Segunda Divisón
2-1 | Ferllo y Noé salvan al Dépor de otro esperpento arbitral
El canterano desempató el partido en el primer balón que tocó después de que Juan Cruz igualase el primer tanto de Eddahchouri
El equipo coruñés duerme segundo tras 108 minutos de partido y un descuento eterno en el que el guardameta atajó un penalti

Mario Soriano abraza a Ferllo tras el pitido final / CARLOS PARDELLAS

¡Qué sufrimiento, Antonio! No hay otra forma en Segunda División. Lo agradecería el corazón de la gente. El Deportivo tardó una hora en abrir a un resistente Leganés. Duró tan poco la alegría lograda por Eddahchouri que parecía un final ya escrito hace años. Y emergió, primero, Noé Carrillo, como protagonista principal antes de un dramático descuento que llevó el partido a parecer una prórroga. Con un penalti (¿cuál?) y una revisión eterna. Riazor vio esfumarse el sueño del ascenso por otra negligencia arbitral, pero Álvaro Ferllo estaba ahí para salvar otro penalti. Especialista en los once metros. Puede valer un boleto a Primera División.
Todos corrieron a abrazar a Álvaro Ferllo. A llevarse su camiseta. Fue el héroe en un día en el que no quedaba espacio para más emociones. Primero iba a ser Eddahchouri; luego Noé Carrillo; pero el protagonista terminó siendo el cancerbero, que atajó un penalti tras un 108 minutos de juego. Un penalti irrisorio por una mano de Eddahchouri en una posición natural pudo costarle dos puntos a la escuadra coruñes. Esta vez no, dijo el tiburón.
"Que sí, joder, que vamos a ascender", cantó Riazor al acabar. Otra vez. Quien lo diría minutos antes, cuando el cántico era "manos arriba, esto es un atraco". No le faltaba razón a la gente, que atendió al último bochorno del VAR con Melero López a la cabeza y Alejandro Ojaos sobre el verde. Necesitaron casi diez minutos para decidir que Eddahchouri había tocado el balón con la mano. Imperceptible. Frente a frente, con la afición encendida, ganó el más frío. El que más cabeza tuvo. Mientras el corazón de todo el mundo iba a mil por hora, el de Ferllo fue de hielo para detener la pena al propio Diawara.
Antes, el fútbol había sido injusto con un Deportivo que había tenido ocasiones de sobra para ponerse por delante. Los casi 29.000 asistentes de Riazor sufrieron y lamentaron todas las oportunidades falladas. Se le hizo larga la espera a Riazor. El dominio blanquiazul fue indiscutible, pero algo pasaba al equipo de Antonio Hidalgo que siempre se atrancaba en los últimos metros. Un pase demasiado largo; un balón franco que no va a gol; e incluso Bil Nsongo, una máquina del remate, durmiéndose en boca de gol tras una asistencia pletórica con el exterior de Yeremay. Nada le salía al Dépor, que incluso pudo pagar su temeridad, con Juan Cruz explotando un agujero en el sector derecho.

Deportivo Leganes / CARLOS PARDELLAS / LCO
El Deportivo tardó en abrir el marcador
La segunda parte arrancó con la entrada de Diego Villares en lugar de Riki (tenía una amarilla). Bicentenario el villalbés, que cumplió 200 partidos con la camiseta blanquiazul. Después de una semana muy movida por el penalti de Quagliata, el arbitraje volvió a tener su cuota de protagonismo en Riazor. Luismi Cruz estrelló una falta contra la barrera y el colegiado murciano Alejandro Ojaos señaló pena máxima tras una mano de Diawara. Tenía claro el trencilla que era penalti, pero el malacitano Melero López llamó desde el VAR para revisar la acción y anular la acción. Protestó Riazor ante la decisión. De nuevo, la afición vio la repetición en las pantallas del estadio.
El gol no llegó hasta el minuto 61. Se desató Riazor cuando Eddahchouri, recién ingresado, cazó en el interior del área un pase atrás de Luismi Cruz. Lo celebró por todo lo alto Riazor, pero la alegría apenas duró un cuarto de hora. Juan Cruz, el más activo, el más talentoso en el cuadro pepinero, recibió muy solo en la frontal un balón que mandó a guardar.
Es tan impredecible el fútbol que, en el momento en el que Riazor se quedó completamente helado, fue un canterano quien lo hizo despertar de nuevo. Con el 37 a la espalda, en el primer balón que tocó, Noé Carrillo, el hombre de la Copa, se saltó de nuevo el guion. Yeremay, agotado, cayó a la base para hacer de playmaker. De 10. De organizador. Encontró entre líneas al mediapunta fabrilista, que con un control orientado dejó atrás a Diawara y con un golpeo violento sentó a Juan Soriano para elevar a Riazor.
Quedaba tiempo para un final loco. De infarto. Sin ningún tipo de sentido más allá del que desde Las Rozas se pudieron crear. Un centro al segundo palo derivó en la jugada que marcó el final del encuentro. Eddahchouri, intentando despejar, roza la pelota con la mano. Estaba en posición natural, pero Melero López envió al trencilla principal a revisar la acción, y este sostuvo la decisión tomada en Las Rozas: penalti.
Álvaro Ferllo, con amarilla previa, ganó la contienda. Una parada milagrosa en un momento imposible. Se le estaba yendo el ascenso directo al Dépor en ese momento. Se lo estaban arrebatando. Pero el riojano emergió con una gran parada para darle los tres puntos al equipo coruñés. Hubo un carrusel de tarjetas antes de acabar. Trabajo hecho para el equipo blanquiazul, que dormirá segundo y aguardará un tropiezo del Almería.
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