Especial ascenso a Primera del Deportivo: Los siete discípulos de Parrocho
Germán Parreño, Ximo Navarro, Dani Barcia, José Ángel, Diego Villares, David Mella y Yeremay Hernández, los siete futbolistas han vivido desde dentro, sin perderse un día, el ascenso de Primera RFEF a Primera siguiendo la estela del guardameta coruñés
Este artículo forma parte del Especial por el ascenso que publica LA OPINIÓN A CORUÑA este domingo y que podrás adquirir con tu periódico

Jorge García Santos, Parrocho / RCD

Aunque haya parecido eterno, al Deportivo le costó esta vez mucho menos su ascenso de la tercera categoría nacional a Primera División. Hace poco más de dos años jugaba su último partido en Primera RFEF y ahora ya está en Primera División. Antes de su época dorada, bajó a Tercera en 1974 y subió al año siguiente para seguir dando vueltas hasta despeñarse de nuevo a Segunda B en 1980 y estar de regreso en doce meses, 1981. Eso sí, luego tardó una década en asaltar la élite. Fue una época de mayores vaivenes y desgracias, por mucho que los coruñeses llegasen a sumar hace nada cuatro cursos en el purgatorio del fútbol profesional.
En aquella época negra, quien no dejó al Deportivo hasta llevarlo desde Segunda B, en 1981, a Primera, en 1991, fue Jorge García Santos, el eterno Parrocho. Tras dejar al equipo de su vida en la élite, se retiró, colgó los guantes. Él no lo ha llegado a ver —falleció en 2020—, pero hay siete futbolistas que han tomado su relevo: Germán Parreño, Ximo Navarro, Dani Barcia, José Ángel, Diego Villares, David Mella y Yeremay Hernández.
Ninguno de ellos se ha movido un día del vestuario de Abegondo desde que cogieron al equipo en Primera RFEF hasta auparlo a ese lugar que perdió en 2018. Hubo otros con cesiones esporádicas, como Mario Soriano y Eric Puerto, pero estos han sido inamovibles. Todos con sus circunstancias y significación.
Cuatro son canteranos, la fuerza de Abegondo, tres de ellos de la generación de oro de Marbella. Otros tres son veteranos, que no pasaron por la base, que superan la treintena y que llegaron para darle poso al proyecto: un portero ilicitano, un lateral almeriense y un mediocentro de Sevilla. Germán Parreño fue ese guardameta, de confianza de Fernando Soriano y Massimo Benassi, que se jugó una mano en aquel partido ante el Barcelona B y que dio en todo momento una lección de saber estar, dentro y fuera del terreno de juego. Primero en esa convivencia con aristas con Ian Mackay, después a la sombra de Hélton Leite y Álvaro Ferllo, siempre con interludios en los que respondió bajo palos, con esa campaña inicial en Primera RFEF y con los meses de inicio de este ejercicio hasta la llegada del cancerbero riojano. El Dépor renueva, al subir, a un portero de la total confianza de la Dirección de Fútbol.

Parreño, Ximo, Barcia, Villares, Jurado, Mella y Yeremay / LOC
Ximo Navarro, quien aún espera que el Deportivo mueva ficha para su renovación, ha sido estos años un futbolista en una categoría equivocada, algo de lo que se ha beneficiado el Deportivo. Cuando ha estado sano, el equipo lo ha agradecido sobre manera, porque ha conseguido que todo encaje y ha impulsado el juego y las prestaciones de la escuadra. Muy querido por la grada.
José Ángel nunca ha ocultado que, cuando fichó por el Dépor, tenía el sueño de llevarlo a Primera División. Así lo dice el contrato que firmó que, con el salto a la máxima categoría, se amplía hasta 2028. Los anhelos también iban sobre el papel. El pivote fue clave en el ascenso a Segunda y en la salvación del pasado ejercicio, pero esta campaña, tras superar una pubalgia, perdió protagonismo, con Villares y Riki por delante en las preferencias.
Y Abegondo. Diego Villares el capitán, el que lleva más tiempo en esa caseta. Debutó en febrero de 2021, cuando ya nadie contaba con él a sus 24 años, y ha tomado el relevo de Álex Bergantiños. Como siempre, parecía destinado al banquillo y ha terminado por hacerse un hueco junto a Mario Soriano. Aunque su vinculación acaba en 2027, renovará con el Deportivo, si el club así lo desea, hasta el momento que sea, en la categoría que corresponda y por los emolumentos que crean convenientes en Abegondo. Un hombre de club.
La generación de 2003, con sus variantes, es la que lo ha redondeado todo. Desde la clase y la aportación tranquila del central de A Barcala, hasta la hiperactividad en el campo del zurdo de Espasande y la magia del canario. El defensa aún busca su sitio, aunque ha sabido ser una alternativa de garantías para Antonio Hidalgo en la cobertura, pese haber pasado por meses de ostracismo.
El hijo de Gonzalo lleva unos meses en el dique seco por una operación de rodilla, pero sus cinco goles, su nervio y esa animosidad que le siempre le acompaña han sido claves. Yeremay es desde hace dos temporadas el jugador franquicia y el club, de su mano, ha llegado a rechazar ofertas de 30 millones más cinco en variables. Fortaleza fuera y dentro del campo y esa fidelidad, la que empuja de Primera RFEF a Primera, como hizo en su día Parrocho.
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