catalán en sus primeros meses en A Coruña. Su condición de fichaje estrella no le aseguraba la titularidad porque tenía que pelear por un puesto con un Roy Makaay, que acabaría siendo esa temporada Bota de Oro europeo (29 goles), y con un Diego Tristán, que arrastraba problema físicos, pero que venía de jugar el Mundial de Japón y Corea con España y de ser pichichi de LaLiga en la campaña previa. El Dépor, en el medio de un maratón con la Liga, la Copa y la Champions, repartía minutos en un momento en el que Irureta empezaba a instaurar las rotaciones en A Coruña. Aun así, a Luque, más en el banquillo de lo que él hubiera deseado, solo le quedaba aprovechar los ratos que le concedían y una de esas veces fue ante el Málaga el 15 de diciembre de 2002 con un gol que dio la vuelta al mundo.

Se acercaba la hora de partido e Irureta miró al banquillo porque el Málaga de Contreras, Fernando Sanz, Dely Valdes, Darío Silva se había hecho fuerte en Riazor y no había manera de marcarle un gol. Lo intentaba el equipo coruñés con Juan Carlos Valerón destilando fútbol, pero la muralla seguía en pie. El irundarra dio entrada a Albert Luque por Diego Tristán. Durante muchos minutos todo siguió igual, el 0-0 era inamovible. En el 86, ya casi a la desesperada, Makaay metió una pelota a las inmediaciones de Contreras que, tras un control largo, a Luque se le quedó a medio altura y casi a la altura de la línea del área grande. El catalán, de espaldas a la meta, no se lo pensó y enganchó una chilena que entró perfecta por el palo. 1-0, Riazor se caía. Había jugadores con las manos en la cabeza, como Sergio o Duscher, los pañuelos se multiplicaron entre la afición que estaba presente.

El presagio y la infravaloración

Ese tanto fue el refrendo a esa pancarta que ya se veía en la grada de Riazor y que decía "¡Que salga Luque!". Aquellos partidos, aquella reivindicación y aquel gol fueron el germen de su peña en Mera. Él le dedicaba sus goles y hacía extensible su petición al técnico. Aquel día, a pesar del revés de empezar en el banquillo, el fallecido doctor César Cobián, muy cercano siempre a los jugadores, le dijo antes del partido que esa noche iba a marcar el tanto del triunfo. Era una manera de animarle, de activarle y fue premonitorio. Joaquín Peiró, técnico del Málaga, le restó mérito. La bella factura del tanto, de todas maneras, hizo que el gol volase por toda Europa. Aún no existía ni Facebook ni X ni Instagram, pero había otro tipo de canales para generar difusión. Luque fue poco a poco ganando protagonismo, mientras Tristán lo perdía y Makaay era inamovible. Unos meses después, se marcharía el holandés al Bayern Munich y regresaría Pandiani de su préstamo al Mallorca. El catalán se fue haciendo importante hasta ser traspasado al Newcastle en 2006 por una cantidad muy cercana a la que le hizo dejar Son Moix por Riazor en 2002.

Ese día Luque ajustició al Málaga, un equipo en el que había estado cedido por el Mallorca en la temporada 1999-2000 y al que regresaría años después, en 2008, para estar tres años en La Rosaleda, donde en 2011 dejó el fútbol de élite.

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