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Yeremay, el genio con un amor platónico por el deportivismo

El canario se sobrepuso a las ofertas del extranjero y lidió con una pubalgia para ser uno de los héroes

Yeremay celebra su gol en el triunfo contra el Mirandés en Riazor.

Yeremay celebra su gol en el triunfo contra el Mirandés en Riazor. / Carlos Pardellas

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Daniel Abelenda Lado

Daniel Abelenda Lado

A Coruña

No le faltaron cantos de sirena a Yeremay Hernández en el último año y medio. Desde aquellas ofertas invernales y estivales del Como de Cesc Fábregas hasta el interés incesante de un Sporting de Portugal que veía en el canario a uno de los jugadores con los que cubrir la bajas de sus estrellas para pelear por todo en la liga portuguesa y elevar sus prestaciones en la Liga de Campeones.

Sin embargo, ni las propuestas ni los proyectos en el extranjero consiguieron quebrar el vínculo que el futbolista de Las Palmas de Gran Canaria creó con A Coruña y el Deportivo en los últimos siete años. Lo intentaron hasta el final del mercado de verano, con la temporada ya iniciada. Pero nada sirvió. El compromiso del jugador con el club y viceversa, rubricado, valorado y confirmado hasta 2030, imperó para que Yeremay se consagrase como uno de los jugadores más determinantes de la categoría y se convirtiese en el líder espiritual de los héroes que devolvieron al Deportivo a la máxima categoría.

El canario arma el disparo encimado por cuatro jugadores del Albacete.

El canario arma el disparo encimado por cuatro jugadores del Albacete. / Carlos Pardellas

Ovacionado cada vez que pisa Riazor, en cada regate de fantasía para superar a un rival y en cada gol resolutivo. Yeremay llegó a este curso con la vitola de la estrella que tiró la puerta abajo el curso pasado, en su estreno en el fútbol profesional. Ya había sido un héroe del ascenso del Deportivo a Segunda y sus cifras le ponían el cartel de uno de los jugadores más diferenciales de la categoría. No es fácil cargar con ese peso y al canario, como él mismo reconoció, le costó ofrecer su mejor versión al inicio de la campaña. «Soy el primero que lo sabe, no he estado bien. Todos los jugadores, yo todavía más, pasan por momentos malos», llegó a reconocer tras un partido contra el Almería a inicios de octubre. Nunca ocultó el papel fundamental del psicólogo del equipo, Joaquín Sorribas. Fue la pieza crucial que le ayudó a lidiar con la presión. La que llegaba de unas ofertas incesantes que volverán a emerger en próximas ventanas. Y la interna, de un 10 que sabe que por sus botas debía canalizar buena parte de las ambiciosas aspiraciones del equipo blanquiazul.

Incluso con cifras más discretas, condicionadas por unas defensas que ya nunca le quitan el ojo de encima y que suelen doblar las vigilancias, Yeremay no se escondió en un año en el que aprendió a adaptarse a las peticiones de Antonio Hidalgo. Jugó por dentro, como segundo delantero y regresó a la banda izquierda, donde formó una sociedad de lujo con Giacomo Quagliata. Firmó hasta el mes de febrero una decena de goles y siete asistencias, trascendentales para mantener las aspiraciones altas del Deportivo y reafirmar su condición de estrella, incluso, sin poder ofrecer su versión más radiante. No le tembló el pulso al decidir duelos.

Orellana Cid expulsa a Yeremay en el partido contra el Eibar.

Orellana Cid expulsa a Yeremay en el partido contra el Eibar. / Iago Lopez

Una expulsión por doble tarjeta amarilla contra el Eibar al inicio de la segunda vuelta inició el parón en el que el canario evidenció la raíz de los problemas que le impidieron rendir al máximo: la pubalgia. Tres jornadas en el dique seco y otras cinco, hasta mediados de abril, y sin poder regresar a un once titular que tuvo que adaptarse a su ausencia, pero que celebró su anhelado regreso. Trascendental en el campo, con una chispa difícil de igualar, y un símbolo de peligro y prestigio que todo equipo desearía tener en sus filas para allanar el camino hacia Primera. Él pudo volar antes, por ofertas y propuestas, en España o en el extranjero, no sería. Pero se empeñó en hacer el truco más difícil todavía: apartarse de la vía rápida para encargarse, él mismo, de liderar el regreso a Primera del club que le abrió las puertas de adolescente y que se ha convertido en un amor platónico.

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