Especial ascenso a Primera del Deportivo: El templo y la conjura que nunca falla
Miles de deportivistas empujaron al Dépor en casa hasta hacer cotidiana una imagen excepcional
Este artículo forma parte del Especial por el ascenso que publica LA OPINIÓN A CORUÑA este domingo y que podrás adquirir con tu periódico

Aficionados del Dépor en Riazor durante un partido / Iago López
Existe un lugar en A Coruña en el que todos reman en la misma dirección. Un lugar que iguala toda clase y condición. Donde cada persona siente lo mismo que quien tiene al lado. Un templo en el que 90 minutos pueden pasar en un suspiro o, como suele ocurrir, hacerse eternos. A veces, incluso, resultar agónicos. Pero la fe colectiva siempre empuja. Es la conjura que nunca falla. Es Riazor.
Basta con presenciar un partido para entenderlo. Antes de que ruede el balón, la comunión es total: aplausos, cánticos, bengalas y muchas bufandas y banderas del Deportivo al cielo. Apenas es un aperitivo. Lo que ocurre después, dentro del estadio, tiene algo de cinematográfico. Casi de coreografía ensayada. El encuentro contra el Andorra es el ejemplo perfecto. 29.680 personas ocuparon su asiento para mostrar el camino hacia Primera División. No fue fácil. Hubo que remontar. Pero para eso está el público, para encender la luz cuando parece que solo hay oscuridad.

Tifo de la afición durante un partido / Carlos Pardellas
Aunque esa fue la mejor entrada de la temporada, la nota media del resto de encuentros es espectacular. Puede ser que el deportivismo se haya acostumbrado a ver a más de 25.000 personas en su estadio —sin importar día y hora—, pero lo cierto es que lo que ocurre allí cada jornada está lejos de ser algo normal. Desde los 25.954 espectadores que fueron al partido contra el Burgos en pleno agosto, pasando por los 19.995 que tuvieron que sufrir una derrota ante el Granada o los 28.577 que soñaron con eliminar al Atlético de Madrid en la Copa del Rey. Si en algo gana siempre el Dépor, sin mirar el resultado, es en afición.

La afición apoyando al equipo en su llegada al estadio / Iago Lopez
Esa que en verano ya había dado el «sí, quiero» a otra temporada de infarto. Con la liga apenas empezada el Dépor sumaba 26.893 abonados con asiento, 1.854 socios amigo y 463 nen@ Dépor. Puede que parezcan solo números, pero es la razón por la que en casa, con la Torre de Maratón como testigo, el Dépor nunca juega solo con once jugadores. Hay otro futbolista invisible que empuja, aprieta y sostiene al equipo cuando flaquea. Lleva el dorsal 12 y tiene un solo nombre: afición. Esa que llenó el estadio sin importar la categoría ni el rival. La que también celebra ahora el regreso al lugar de donde nunca debió irse.
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