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Deportivo

El viaje intergeneracional del Dépor a Primera: "Ha sido un pequeño infierno, pero una buena experiencia"

Aficionados y socios blanquiazules de todas las edades describen el camino desde el descenso hace ocho años

"Preguntan por qué somos del Dépor, si no había ni cromos para coleccionar. Ahora ven lo que pasa y lo entienden", expresa Alberto Grile

Así ha vivido la afición del Dépor la travesía de ocho años lejos de Primera

Xane Silveira

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Xane Silveira

Xane Silveira

A Coruña

Hace ocho años, el Deportivo comenzó un descenso pronunciado que, durante momentos, parecía no tener final. Una Longa noite de pedra que llegó a su conclusión este domingo. Una marcha para el recuerdo por el Paseo Marítimo; una invasión de campo 26 años después; y el imborrable recuerdo de los héroes en María Pita han culminado más de una semana de celebraciones de una ciudad volcada con su club en las buenas y en las malas. El deportivismo ha dado una lección al mundo durante todo este tiempo. No importa donde juegue el Dépor, allí estará su gente.

"Ha sido muy largo. Lo hemos sufrido durante mucho tiempo. Había momentos que parecía que no íbamos a salir de ahí, pero hemos vuelto a Primera". Nacho Martínez es uno de esos aficionados que, hasta 2024, prácticamente no había visto ganar nunca a su club. Hijos del barro, se criaron entre decepciones, llantos y lamentos. Su deportivismo, hereditario, se explica desde el inquebrantable sentimiento de pertenencia de una comunidad orgullosa de seguir a su club en el peor momento de su historia. Sin importar el lugar. Sin importar el rival. "Ese sentimiento se contagia. Es como un virus. Quieres participar", cuenta junto a su amigo Alejandro Capelán tras el encuentro contra Las Palmas, a la espera de que el autobús salga en dirección a Cuatro Caminos.

El deportivismo no entiende de categorías. Tampoco de edades. Pablo Nogareda es uno de esos hinchas que se crio viendo a su equipo ganar y competir ante los más grandes de España y de Europa. Estos ocho años han sido "difíciles para todos". Ha tocado "mucho barro". Nunca ha sido un inconveniente: "Yo seguiré al Dépor en las buenas y en las malas. Siempre. Es un orgullo".

Alberto, Vicente y Andrea, deportivismo en familia

Xane Silveira

De padres a hijos, de mayores a pequeños

Si algo caracteriza a Riazor es la mezcla de generaciones en sus gradas. Aficionados que han hecho toda una vida en blanquiazul, pasando por épocas buenas y malas, viendo crecer, ganar y caer a su equipo. Esa afición, según José María Fernández, es la que "ha sostenido" al club en los momentos más delicados. "Ya lo decía Bergantiños: 'no nos dejéis caer' [se señala la camiseta de Álex, con el 4 a la espalda], y no lo hemos dejado". A su lado, Carmen Boledo destaca que la hincha "es más que una afición", es "un sentimiento que nos une".

Andrea Nogueiras, una seguidora que acude con su padre, explica lo que han vivido muchos aficionados durante todos estos años: "Nunca me he sentido tan orgullosa de ser del Dépor como estos años". Es, quizá, el mejor resumen del largo viaje. Como ella, una generación entera que se ha criado viendo a su equipo caer una y otra vez. Siempre han estado ahí para ayudar a levantarse a un club que es uno de nueve en España: "Me alegro de que la gente de mi generación que solo hemos comido mierda podamos ver al Dépor en Primera y podamos vivir todo lo que nuestros padres nos contaron". Félix, su padre, que "estaba en Riazor cuando" el Deportivo ganó la Liga, cree que ese sentimiento incondicional siempre ha acompañado a la grada deportivista "Llevo más de 40 años de socio, he visto al equipo en Tercera".

El sentimiento incondicional de Andrea y su padre por el Dépor: "Nunca me he sentido tan orgullosa como estos años"

Xane Silveira

Marta Rico, del Dépor "a muerte", es una de esas deportivistas que también han heredado el sentimiento de su familia. "Desde que mis padres me criaron", dice una hora después de que el club se haya despedido de Segunda División. Han sido años muy duros para una grada que ha demostrado que la categoría es solo una etiqueta. El rival, un invitado. El partido del domingo es importante única y exclusivamente porque juega el blanco y azul. Uno de nueve. "Si sientes al Dépor vas a querer al Dépor siempre. Se habla de los equipos grandes, pero el Dépor es un sentimiento. Si quieres a este equipo, lo quieres a muerte, en Primera, Segunda o Tercera", expresa.

El Deportivo cierra el círculo 2954 días después

Ocho años. 2.954 días desde aquella derrota ante el Barcelona hasta cerrar el círculo ante Las Palmas. "Un pequeño infierno", dice Alberto Grile, aunque "una buena experiencia para recordar". Junto a él, Andrea García, cree que el Dépor regresa "con más fuerza que antes". Ella también es de esas generaciones que han vivido más decepciones que alegrías. "Nosotros tenemos niños que nunca vieron al equipo en Champions. Preguntan por qué somos del Dépor, si no hay ni cromos para coleccionar. Ahora ven lo que pasa y lo entienden", reflexiona Alberto.

Entre esos más pequeños, acompañados de sus progenitores, están Pedro Lozano, Leo Acuña y Alejandro Tavares. 11 años. La última vez que el Dépor jugaba en Primera, ellos se movían en carrito y descansaban en el colo. "Vi vídeos", dice Pedro con ilusión. A su lado, Leo, con una camiseta blanquiazul de umbro que tiene "más años" que él, dice que el club "es pasión". Para el pequeño Alejandro, el ascenso era "un sueño".

Javier Rodríguez, que acude con su grupo de amigos a Riazor, define este tránsito como una "longa noite de pedra", y se enorgullece de ver a esa "nueva generación" que toma el relevo en el estadio pese a no haber vivido los grandes éxitos que sí vio él, de 42 años: "Ahí está el mérito. Lo bonito. Un club es eso, lo forjamos entre todos. Por eso el Dépor resurge".

Javier Rodríguez: "Unha longa noite de pedra do Deportivo"

Xane Silveira

El deportivismo que nace, crece y vive fuera de Galicia

Semana a semana, son muchos los aficionados que hacen incontables kilómetros para seguir a su equipo allá donde va. La masa social blanquiazul extiende su influencia a toda España. También al extranjero. Seguidores locales que viven fuera; u otros del extranjero que animan con pasión gracias a sus vínculos familiares. Mario Fernández, desde León, acude con su hermano y su sobrino Neizan, un bebé que ya luce los colores blanquiazules. "Mi abuelo es gallego. Esto es desde la cuna. En un par de años nos van a ver volver a Europa", dice con el retoño entre brazos.

Un caso parecido vive Daniel Pérez, murciano de nacimiento, pero de madre coruñesa. Deportivista "desde la cuna" que siempre acudía en vacaciones a la ciudad. Su abuelo, "abonado de toda la vida", le pasó un sentimiento que ha provocado que haya seguido al equipo coruñés en el momento más duro de su historia. Desde la distancia. A miles de kilómetros. Eso es el deportivismo. Incansable. Inexplicable. Y, ahora, en Primera.

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