Escotet, de acreedor principal a presidente muy presente del Deportivo
En 2017 Abanca le concedió un crédito de 45 millones al Dépor que no pudo pagar y que fue el germen de su entrada en un club al que salvó de desaparecer y que cada día siente más suyo
Es uno más en los recibimientos y en la grada visitante

Escotet, este domingo, en la grada del Nuevo Zorrilla / Fernando Fernández

Cuando Juan Carlos Escotet (Madrid, 1959) se hizo a finales de 2013 en una subasta pública con Novagalicia Banco, la entidad resultante de las extintas cajas gallegas, nunca podría haber imaginado que trece años después Abanca sería el dueño de un club de fútbol que desembarca en Primera División, el Deportivo, protagonizando uno de los grandes comebacks de la historia del fútbol español. Y no solo eso, sino que él iba a ser el presidente de esa Sociedad Anónima Deportiva, un cargo que asumió en julio de 2024, pero que se hizo ejecutivo en octubre. Con el paso de los años, Escotet se ha convertido, además, en todo lo contrario a un máximo mandatario ausente o meramente representativo. Está muy presente en el día a día de la entidad, aunque no acuda cada mañana a la ciudad deportiva de Abegondo.
De principal acreedor y entrar en el club para salvar una deuda ingente de «un club escarallado» a viajar a la grada visitante con los aficionados del Dépor en la recta final del ascenso. Todo empezó en la mañana del 29 de junio de 2017, cuando Escotet se sentó en el auditorio de la sede la rúa Nova de A Coruña, junto al entonces presidente Tino Fernández, para anunciar que Abanca le concedía un crédito de 45 millones de euros al club coruñés para cancelar su deuda con la Agencia Tributaria. «Es un día especial, del que me acordaré mientras viva», dijo entonces el venezolano. La idea era que el Dépor ganase músculo financiero para su cuarta temporada en Primera División, pero todo empezó a salir al revés. Unos meses después, el club coruñés se fue a Segunda División. De ahí para abajo. Y, casualmente, toda aquella desgracia acabó acercando cada vez más a Escotet al Deportivo, al control accionarial de la entidad y a convertirse en un presidente muy presente en el día a día.
Aquella noche de Mallorca en 2019 lo desencadenó todo. El próximo proyecto empezó herido de muerte porque ya no había seguro de descenso y se fue a Segunda B con todo el esperpento y la carga emocional que supuso el caso Fuenlabrada. Meses antes, a finales de ese año, Abanca le concedió un crédito participativo de cinco millones para reforzarse en enero y evitar la caída. Ese dinero luego se convertiría en acciones, con lo que desde ese momento pasó a ser el máximo accionista, algo que se ha reforzado con el paso del tiempo hasta poseer ahora más del 99% de los títulos. Las urgencias y una deuda mastodóntica enterraban, de esta manera, la era del capitalismo popular inaugurada en 1992.
Desde entonces Abanca ha estado cada vez más presente en los consejos de administración con figuras como las de David Villasuso y Álvaro García Diéguez. Posteriormente, en 2023 ya llegó al consejo Michelle Clemente Escotet, sobrina de Juan Carlos Escotet y hoy en día vicepresidente y cabeza visible en el día a día de Abegondo.
Así fue progresivamente Juan Carlos Escotet apostando por el Deportivo, haciendo cada vez más suyo el consejo y ejerciendo de sustento económico. La magnitud de la apuesta monetaria se mide con la operación que emprendió en 2024 antes de la entrada en el fútbol profesional por la que le condonó 70 millones de deuda y le inyectó 35 millones en una ampliación. Ya está en marcha otra de 30 millones, aprobada en febrero de 2026.
"Hemos llegado para quedarnos"
Justo en el momento del desembarco, asumió la presidencia. «Hemos llegado para quedarnos», dijo aquel 10 de julio en un vídeo difundido por el club. «Ninguno de los proyectos que he empezado ha sido vendido. A los aficionados les diría que confíen, amamos este club y estamos decididos a construir un futuro sostenible. Soy una persona que apuesta por la palabra y los compromisos, mis nietos y bisnietos podrán rendir cuentas por mí», relataba quien no negó que le «tocó asumir una responsabilidad por salvar al Dépor, dada su situación económica, que lo llevaba a la desaparición», pero que trabajarían «con ahínco para devolver al Dépor al lugar que se merece y, también, por qué no, al fútbol europeo».
Desde entonces ha presidido los actos estratégicos como las entregas de las insignias a los socios de oro o la puesta de largo de la reforma de la Ciudad Deportiva de Abegondo y la inauguración del nuevo museo del Deportivo. Nunca va al palco de autoridades, sigue todos los partidos desde el suyo particular en Preferencia. Solo ha hecho dos excepciones, los días de los ascensos del Dépor Abanca a Liga F y, recientemente, del Fabril a Primera RFEF.
Estas últimas semanas ha protagonizado, además, gestos que le han alejado de la zona noble. Es uno más en los recibimientos al equipo en Riazor desde la rampa que está encima de la Deportienda y ha estado desde el choque de Huesca en todos los duelos a domicilio en la grada visitante entre los seguidores. Juan Carlos Escotet, un presidente que día a día, paso a paso, lleva al Dépor cada vez más dentro.
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