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A Coruña, el Deportivo y la fiesta que no cesa: Alvedro se convierte en un pequeño Riazor a la llegada de Cádiz

Centenares de hinchas blanquiazules recibieron al equipo a la terminal tras la convocatoria de los Riazor Blues

La afición, volcada con el Dépor: marea blanquiazul en Alvedro para recibir al equipo tras su victoria en Cádiz

Casteleiro

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Carlos Miranda

Carlos Miranda

Como ha ocurrido siempre en la era moderna del Deportivo, la afición ha decidido echarse al equipo a sus espaldas y llevarlo a donde se merece. Ocurrió en las mayores gestas, también en esos cuatro años en el infierno en Primera que se acabaron el 12 de mayo de 2024, y está sucediendo ahora con el asalto a Primera. La útima demostración de esa llama que no cesa y que está más viva que nunca, esta mañana en la terminal de Alvedro en A Coruña, donde centenares de seguidors recibieron al equipo a su llegada a la ciudad después de ese triunfo sobre la hora y de fe ante al Cádiz, que incrusta al Dépor en la lucha por el ascenso directo.

El «dale, dale, dale,dale, dale, dale, Dépor...» resonó en los aledaños del complejo, a unos metros del autobús. Es ese cántico con el que el equipo y la afición viven una simbiosis perfecta. Ya sea en Riazor, en cualquier duelo fuera de casa o justo después de aterrizar de vuelta de un compromiso liguero, ahí están, juntos.

Cita lanzada de madrugada

Convocaron los Riazor Blues al finalizar ese 0-1 del viernes por la noche en el Nuevo Mirandilla, pero se sumó el que quiso y el que pudo. Por ahí, se vio a muchos jóvenes, algunos que, como mucho, disfrutaron de las alegrías de hace dos temporadas con el ascenson a Segunda División ante el Barcelona B. Hubo más proclamas en forma de cánticos, de esas que dan por seguro al ascenso o que recuerdan que esa grada nunca dejó de lado al equipo , a pesar de que se fue a «la B».

Deportivo, a su llegada a Alvedro tras el 0-1 en Cádiz

Deportivo, a su llegada a Alvedro tras el 0-1 en Cádiz / CASTELEIRO

Los jugadores y el resto de la expedición, visiblemente cansada, ya sabían que iba a haber recibimiento, pero las caras dibujaban una sonrisa de agradecimiento en cuanto veían la magnitud del gesto. El deportivismo seguía regalando cariño, incluso cuando el equipo estaba ya en el autobús y emprendía los primeros metros de su marcha. Quedan tres finales, también para el deportivismo, aunque en el corazón de Riazor, sus inquilinos han asumido desde hace tiempo que ellos tienen que empujar más que nadie.

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