Segunda División
Bil Nsongo y Yeremay, una pareja que enciende al Deportivo menos dañino de la temporada
El equipo blanquiazul tuvo su peor dato de expectativa de gol en un mismo tiempo (0.05 xG durante la primera mitad)
Ambos jugadores apenas habían coincidido durante algunos minutos sueltos sobre el campo, pero lograron darle la vuelta a la cara ofensiva
El canario sigue sumando participaciones desde el banquillo

Yeremay se lleva las manos a la cabeza durante el partido ante el Huesca / Fernando Fernandez

Hubo un Deportivo antes de los cambios y otro Deportivo después. Más dinámico. Más voraz. Con más intención y hambre de ganar. Los pupilos de Antonio Hidalgo, hasta el momento, habían apostado por un plan más pragmático. Más lineal. Fácil de contrarrestar para un Huesca que se estaba jugando la vida. Riki, a través del pase, fue uno de los agitadores del duelo; y, en especial, la pareja formada por Bil Nsongo y Yeremay, prácticamente inédita hasta ahora, pero autosuficiente para cambiar el ritmo de todo un duelo. Algo más de media hora. A chispazos y al galope, de manera casi letal, el canario y el camerunés dieron la razón a quienes llevan tiempo queriendo verlos juntos.
Este fin de semana Antonio Hidalgo dio la oportunidad a Samuele Mulattieri en el centro del ataque para acompañar a Stoichkov, habitual titular desde la baja del canario. En su plan de partido, enfocado en contrarrestar el hombre a hombre que pretendía José Luis Oltra, el de La Spezia debía ser importante. "Lo que buscábamos era poner a nuestro jugador de más poderío en la última línea y a pierna hábil ante el Huesca que va mano a mano con el rival", explicó el técnico sobre la decisión. Sin embargo, el ligur se marchó a la caseta sin probar a Dani Jiménez y tras solo nueve contactos con el balón, traducidos en dos pases acertados de tres intentados, uno de ellos clave (pase que precede a tiro).
El italiano pasó completamente desapercibido durante los minutos de mayor zozobra de su equipo. Nadie le acompañó ni le abasteció. El Deportivo tardó 28 minutos en generar un tiro a portería que fuera entre los tres palos, y llegó de las botas de su lateral derecho, Ximo Navarro. Hasta entonces, la nada absoluta en ataque, atascados en una circulación lenta y espesa sencilla de frenar para los oscenses. Tal fue la inacción en área rival que el Dépor se marchó al descanso tras generar una expectativa de gol de 0.05 (xG, una métrica que mide cuántos goles debería haber marcado en función de la cantidad y la calidad de los tiros realizados). Es el peor dato de la temporada en una misma mitad de juego. Hasta ahora, la primera ante el Córdoba en la ida (0.06 xG), el primer tiempo ante el Racing de Santander en octubre (0.12 xG) y el segundo tramo contra el Zaragoza en Riazor (0.12 xG) ocupaban el podio.

Stoichkov, durante el partido / Fernando Fernandez
Bil y Yeremay, luz a la oscuridad
No todo fueron sombras en la parte ofensiva de un Deportivo que ha recuperado a Luismi Cruz a los goleadores casi siete meses después desde su última anotación. Pero, más allá del gaditano, que viene creciendo, destacó el cambio en la pareja de atacantes. Yeremay y Bil saltaron a la par al campo, como ante el Córdoba. La irrupción de uno ha coincidido con la pausa del otro, lo que ha impedido al público ver a ambos jugadores juntos salvo en algunos momentos sueltos. Fueron la revolución que necesitaba el equipo en su parcela ofensiva. El camerunés forzó una tarjeta amarilla en su primer ataque. El canario dio visos de crecimiento tras finalizar una jugada después de una pared con Luismi en la frontal.
Con ambos sobre el tapete, el Deportivo dio un paso al frente en cuanto a la velocidad de ejecución de sus ataques. Auspiciados por Riki, que elevó el ritmo de la circulación de balón, empezaron a entrar en juego Giacomo Quagliata y Adrià Altimira con mayor peligro. Todo sumó, empezando por el intangible de la actitud, palpable en la altura del bloque, la intencionalidad de los pases y la presión sin balón. El italiano tuvo la primera tras un centro del catalán que, poco después, sirvió un balón para un buen testarazo de Bil. No tardó en llegar el gol. Una avalancha corta y eficaz.

Bil busca un remate ante el Huesca / Fernando Fernandez
Ambas piezas elevaron el techo competitivo del equipo. Yeremay, con libertad para combinar, conducir y liderar los ataques. Bil Nsongo, en pocos movimientos, dejó patente la capacidad ofensiva de cada una de sus acciones, su fortaleza para ser una amenaza real en el área, y también para salir de zona y aprovechar su buen desmarque corto en los primeros metros, así como su cuerpeo.
Yeremay, desde que tuvo que parar por sanción y por los problemas en el pubis, solo ha disputado tramos de la segunda mitad. Cada vez más largos. Cuando entraba al campo, habitualmente, Bil se tenía que marchar, pero ambos demostraron el peligro que pueden generar juntos. En una de las últimas acciones del partido, el 10 chocó con el palo y, poco después, el 32 forzó la expulsión de Pulido. Impacto absoluto en un Dépor timorato.
Los datos del ariete refrendan su figura. En casi la mitad de tiempo, aunque en un contexto de juego muy diferente, Bil Nsongo sumó 17 toques, tres tiros (más que Mulattieri y Stoichkov juntos), completó dos regates y forzó dos tarjetas. Sumó, también, siete de ocho pases acertados y tuvo tiempo a recuperar tres balones y ganar cinco duelos, cuatro de ellos terrestres (con un 100% de éxito en estos). El camerunés es un perfil diferente, de área, que vive para el gol, pero también complementa a sus compañeros. Aguarda ahora al canario, un socio con el que apenas ha podido compartir terreno, de cara a una pareja que puede ser decisiva.
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