Segunda División
1-1 | El Dépor regala dos puntos en un final loco en El Alcoraz
El Deportivo tenía la victoria en su mano hasta que un error de Charlie Patiño permitió a Carrillo empatar el encuentro
Piña y Yeremay golpearon el palo en un descuento descontrolado que acabó con una expulsión

Giacomo Quagliata se tapa la cara y, al fondo, Luismi se lleva las manos a la cabeza / Fernando Fernandez

El Deportivo tenía el guion de su victoria listo para entrega. Maquetado, cerrado y revisado. Iba a ser un 0-1 clásico: media hora de zozobra, cinco minutos de vendaval ofensivo y tres puntos para el bolsillo. Liderato temporal, ascenso directo de manual. Claro que en El Alcoraz ni Antonio Hidalgo, ni José Luis Oltra, ni un Juan Carlos Escotet camuflado entre los aficionados desplazados a Huesca, se acordaban de que más allá de la jornada retro esto es la Segunda División y aquí en cualquier momento la locura puede explotar. Y lo hizo tras un regalo particular. 1-1 y todo el resumen será el tiempo de descuento.
El conjunto blanquiazul regaló dos puntos. No hay otra forma de verlo. Lo tenía en la mano tras un buen gol de Luismi Cruz. La victoria era casi un hecho que, además, se había trabajado con paciencia, tras un primer tiempo insulso, con un solo disparo a portería entre los dos equipos, y una segunda en la que el equipo coruñés empezó a buscar de verdad el triunfo tras los cambios. Bil Nsongo y Yeremay dieron, de verdad, una punta ofensiva al equipo, mientras que Riki sumó ritmo a una circulación lenta. Pero en los minutos finales, cuando parecía que todo estaba decidido y solo quedaba resistir, Charlie Patiño regaló el empate a Carrillo en un centro lateral que el inglés decidió controlar en lugar de despejar. Error fatal que resta dos puntos en un momento crítico en el que cualquier pequeño detalle se paga el doble de caro. No importó qué había hecho antes bien el equipo blanquiazul ni si tuvo el segundo después. Acababa de tirar todo por la borda en una jugada aislada.
El Deportivo tardó treinta minutos en probar a Dani Jiménez. Fue la única vez en una primera parte espesa en la que el equipo de Antonio Hidalgo terminó agradeciendo el silbatazo del vizcaíno González Esteban. El duelo vivía a dos colores, y ninguno era el blanquiazul visitante, de estreno con la camiseta retro para una jornada que apuntaba a añeja y no pasó de la chapa y pintura propia de cualquier teléfono moderno.
Con Mulattieri y Barcia como novedades en el once, el equipo coruñés sobó la pelota sin profundidad ni amenaza. Sin capacidad para romper el buen sistema defensivo planteado por José Luis Oltra, que taponó la circulación interior, anuló las combinaciones de Mario hacia sus compañeros, y privó al Dépor de atacar por su pasillo favorito. Solo Ximo y Altimira se salieron un poco del guion. El de Guadahortuna, de lateral, probó fortuna a los 28 minutos, en el único golpeo a portería, y poco después evitó un remate de Portillo en el interior del área. El Huesca se lo creyó y acabó mejor antes del descanso.
Segunda parte
Los cambios se hicieron notar pasada la hora de juego. Es una de las señas de identidad de este equipo, con amenaza titular y también con armas para cambiar encuentros desde el banquillo. Cuando la máquina carburó, el Deportivo se desató en ataque. Con una versión más voraz. Con verticalidad. Con el juego que, durante casi 60 minutos, había ido a dos marchas menos. Aceleró Yeremay, también Altimira, foco de las primeras grandes llegadas. El catalán conectó con Quagliata. De volea, el italiano rozó el tanto. Había que seguir intentándolo y fue Bil Nsongo de cabeza el que obligó a Dani Jiménez a volar para evitar el 0-1. Fue una cuestión de unos pocos minutos. El vendaval lo completó Luismi Cruz, tras un gran pase del talento canario hacia Quagliata, su mejor socio. El italiano lanzó un pase de la muerte que el gaditano recogió para, después, fusilar sin piedad, con un golpeo violento que incluso tocó en el larguero para poner al Dépor en ascenso directo.
Un final loco en El Alcoraz
El Dépor tenía tan cerrada la victoria que no contaba con activar el botón de autodestrucción para dejar escapar dos puntos que tenía en su mano. En un centro lateral sencillo de defender para cualquier jugador, Charlie Patiño intentó, en lugar de despejar, controlar con el pecho. El inglés regaló la pelota para que Carrillo empatase la contienda. Manos a la cabeza, pero quedaba todavía la mejor parte.
El Huesca se lo creyó tanto que rozó el triunfo y la derrota en el mismo minuto. El duelo se descontroló de tal manera que en pocos segundos el partido pasó de un palo a otro. Piña, a portería vacía, aunque casi sin ángulo, envió el balón contra la madera, ya con Ferllo superado. Hubo contraataque con Yeremay como protagonista, que se inventó desde lejos un golazo que no entró por milímetros. El balón del canario salió escupido tras chocar con el poste. Quedó tiempo para un contraataque más, esta vez de Bil, pero el veterano Pulido se sacrificó para evitar que el camerunés entrase en el área. Ni el libre directo ni el posterior córner a favor sirvió para evitar un 1-1 inesperado que deja al conjunto blanquiazul con la boca desencajada tras haber sido, durante algunos minutos, líder de la competición.
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