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Valladolid-Deportivo: barro antes del esmoquin

El Dépor, casi sobre la línea de meta tras ocho años inimaginables, debe dar el último golpe de riñón para que no se le escape el ascenso a Primera | Mella, única baja | El deportivismo toma Valladolid, A Coruña arde de ilusión

Yeremay ante el Mirandes

Yeremay ante el Mirandes / CARLOS PARDELLAS

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Carlos Miranda

Carlos Miranda

Ahora que llega el momento de sacudirse el polvo de los zapatos, de ajustarse la pajarita antes de entrar de nuevo en ese selecto club del que nunca debería haber salido, el Deportivo sabe que no va a ser tan fácil, tan cinematográfico. Aún le queda un golpe de riñón, una última ración de barro. No hay problema. Porque así como el deportivismo hizo suyo aquel apelativo de turcos, ahora la grada de Riazor luce con orgullo haberse llenado de fango todos estos años, el gen competitivo que ha mostrado su equipo y esa capacidad que ha tenido el propio deportivismo para empujar en esos momentos en los que el lodo le llegaba por las rodillas. Pucela, una ciudad inundada de seguidores blanquiazules y con una ilusión imparable a pesar de la racanería con las entradas, late y se emociona cuando queda un único paso para completar uno de los grandes regresos de la historia del fútbol español. Dos balas para una diana, una victoria. Ningún campeón de Liga se había ido hasta a la tercera categoría. Uno de nueve para todo. En el camino y como escollo, un Real Valladolid (Domingo, 18.30, Liga Hypermotion TV) que no se juega nada, pero que busca regenerarse de cara al futuro y que está algo herido en su orgullo por esa sensación de poner la casa para la fiesta ajena.

Así aclamó la afición al Deportivo tras su llegada al hotel de Valladolid

Xane Silveira

Y no es solo el qué, es el cómo. El Deportivo de Antonio Hidalgo no es ni mucho menos un equipo redondo, pero lleva unas semanas en las que le pone la cara a todo. Se ha inflado de confianza y su técnico se va a agarrar a lo que le ha llevado a acumular once partidos sin perder y tres victorias seguidas. Tiene fútbol, tiene personalidad. Quiere un ascenso este Deportivo que llega prácticamente sin bajas, salvo David Mella, quien ha lucido un emoticono de diablo en su pelo violeta. Otra de esas novedades que tanto le gusta dibujar en su cabello. Hidalgo, en cambio, sí que no está experimentar. Hay diez fijos en su once titular, con esa columna vertebral que forman Ferllo, Miguel Loureiro, Mario Soriano, Yeremay o Bil Nsongo; muy bien secundados por un Ximo estratégico, un Quagliata vigoroso y un Altimira inconmensurable. La fórmula mágica de la que solo queda por saber si Lucas Noubi recuperará su sitio en el centro de la zaga o se lo quedará este semana Arnau Comas.

Cómo llega su rival

El Valladolid llega con un puñado de bajas y con ganas de poner el césped a niños que se ganen el puesto en el próximo proyecto y que luzcan el amor propio que le ha faltado a muchas de las estrellas blanquivioletas venidas a menos. Chuki estará en la grada y un puñado de lesionados le acompañarán en el frío del palco. Escribà tiene dudas en el centro de la zaga y en ataque Meseguer, pretendido en su momento por el Deportivo, y Ángel Carvajal, la amenaza del promesa, se juega un puesto con un Latasa que asustó a Riazor en la primera vuelta. Bloque bajo, mucha protección del carril central y ataque vertical. Así se salvan los equipos grandes en la categoría que han ido cayendo en picado y que han evitado despeñarse.

Más que un partido de fútbol, será una prueba de madurez. Hay otra bala en una semana ante Las Palmas, pero esta debe ser la buena. Está en su mano. Hace 58 años que el Dépor no asciende en un partido fuera de casa. La última vez fue en 1968, en Oviedo. Beci, Stoja, Xisco, Marchena o Lucas se convirtieron en héroes al calor de Riazor. Pero esta vez su gente tampoco le ha dejado solo y en Zorrilla la grada será blanquiazul. Todo familiar, todo listo para cerrar el círculo, para desactivar el maleficio.

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