Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Antonio Hidalgo flirtea con el once tipo en el Deportivo: solo tiene dos cabos sueltos

La irrupción de Ximo Navarro y Bil y adelantar a Altimira hicieron encajar el puzle en casi todas sus piezas

Mario Soriano abraza a Álvaro Ferllo tras el pitido final del partido ante el Leganés.

Mario Soriano abraza a Álvaro Ferllo tras el pitido final del partido ante el Leganés. / CARLOS PARDELLAS

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Carlos Miranda

Carlos Miranda

Pocos entrenadores han sido más amigos de los matices, de mover el banquillo, de meter en la nevera y recuperar a jugadores que Antonio Hidalgo. Es innegable que ha conseguido que casi toda la plantilla llegue activada al final de campeonato con esas pinceladas en los onces titulares, con esas rotaciones. Todo desde una supuesta y engañosa inestabilidad que ha generado una alta competitividad. Raro es el partido en el que los mismos once futbolistas se ganan el derecho a repetir de inicio el fin de semana siguiente, aunque también han jugado en su contra lesiones y sanciones. Eso sí, por mucho que su afán de perfeccionismo y análisis le llevase a las pequeñas modificaciones o a las correcciones, el técnico de Canovelles ha ido claudicando y conformando una guardia pretoriana, lo más cercano a un once tipo en los diez meses que lleva en A Coruña: nueve futbolistas inamovibles y dos cabos sueltos que no termina de fijar.

Giacomo Quagliata abraza a Álvaro Ferllo tras el pitido final del partido ante el Leganés.

Giacomo Quagliata levanta los brazos en el encuentro frente al Sporting. / Fernando Fernandez

Un problema generó una oportunidad y es que la lesión de David Mella obligó a que se reinventarse. Para que el equipo fuese lo más orgánico posible ideó darle entrada a un Ximo Navarro que llevaba unas pocas semanas en el banquillo y adelantar la posición de un Altimira que se ha consolidado como extremo, a pesar de llegar como lateral a A Coruña. Todo empezó a fluir, como ocurre siempre con el andaluz. Este movimiento le dio estabilidad al equipo y le hizo abrir campo por la derecha para equilibrarse con las subidas de Quagliata y el juego para dentro que han hecho en el costado zurdo tanto Luismi como un Yeremay que ya está de vuelta. A partir de ahí, con Mario Soriano en la base de la jugada y Luismi en el enganche, empezó a encajar el puzle ofensivo que reforzarían a algunas piezas ya consolidadas, como Álvaro Ferllo en la portería o Miguel Loureiro y el italiano en defensa. La guinda fue el desembarco de Bil Nsongo, que resolvió con todas sus virtudes, esa incapacidad que han demostrado durante toda la temporada Eddahchouri, Mulattieri o Stoichkov para hacerse con el puesto. El holandés, porque funciona mejor como revulsivo; el italiano, porque le han faltado definición y peso en el juego de ataque cuando ha sido escogido; y el gaditano, porque ha sido requerido por Hidalgo en labores de segunda línea. El camerunés, por su parte, ha tenido facilidad para dar continuidad al juego, algo que suma a esos cuatro tantos que lleva.

Bil Nsongo pugna con una pelota con un defensa del Leganés en el estadio de Riazor.

Bil Nsongo pugna con una pelota con un defensa del Leganés en el estadio de Riazor. / CARLOS PARDELLAS

Bil logró cerrar el círculo en ataque, pero no el once titular, porque en el centro de la defensa y en la media, junto a Mario Soriano, sigue habiendo dos vacantes. Diego Villares y Riki se han ido alternando en la manija del centro del campo, aunque en los últimos partidos el capitán parece haberse puesto por delante, por tan solo un cuerpo. En la defensa está todo más abierto. Lucas Noubi, quien este fin de semana será baja por sanción, se estaba jugando el puesto con Dani Barcia, pero en Cádiz el entrenador le dio la alternativa a Arnau Comas, quien respondió y es el mejor colocado ahora para acompañar a Loureiro ante el Andorra. Los matices de Hidalgo, cada vez menos.

Tracking Pixel Contents