Deportivo
3-1 | Riazor empuja al Dépor a su primera gran victoria
Un gol tras el regreso de la animación abrió el camino a una propuesta valiente y atrevida
Aubameyang volvió a anotar y Diakhaby equilibró los regalos en las áreas

Aubameyang y Mario Soriano celebran el gol del gabonés / Carlos Pardellas

El Deportivo volvió a celebrar una victoria con su gente en Primera. Tuvieron que pasar ocho años, tres jornadas y una última crisis que se había llevado por delante el estreno en LaLiga. No importó nada del pasado cuando a los 12 minutos Riazor se dejó la garganta para lograr el primero. Llegaron dos más, uno de Aubameyang, que ha hecho un pacto con el diablo para extender su juventud, y otro de Diakhaby en propia para equilibrar el regalo de Ede, a quien le pudo la juventud. 3-1. El Dépor está de vuelta.
El fútbol tiene una magia inexplicable. Necesita uno vivirlo desde cerca para entenderlo. Y, aun así, las palabras se suelen quedar cortas para dar una respuesta. Riazor volvía a respirar fútbol. Quedaban resquicios naranjas tapando el blanquiazul. Había regresado la unión. Las ganas de animar siempre habían estado. La huelga se extendió 12 minutos más. El número simbólico de la afición. Sobre el verde, el Dépor disfrutaba al ritmo de los bajitos. Y la grada, por fin, volvió a rugir. Todo el estadio se erguió para animar a los suyos. Y, de forma instantáneaa, la magia. Ximo Navarro rozó un centro desde el córner de Luismi Cruz para el 1-0.
Volvió la fuerza del público. De la gente. Quien sostuvo a su equipo en los peores momentos y vivió una odisea de ocho años para regresar al lugar que merece. Para impulsar a un Dépor al que, hasta hoy, le quedaba todavía un poco grande el traje de Primera. Destino, casualidad o causalidad. Riazor animó y el Dépor marcó.
Aubameyang, imparable
El éxtasis duró lo suficiente para que Mario Soriano conectase con Aubameyang un contraataque de libro. El gabonés ya es ídolo en A Coruña. Su dorsal empieza a inundar las previas. Es un jugador de élite, de otro nivel. Es casi imposible explicar por qué está en un recién ascendido. Tal vez sirva la ovación que se llevó tras su tercer tanto en tres partidos. Esta vez cruzándose en carrera a sus perseguidores y definiendo con la sutileza de los mejores. Lo que ha sido durante más de década y media en el fútbol europeo.
El Dépor dominó al Valencia gracias a sus cuatro mediocentros. Riki entró para acompañar a Mario, Amatucci y Luismi. Con balón, las alturas intermedias de los centrocampistas volvían locos a la presión ché, a medio camino de todo. Los descensos de Bil y Auba, con una defensa estática, arruinaban los planes de recuperación. Noubi y Ede iniciaban, Amatucci ordenaba y, por delante, Mario en el centro conectaba las vías de juego. Sin Adama, Mella o Yeremay listos, Hidalgo renunció a la profundidad por bandas. Ximo y Quagliata, si podían, se proyectaban, pero el juego pasaba todo por dentro.
Ocho años después, el deportivismo disfruta de una victoria en Primera División (3-1) / Carlos Pardellas
Un regalo para el Valencia que no pasó factura
El exceso de confianza fue mortal para el joven Bright Ede. En un intento de salir desde atrás, cruzó un pase dentro del área que se convirtió en un regalo exquisito para Umar Sadiq. Despertó el Valencia a tiempo de mejorar la imagen mostrada hasta el momento. Al filo del descanso, Javi Guerra rozó el empate. Sin balón, el Deportivo siguió mostrándose como un equipo verde.
El marcador no hizo temblar las piernas de un Dépor que recuperó el atrevimiento inicial para dominar a través del pase corto al Valencia. Con un Mario Soriano superlativo en la medular, demostrando que ha llegado a Primera División para disfrutar, los locales asomaban con peligro ante un Valencia que se quedaba a medio camino de todo. El conjunto de Antonio Hidalgo deberá mejorar sus momentos de bloque bajo para soportar a rivales de mayor capacidad ofensiva. Pero ante el Valencia, en Riazor, el ritmo lo ponían los bajitos blanquiazules.
Cuando se acercaba la hora de juego, en una acción con alguna que otra carambola, Bil Nsongo se llevó el esférico a trompicones por banda izquierda. Chocó con Tárrega, con quien mantuvo una bella disputa física todo el duelo, y, tras amagar un centro de zurda que era más engaño que intención para un jugador extremadamente diestro, el camerunés sirvió un pase de la muerte hacia Aubameyang. La suerte estaba del lado coruñés y Diakhaby la empujó para dentro antes de que el gabonés pudiese rematar. 3-1.

Luismi pelea un balón durante el partido / Carlos Pardellas
El Deportivo supo resistir
El Valencia se volcó en busca de darle la vuelta al marcador. Obligó durante mucho tiempo al Dépor a vivir cerca de Leo Román. No está especialmente cómodo ahí el equipo blanquiazul, que resistió con un inestimable esfuerzo de su línea defensiva. Llegaron los refuerzos para sumar piernas frescas. Lo requería la escuadra blanquiazul. Leo Román terminó blocando el último balón para volver a celebrar un triunfo en Primera ocho años después. Pasó casi una década, pero no cambiaron tantas cosas: El Dépor, Riazor, su gente.
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