0-1 | Un poco de amenaza del Dépor es demasiado para el Cádiz
Yeremay y Soriano fueron una pesadilla para la zaga rival, pero el equipo coruñés acabó encontrando la verticalidad y la pegada con Noé, Escudero y Stoichkov para tumbar sobre la hora a un contrincante inferior
Hubo muchos momentos que parecía que el Dépor se había dejado el colmillo en casa. Ahí, debajo de la almohada, para el Ratoncito Pérez. Pero una carrera y un centro de Noé, una dejada de Escudero y el remate de Stoichkov dieron con la alquimia adecuada para conseguir lo que había sido imposible en los 87 minutos previos: derribar la resistencia de un Cádiz timorato y entregado a su suerte. Un gol sobre la hora que premia al que había sido mejor, un tanto que rescata al Dépor de ese fútbol sin porterías en el que es el rey pero que no da ascensos, una jugada con final feliz que le permite ahuyentar a todos los fantasmas del pasado, también los miedos. Toca vivir las primeras horas del fin de semana en ascenso directo y traspasarle toda la presión al Racing de Santander y al Almería. Hagan juego, señores.
No hay nada como un partido el viernes para bajarle los nervios y la tensión a un choque tan decisivo. Es probable que uno de los dos fuese a salir muy tocado, cuando no los dos. Hidalgo venció sus instintos y dejó en un cajón las revoluciones y los matices. Solo entraba Villares en el once. Queda nada, hay que buscar seguridades. El Cádiz, en cambio, necesita todo lo contrario: mover el árbol, que algo que cambie... Eso sí, sin excesivas locuras. Lucas, al banquillo; y un centrocampista más al campo.

Cádiz - Deportivo / Fernando Fernandez
Y el Cádiz empezó el duelo de cara lavada. Todo muy organizado, todo buenas intenciones. Su salida de pelota era mejor, más escalonada. Hasta le pegó un buen susto al Dépor en el minuto cinco en una cabalgada de Antoñito que acabó con un remate de García Pascual en el área a la mano de Altimira. Ni Arcediano Monescillo ni la sala VOR lo consideraron penalti después de que a todo el deportivismo se le pasasen por delante frame a frame todas las afrentas de Las Rozas en las últimas semanas.
El Dépor parecía atascado. Con ese panorama y esas concesiones, le iba a tocar sufrir una barbaridad, aunque en realidad el empuje del Cádiz duró lo que tardó el equipo coruñés en pegarle el primer susto. Diez minutos. Y eso que tampoco se le veía muy belicoso. Solo con soplarle... Una carrera de Yeremay a campo abierto y un tiro cruzado de Bil que se fue por poco hicieron que le temblase todo a los andaluces. Muchos monstruos debajo de la cama que se vieron agrandados un minuto después por otro lanzamiento de Mario Soriano y por otra oportunidad de Quagliata, antes del 20, que el Cádiz salvó bajo palos. El Dépor empezaba a jugar a su antojo. Yeremay y Mario Soriano, en el patio de su casa. El gol era cuestión de tiempo o quedaba pendiente de que los jugones blanquiazules le pusiesen una marcha más al duelo, algo que les ha penalizado en más de una ocasión.
Y mientras el Dépor tomaba el mando y seguía rondando, el Cádiz defendía por acumulación y rezaba. Antoñito, de paso, empezaba a encontrar espacios para cabalgar y ese no es nunca un buen negocio. Reclamó un penalti, puso en aprietos a Noubi... El único incordio, no era menor.
No dejó de tener intención el Dépor tras refrescar mente y cuerpo en el descanso. En menos de un minuto ya había probado Yeremay a David Gil tras un pase de Soriano. Los dos de siempre. Villares mandó una al palo y Bil amenazó tras una delicatessen en profundidad del 10 canario. Todo en menos de quince minutos, mientras Antoñito Cordero seguía con el empecinamiento de apuntarse a fiesta ajena. Era un náufrago en una isla, pero a su equipo poco le importaba, porque ante todo, necesitaba sentirse seguro atrás y tener bajo, cierto control, a los coruñeses. Le faltaba valentía y confianza para confrontarle de tú a tú. Y así el equipo andaluz iba sobreviviendo sin excesivos agobios. El colmillo...
El refresco llegó pronto para el Cádiz, también para el Dépor. Sin querer enfadar mucho al equipo coruñés, los amarillos se estiraron. Idiakez quería aprovechar todo el arsenal ofensivo que se había guardado en el banquillo. Cada pelota que cogía Lucas Pérez era un dolor, no por la amenaza, que fue mínima, sino por lo que suponía verlo enfrente. No fueron muchas veces las que entró en juego, no se le vio con ninguna saña hacia el Dépor. Le era imposible.
La salida de Noé le dio al equipo coruñés amenaza al espacio. A la tercera carrera fue capaz de sacarse un centro que el guante de Escudero dejó en bandeja a un Stoichkov que no falló. 0-1, minuto 87. Hace unos días estaba en la camilla y anoche le ponía el lazo a una victoria de un valor incalculable. Hay pelea y el Dépor no se va a rendir. Quiere su fiesta.
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