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Especial ascenso a Primera del Deportivo: A Coruña, una ciudad que vive de fiesta en fiesta

Valladolid y A Coruña fueron blanquiazules en unos festejos interminables que se prolongaron varios días y que llenaron de alegría la ciudad

De día y de noche, en el centro y en los barrios, había quien celebraba o lucía sus colores

Este artículo forma parte del Especial por el ascenso que publica LA OPINIÓN A CORUÑA este domingo y que podrás adquirir con tu periódico

Recibimiento institucional y de aficionados en María Pita al Deportivo para celebrar el ascenso a Primera División

Casteleiro

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Carlos Miranda

Carlos Miranda

Al deportivismo no le hizo siquiera falta que el equipo ascendiese a Primera División para empezar con la fiesta. Porque había que celebrar que el Dépor estaba ahí, que llegaba fuerte y de la mano de su gente a las puertas de la máxima categoría. En teoría solo hubo mil con entrada en Valladolid, pero a día de hoy es difícil hacer un cálculo fiable y realista de cuántos seguidores del Dépor hubo en Pucela, una ciudad amable y respetuosa, que recibió lo mismo de todos los seguidores coruñeses. Fue una convivencia sana que desnudó las excesivas medidas de seguridad planteadas por las autoridades. Un ambiente que fue una prolongación de lo que se estaba viviendo en A Coruña y de lo que se vivió en la propia jornada del domingo en la ciudad.

Era imposible levantar la vista y no encontrarse con una camiseta del Dépor o algún tipo de símbolo blanquiazul, en una A Coruña que siempre late por su equipo y que recibió a deportivistas llegados de toda Galicia para sumarse a la fiesta. Desde la Fan Zone por la mañana y durante todo el día hasta todos los bares y rincones de la ciudad, pasando también por esos hogares en los que se siguió en la intimidad el desenlace de un partido al que el deportivismo llegó confiado.

Los goles de Bil desataron la locura y acabaron subiendo la temperatura para que los hinchas cumpliesen con las tradiciones. Paseo hasta Cuatro Caminos y baño en esa fuente de la suerte, también mucha parranda a la vera del estadio de Riazor, en la zona cero de la fiesta o, al menos, en la que más tiempo estuvo activa.

Los jugadores salieron a una zona acotada del Fondo Norte de Zorrilla para disfrutar con el deportivismo desplazado, pero pronto se subieron al bus para plantarse en Riazor y sentir el calor de esa gente que llevaba horas y horas en éxtasis. La plantilla llegó a las 4.00 y aquello estaba abarrotado. Pronto amanecería y el deber estaba cumplido.

Tocó al día siguiente paseo por una de las sedes de Abanca y por Estrella Galicia antes de ir al balcón de María Pita para saludar a los más jóvenes, familias y a muchos deportivistas que no habían podido trasnochar. El martes tocaron visitas a la Diputación y a Raxoi. Tampoco faltará la cita con el bus por Cuatro Caminos, porque cuando A Coruña y el deportivismo se ponen a festejar, hay pocos que les puedan hacer sombra.

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