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Fútbol | Deportivo

Una alegría poética para un Deportivo más valiente

Ximo Navarro propició el primer gol cuando Riazor volvió a rugir en una tarde que endulzaron Aubameyang y Bil Nsongo con su tormento a la defensa del Valencia

Bil Nsongo quiebra a Diakhaby en el duelo entre el Deportivo y el Valencia en Riazor.

Bil Nsongo quiebra a Diakhaby en el duelo entre el Deportivo y el Valencia en Riazor. / Carlos Pardellas

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Daniel Abelenda Lado

Daniel Abelenda Lado

A Coruña

El fútbol tiene esos momentos en los que se convierte en poesía en movimiento. Cuando el estadio de Riazor comenzó a rugir superado el minuto doce, Ximo Navarro forzó un saque de esquina en una gran arrancada por el costado derecho. Fue el propio lateral de Guadahortuna, mientras las gradas saltaban y dejaban oír su clamor a más de un kilómetro del estadio, quien peinó un centro meticuloso de Luismi Cruz al primer palo en ese córner. César Tárrega lo envió al fondo de la red de Dimitrievski, empujado, en parte, por el rugido de una grada que celebró la paz social y el 1-0 del Deportivo.

En la visita de un viejo archienemigo como el Valencia, el Deportivo de Antonio Hidalgo recobró una versión más valiente. Encerró en el primer cuarto de hora al conjunto ché en su propia área. Con una medular en la que tuvieron que congeniar Amatucci, Mario Soriano, Luismi Cruz y Riki, inédito en las dos primeras jornadas, el físico lo aportaron los carrileros y los delanteros.

El tormento del Valencia

Quagliata se aburrió de ganarle la espalda a Arnau Martínez. Aubameyang, en su tercera exhibición de blanquiazul, dejó atrás a todos los defensores valencianistas y se encontró en su carrera de 50 metros desde el centro del campo hasta las inmediaciones de Dimitrievski.

Y Bil Nsongo, que impuso su músculo a la zaga valencianista, no se contentó hasta obligar a Diakhaby a marcarse un gol en propia para arrebatarle el doblete a Auba. Un triunfo poético, por las formas y por los tiempos, para un Deportivo que recompensó con valentía el rugido de Riazor.

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