Diego Villares, el 'santo' al que le da alergia el banquillo
Se pasó dos partidos consecutivos como suplente, ante Real Sociedad B y Granada, algo inédito en sus cinco años en el primer equipo, e Hidalgo le ha vuelto a rescatar para darle equilibrio y sentido a su centro del campo | En nada jugará su partido 200 de blanquiazul y ya se ha colocado en el top 50 histórico

Diego Villares celebra su gol en Gran Canaria. / Fernando Fernandez

Diego Villares recogía sus pertenencias del banquillo, mientras el colegiado pitaba el final del Deportivo-Granada (0-2). Era la primera vez en sus más de cinco años en el primer equipo que se pasaba dos duelos seguidos esperando su oportunidad, sin catar el césped, por decisión técnica. Regresó ante el Ceuta a la semana siguiente y desde entonces, ha sido intocable. Solo las lesiones se han cruzado en su camino. Lo de siempre. Rubén de la Barrera, Borja Jiménez, Óscar Cano, Imanol Idiakez, Óscar Gilsanz, Antonio Hidalgo... Más allá de algún devaneo y de alguna prueba de alternativa, tentación de la que casi nadie se ha librado, han acabado todos los entrenadores confiando ciegamente o recurriendo a él por su capacidad para equilibrar el equipo o para abarcar campo. El técnico de Canovelles no ha sido una excepción. Es un seguro. Más de uno lo ha dejado un encuentro entre los reservas sin darle minutos, muchos han llorado sus cortas ausencias, que no han ido más allá de dos duelos por sanciones o problemas fisicos. Pero acaban volviendo a él. "Todos son mellores que Villares ata que tocan ser mellor que Villares", decía una pancarta hace unas semanas en El Molinón, que amenaza con ser habitual también en Riazor y en la que se podía ver al capitán vestido de santo e impartiendo la bendición. Y es que la historia es cíclica para él y, sobre todo, ha demostrado el vilalbés le tiene una alergia extrema al banquillo.
Llegó casi por accidente al primer equipo en 2021 cuando Abanca cerró el grifo para las contrataciones en el mercado de invierno y el Dépor se jugaba caer a la Tercera gallega. Fue entonces cuando Rubén de la Barrera se acordó de aquel pivote o lateral ocasional que volaba en el Fabril. "Ya se le notaba una energía diferente cuando subió", apuntaba hace años a LA OPINIÓN el entrenador, ahora llevando los designios de la Cultural Leonesa. Debutó en O Vao ante O Coruxo en un choque doloroso para un proyecto a la deriva. Desde entonces fue inamovible. Esa temporada ya jugó todos los partidos siguientes hasta final de curso.
En el próximo ejercicio, más de lo mismo con Borja Jiménez, solo se quedó en el banquillo en la jornada 20 frente el Zamora y fue baja en la 22 ante el Real Unión. En el resto fue un fijo en una campaña que pintaba a ser redonda y que se torció a partir de enero. En la 2022-23, con el propio Borja, Óscar Cano y Rubén de la Barrera, ya padeció algún problema físico más al perderse los choques ante Cultural y Fuenlabrada en las jornadas 12 y 13 y también frente a la Cultural Leonesa en la 36, aunque en esa ocasión por decisión técnica. Era la segunda vez que su suplencia era la apuesta de un técnico del Dépor en tres temporadas.
Nueva era, misma situación
Se retiró Álex Bergantiños y el Dépor fichó a José Ángel y Salva Sevilla, pero Diego Villares siguió ahí a las órdenes de Imanol Idiakez. En las malas, en las regulares, en las buenas. Estuvo de baja, de nuevo ante la Cultural en la jornada 19, y lo jugó todo hasta que en la 36, después de una semana de festividades por el ascenso ante el Barça B, el técnico vasco lo dejó en el banquillo ante la Real Sociedad B en Zubieta. Volvió para cerrar la liga ante el Real Unión y jugar la eliminatoria de Campeones frente al Castellón. Todo cambia, menos él.
El asalto a Segunda División tampoco le ha hecho excesiva mella. En la 2024-25, nunca se fue al banquillo por decisión técnica, solo estuvo de baja en las fechas 22 y 31 frente a Málaga y Castellón, los dos encuentros a domicilio. La confianza siguió con Idiakez y se mantuvo con un Óscar Gilsanz que incluso lo había entrenado en las categorías formativas en el Racing Villalbés. Varió todo a su alrededor. Mario Soriano, de mediapunta o en la base; José Ángel regresando... Pero él, nada, ahí, en su sitio.
En este ejercicio, tras superar el trance de esos dos encuentros inédito ante la Real Sociedad (2-3) y Granada (0-2), ha regresado con fuerza. Gragera hace meses que no juega, Riki tiene minutos con él o debe esperar su oportunidad. El capitán cayó también en la fecha 18 ante la Real Sociedad B por sanción, en la 24 frente a la Cultural por decisión técnica y en la 33 ante el Córdoba por lesión.
Una cifra mágica y la renovación
Diego Villares va camino de los 200 partidos con la camiseta del Deportivo. Lleva ahora mismo 196 oficiales entre todas las competiciones y debería llegar a esa cifra antes de que acabe el campeonato. Es una cota que impone y que le coloca ya en el top 50 de jugadores con más encuentros jugados con la elástica blanquiazul. Aún está lejos de los 700 de Fran, pero tiene mérito, sobre todo porque empezó tarde, con 24 años, y solo cuenta con 29. Un lustro muy productivo. Para colocarse en el top 20 necesita una centena más y 150 si quiere asomarse al top 10. Palabras mayores. Si el club coruñés es capaz de subir a Primera, la exigencia se incrementará y puede generarle desgaste a su protagonismo, aunque ha demostrado que es capaz de que su nivel de juego no se resienta, a pesar de que el listón esté más alto. De momento, tiene contrato hasta 2027, pero existe una sintonía total entre él y el club para poder ampliar esa vinculación en cualquier momento. Es el primer capitán y lo seguirá siendo mucho tiempo, siempre que la entidad blanquiazul así lo desee. Esa es la intención de ese chaval de Samarugo que siguió en Abegondo, más allá de lo que aconsejaba el sentido común, y logró asaltar el primer equipo cuando nadie lo imaginaba. Ahora no hay quien lo mande al banquillo.
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