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Solo unas gotas de Yeremay para despertar los sentidos de Riazor

Un caño, un penalti y una cabalgada para levantar a Riazor y encoger el corazón ante el recuerdo de ese 10 que es un tesoro | Aún a medio gas, es diferencial

Yeremay ante el Mirandes

Yeremay ante el Mirandes / CARLOS PARDELLAS

Carlos Miranda

Carlos Miranda

Está Yeremay Hernández lejos de ser ese futbolista que maravilló y que le hizo perder la cabeza a más de un equipo europeo con el bolsillo lleno, pero es tanta la añoranza de su fútbol, de ese liderazgo apegado a la genialidad, que Antonio Hidalgo no quiso esperar mucho más. Fueron dos carreras en el descuento de El Alcoraz y una pelota al palo y llegó el momento de relegar a Stoichkov y volver a poner al 10. La necesidad también aprieta. Y, además, los buenos, aunque sea medio gas, deben estar siempre en el césped.

Primero fue un caño para alumbrar una contra, después un penalti certero y una de esas jugadas de tuya, mía que tanto le gustan para coger ritmo hasta, por fin, desatarse con una de esas cabalgadas que despertó todos los sentidos de Riazor. Fue como presentir a alguien por su perfume antes de verlo aparecer. El instinto de la grada blanquiazul reconoció a esa joya que se ha ido cincelando en Abegondo y que considera única y codiciada. Y encima se la dio a Bil Nsongo, ese socio, ese 9 inesperado. No falló para ponerle el lazo a un partido que se le había quedado en la nuez al Deportivo. No domina la escena, no muestra hechuras de equipo de ascenso, pero ahí está.

Vasos comunicantes

Es como Yeremay. Al equipo se le percibe aún a cuentagotas y, de momento, le va llegando. Su afición sufre y contiene la respiración y empuja para llevarlo a ese sitio del que salió hace ocho años. Una condena demasiado larga.

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