1-2 | La fiesta lo inundó todo en Riazor, el fútbol era lo de menos
Kirian y Marvin marcaron en 20 minutos ante un Dépor de resaca que dio señales de vida con el gol de Zaka | Coqueteó con el 2-2 hasta el pacto de no agresión

Deportivo-Las Palmas / Carlos Pardellas
El Deportivo aún con el matasuegras y los efectos de la fiesta interminable compareció lo justo para no llevarse un correctivo y para tampoco arruinarle la fiesta a un Las Palmas que coqueteó levemente con la catástrofe (1-2) hasta que llegó el pacto de no agresión de los últimos minutos. Había más interés y miradas en una grada que decidió que los focos eran para ellos, que el fútbol era lo de menos. La cima había sido coronada en Valladolid y ahora tocaba plácidamente ver el valle, entre olas, botes y cánticos. En el medio de la algarabía, Kirian y Marvin pusieron el duelo en franquicia y Zaka Eddahchouri le puso un picante moderado. 1-2 e invasión de campo.
El ambiente se cortaba, pero no por la tensión, sino por la alegría desbordada. Era el momento de despedirse de Segunda División, de seguir celebrando hasta que el cuerpo no aguante. También para que algún jugador dijese adiós. Así Antonio Hidalgo, en el medio de un ambiente ensordecedor y emocionante, hizo nueve cambios en su once titular. Por ahí aparecieron Germán Parreño, Escudero, Cristian Herrera o Noé Carrillo, entre otros. La apuesta de Luis García, a pesar de las bajas canarias, era mucho más reconocible.
Entre tintes llamativos y peinados exóticos, el Deportivo demostró pronto que no estaba para muchos excesos. No le iba a regalar el partido a Las Palmas, tampoco lo iba a pelear en exceso. Y en nada se vio esa destensión. En el minuto 6 ya se puso por delante el equipo canario al aprovechar una serie de errores en cadena en el que hubo mucha pierna blanda y desubicación. Lo esperable. Kirian hacía la diferencia y ese 0-1 que tampoco incomodó en exceso a la grada.
Ante esa indiferencia jolgorio de la grada, el Dépor tampoco es que se activase en exceso. Las Palmas se quedó con la pelota, pero tampoco pretendía ensañarse para no despertar a la bestia de resaca. Aun así, en toda jugada de izquierda a derecha, Marvin llegó una posición franca para sorprender a Germán Parreño y clavar la pelota en la esquina arriba, casi a la carrera. 0-2, en el minuto 19. Dio igual. La grada no dejó de festejar. Primera División ya le espera.
Al Dépor no le quedó más remedio que compararse y lo hizo en un par de pelotas y en alguna jugada aislada. Casi sin querer, un par de toques en banda derecha le dejaron un caramelo a Cristian Herrera que buscó a Zaka por elevación y en profundidad. El delantero holandés, uno de los futbolistas que menos entiende de trámites, la cruzó para recortar distancia. 1-2, minuto 28. Para sorpresa de todo el mundo, había partido, aunque sin pasarse.
Desde ese momento, el Deportivo se quedó con el esférico, pero con una verticalidad más bien escasa, nula. Aun así, le pegó un par de sustos innecesarios a un equipo que sí se la estaba jugando y, entre la parsimonia que le siempre le acompaña y ralentí del Deportivo, parecía contagiado. Panorama peligroso para el equipo visitante.
Tras el intervalo
La segunda parte estuvo más animada. Porque los corsés volaron, porque el Deportivo ya había pasado los sudores de una semana interminable de festejos. Era el momento de jugar. Uno por Primera División, el otro por diversión, por el disfrute del juego. Tuvo un par de ocasiones imperdonables un desaparecido y estático Jese. En una, se enredó, y en la otra, le ganaron la partida entre Germán Parreño y Dani Barcia. Indulto para un Deportivo que no quería, pero al que le estaba invitando a ganar un partido que ni le iba ni le venía.
Tanto le estaba poniendo neones en el césped que en una pelota larga Stoichkov coqueteó con el empate. El recorte le sobró, demasiado zurdo. Minuto 68. Había más en juego de lo que habría imaginado cualquiera, vistos los primeros 20 minutos. Los resultados de otros campos empezaban a poner a los canarios al borde del precipicio, mientras la grada le rendía tributo a Mario Soriano y se despedía de Escudero, Cristian Herrera y quien sabe si de José Ángel. La ola ya era una constante en un grada que iba a lo suyo. Empezaban los guiños a una invasión que se acabaría produciendo.
Hasta que llegó el pacto de no agresión de los últimos minutos. El Dépor estaba para vivir su fiesta, no para estropear la de nadie. Todos contentos.Adiós a Segunda, A Coruña es feliz por la meta y por cómo fue el camino.
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