Así llega el Deportivo al inicio de LaLiga: el verano estrecha al equipo en contra de su voluntad
La apuesta de Hidalgo sigue siendo reconocible, a pesar del salto a Primera: solidez, competitividad, control y pelota

Arda Guler y Amatucci en el Deportivo-Real Madrid del Teresa Herrera / CASTELEIRO
El Deportivo ha bajado la persiana de la pretemporada inquietando al Real Madrid y reconociéndose a sí mismo en ese equipo sólido y competitivo que ya le llevó a Primera hace unos meses. No es una mala sensación percibir unos cimientos fuertes, ahora que luchará por salvarse y que deberá convivir con asiduidad con la derrota. A pesar todo, aún debe pulir aspectos de su juego para ser un equipo más redondo, listo para asentarse en la élite del fútbol español.
Las bajas y el consecuente peaje
El Deportivo empezó el verano sin Mella y Yeremay y por el camino perdió a Jensen y a Altimira, además de que Angeliño, a su llegada, se encontró lejos de su máximo pico de forma tras una temporada pasada sin apenas protagonismo. Por el camino, solo pudo recuperar al zurdo de Espasande, que da los primeros pasos firmes tras estar cinco meses de baja por una operación de rodilla. Toda esta tormenta perfecta ha condicionado sobre manera el trabajo de Hidalgo que se ha visto algún partido jugando con hasta cuatro pivotes en la media. Uno de ellos, Noé, que ahora ha caído también. Por más que al técnico le gusta que sus equipos controlen el partido y tengan la pelota, al equipo coruñés le ha faltado amenaza por banda, un registro diferente al espacio, una sensación que se agudizó en el momento en el que el Real Madrid le subió el nivel de exigencia.
Es tal la necesidad que cada regate de Kevin Sánchez en los últimos encuentros se ha percibido como agua en el desierto. El equipo se ha estrechado en verano, a pesar de que no lo pretendía. Con Mella en pleno regreso y otros futbolistas aún entre algodones, esta carencia no parece que se vaya a solventar a corto plazo. Frente al Elche, todo apunta que jugará con un trivote por dentro desguarneciendo el costado izquierdo y con Luismi partiendo desde la derecha. Debe ganar tiempo y puntos, a la espera de poder solventarla.
Sin su jugador franquicia
Más allá del impacto que tiene la ausencia de Yeremay en el juego de bandas, ahora mismo se mantiene la incógnita sobre cuándo va a poder contar el Deportivo con su jugador franquicia. Antes de que le golpease la pubalgia, todo el fútbol del equipo orbitaba en torno a él. La pérdida es enorme y, más allá de que ya trabaja con el grupo y de que cada actor que habla dice verle mejor, existe un horizonte incierto sobre su vuelta al más alto nivel. El equipo coruñés ya demostró en la segunda vuelta del pasado ejercicio que es capaz de vivir sin el 10 y, de momento, no le queda otro remedio que seguir en la misma línea, a la espera de que el tratamiento conservador funcione.
La triple pareja y el pasillo de seguridad
Al quedarse limitado por las bandas, queda de momento la profundidad para dos laterales como Ximo y Quagliata. Además de la figura de un Leo Román ya afianzado, el proyecto se construye, de momento, en base a tres parejas y ese pasillo de seguridad. Noubi y Bright, uno de 2005 y el otro de 2007, comenzarán de titularides, a la espera de que Loureiro coja punto de forma y de llegue ese otro central zurdo experimentado que el Dépor busca. La pareja sufrió más ante la Fiorentina que frente al Real Madrid. Por delante el fútbol lo van a poner Amatucci y Mario Soriano, con Villares para equilibrarlos y dar solidez. El madrileño y el italiano, el mejor fichaje en la pretemporada, son el eje sobre el que pivota el equipo. Y más adelante, sin extremos, el técnico se ha encomendado a Bil y Aubameyang. El gabonés le lleva quince años al camerunés, pero están llamados a marcar el pulso ofensivo. Uno es trabajo, remate y descarga, y el otro pica en velocidad y tiene gol.
Solidez y porterías a cero
Así se ha construido un Deportivo que tiene como una de sus señas de identidad esa capacidad que ha demostrado para blindarse. Cuatro goles encajados en siete partidos de pretemnporada y cuatro porterías a cero. Permanecía invicto hasta que Lunin y Brahim se inventaron un tanto de la nada en el Teresa Herrera. Casi llega sin conocer la derrota al encuentro ante el Elche. Lucir esa fortaleza es uno de los mayores deseos de Antonio Hidalgo. Al menos, en verano lo ha conseguido. Ahora llega la vida real, se acabaron las balas de fogueo.
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